Son chavales de instituto, incluso de colegio. Ninguno tiene más de 14 años. Y todos ellos, veinte chicos y chicas, bebieron alcohol hasta necesitar atención en urgencias de pediatría de Virgen del Camino. Y éstos son sólo los datos del último año en Pamplona.
Lo preocupante es que se va a peor: cada vez son más los preadolescentes que, para el asombro de sus padres, llegan a las salas de emergencia intoxicados por el alcohol. Curiosamente las bebidas que han consumido en estas sus primeras experiencias son las de mayor graduación. El vodka, la más frecuente.
Hay cifras que ayudan a entender la situación. En Virgen del Camino atendieron entre 2002 y 2006 a 56 preadolescentes embriagados. Cuatro años después (2007-2011) han aumentado hasta los 82. Y esto computando únicamente a los menores de 14 años. El más pequeño era un niño de sólo 11 años y la situación de cuatro de estos chavales era tan complicada que terminaron en la UCI. Además, quienes piensen que los chicos son más audaces se equivocan. Ellas les superan en número por mucho: 51 frente a 31. Un último dato: cinco de los adolescentes habían consumido también drogas ilegales, preferentemente hachís.
Miriam Palacios, pediatra de Virgen del Camino, dice que la llegada a urgencias de un menor en estas condiciones impresiona porque "ves a una chica de 13 años que se ha bebido media botella de no se sabe qué y se encuentra fatal".
Muchos de ellos fueron trasladados en las ambulancias del 112. Un técnico en emergencias describe uno de estos casos: "Desde Sos Navarra nos enviaron a la trasera del Frontón Labrit. Estaba comenzando a anochecer. Allí había un concierto y se habían juntado muchísimos chavales. Al llegar vimos a un chico tumbado en el suelo completamente bebido. Le llamamos por su nombre y ni siquiera era capaz de respondernos. No podía ni abrir los ojos. Únicamente al pellizcarle con fuerza conseguíamos una respuesta, un pequeño quejido".
"¡Qué ciego llevas!"
Que una persona beba hasta ese extremo encierra un grave peligro: puede devolver y, en lugar de expulsar el vómito por la boca, es posible que una cantidad vaya a los pulmones y se asfixie. O que la consciencia siga disminuyendo y los músculos de la lengua se relajen de manera que ésta cierre la entrada de aire. Parecerá el sonido de un ronquido, pero en realidad se estará ahogando. "Lo tumbamos de lateral para evitar esos peligros y durante el traslado vigilamos su nivel de oxígeno".
Este técnico en emergencias cuenta que mientras atendían al chico sobre la hierba decenas de chavales les rodearon. "Muchos no mostraban ningún respeto. Todo era una juerga. Nos interrumpían para preguntarnos riéndose si se iba a morir o para decir tonterías. Le llamaban por el nombre y le gritaban "¡qué ciego llevas!". Al movernos con la camilla hacia la ambulancia teníamos que abrirnos paso porque nos seguían como si fuera un circo. No existía la más mínima preocupación por él".
"Conseguí hablar con uno de sus amigos. Me dijo que no habían merendado nada y que habían estado toda la tarde tomando vodka mezclado con naranja además de otras bebidas. Una bomba. Volví a la ambulancia. El chico seguía fuera de combate. Al poco empezó a vomitar. Sólo líquido. En el traslado no era capaz de articular palabra. Únicamente cuando llegábamos a urgencias le dije: "Ya verás la que te espera ahora con tus padres". Y a duras penas balbuceó sin abrir los ojos: "No, mis padres no"".
"Que aprenda"
Pero a la familia hay que avisarla. Obligatoriamente. "Debemos localizarla siempre, un menor no puede estar solo en urgencias", explica Palacios. El teléfono suena inesperadamente en una casa y al poco aparecen los padres. Suele ser siempre el mismo cuadro. Por una parte están inquietos. Lo primero es saber cómo se encuentra el chico. Más tarde surge el enfado. Y la incredulidad: se nota que no esperaban esto de su hijo.
Los pediatras de Virgen del Camino también han presenciado reacciones distintas. Como la de aquel padre que afirmaba que a esa edad eso es normal y que él también bebía. O quien únicamente abrió la boca para decir: "Que aprenda". Son la excepción.
En la sala de emergencias los chicos suelen estar confusos, según la pediatra Palacios. "Algunos se ponen agresivos porque quieren que les dejes en paz. Si los ha traído una ambulancia, tenemos bastante información. El problema es que venga sólo con amigos, que generalmente no quieren colaborar: ni decirte cómo se llama, ni qué ha bebido, ni cuánto. Sólo pretenden dejarlo y marcharse cuanto antes".
¿Qué se hace en la cabina de urgencias? Una revisión exhaustiva. Los pediatras abrigan al adolescente para que suba su temperatura, que muchas veces ha bajado a los 35 grados. Luego comprueban la tensión, el funcionamiento del corazón y el nivel de azúcar en sangre, que puede haber descendido.
Además se le hace un análisis de sangre y, si lo precisa, se le coge una vía para administrarle suero. "También medimos cuánto alcohol tiene para prever la gravedad y la duración de los síntomas". Por último se analiza la orina para detectar otras drogas. Y a veces da positivo, sobre todo por hachís.
La pediatra Palacios dice que el problema no es sólo que los menores beban, sino que "en ese estado apenas se enteran de nada, así que se pueden caer, golpearse en la cabeza o romperse algo. O sufrir abusos sexuales". Este año ha atendido en urgencias a una chica de 14 que llegó con la ropa interior manchada de sangre. "La trajo una ambulancia. La habían encontrado tirada en la calle y no sabían qué le pasaba. Me planteé si habrían abusado de ella y tenía que llamar al forense. La niña balbuceaba, decía cosas incoherentes. Le pregunté varias veces qué había ocurrido y no contestaba. Al final dijo que tenía la regla. Su madre lo confirmó después".
El alcohol deja a estos preadolescentes fuera de juego. "Afecta a su razón y pierden el control. Pero ellos no perciben que están haciendo algo arriesgado", dice Nuria Espí, del Plan Nacional sobre Drogas. La bebida en el cerebro de los menores es devastadora. Daña la parte que se encarga del aprendizaje y de la memoria. Y también el área que define la personalidad, allí donde se toman las decisiones y se controlan los impulsos. Tales perjuicios no serán evidentes hasta mucho tiempo después, cuando ya no haya vuelta atrás.
Beatriz Azkunaga es pediatra en el hospital de Cruces y coordinadora del grupo nacional de intoxicaciones. Dice que hace diez años había un menor bebido en urgencias por cada 5.400 atendidos. Hoy sólo tiene que esperar a la mitad. Los preadolescentes ingresados son cada vez más y de menor edad. De hecho, hasta hace poco el paracetamol -un fármaco contra la fiebre- era la causa más frecuente por la que se atendía a niños con intoxicaciones accidentales. Hoy es la ingesta intencionada de alcohol.
¿Qué se puede hacer? Un informe reciente demuestra que existe un mayor riesgo de consumo de alcohol cuantas más salidas nocturnas les permitan los padres y más tarde sea la hora de regreso a casa. Tener una paga abundante tampoco parece una buena idea. Y, en positivo, siempre ayuda que las familias sepan a dónde van los hijos y con quién. Nuria Espí dice que hay que hablar del alcohol con los niños "desde los 9 o 10 años. Que sepan sus riesgos. Tiene que haber un cambio de mentalidad como está ocurriendo con el tabaco".
"Para un preadolescente estar de botellón es hacerse mayor", explica el orientador de un instituto pamplonés. "Ellos ven que los de los cursos superiores beben. Y que se jactan de ello: "El fin de semana me cogí un ciego que llegué a casa a cuatro patas", cuentan orgullosos. Y, por tanto, los más pequeños les quieren imitar".
Entonces quedan para beber. Hay una obviedad interesante: no se emborrachan en casa antes de salir. No. Para ellos beber sólo tiene sentido si se hace con los demás. "A estas edades, la cuadrilla lo es todo. Uno es, existe, en la medida en que forma parte de un grupo. Y muchos sienten que les va la vida en lograr ser aceptados. Si no, eres un colgado. Entonces llega el peligro porque cuando se proponga comprar unas botellas e irse a algún sitio a tomárselas, hace falta ser muy valiente para decir no, yo de esto paso. Este es uno de nuestros grandes retos: tenemos que animar a cada alumno a decir no. A resistirse a la presión del grupo y explicar: yo os acompaño pero de este rollo no voy. Porque es una situación muy similar la que se va a plantear cuando alguien traiga la primera china de hachís o la marihuana. Y es seguro que ocurrirá. O, al cabo de unos años, se proponga seguir la fiesta cogiendo el coche de mala manera para ir a no sé dónde. Y no subirse implica quedarse solo y tener que volver a casa".
Este psicopedagogo dice que "en los institutos enseñamos muchas cosas pero desde hace tiempo los profesionales nos estamos preguntando si no dedicamos demasiadas horas a contenidos que la mayoría nunca empleará -como una subordinada circunstancial o una ecuación de segundo grado- y dejamos sin tocar cuestiones útiles, vitales. En el caso del alcohol, deberíamos asegurarnos de que saben aspectos muy concretos, como qué es una borrachera, que hay que cenar, que no es lo mismo una cerveza que un cubata, que no beber nada es una opción perfecta y que, si se bebe, alternar una coca cola entre las cervezas demuestra sentido común. Sería bueno que desprestigiáramos que quien se emborracha es admirable y quien bebe agua es un friki".
1 ¿Qué dice la ley? Navarra tiene una normativa propia que prohibe vender y servir alcohol a los menores de 18 años. Además, esa ley especifica que la prohibición se mantiene aunque los padres hayan consentido a sus hijos comprar o consumir alcohol.
2 ¿Cuáles son las sanciones? La multa puede alcanzar los 6.000 euros. Además, el local puede cerrarse durante un año.
3 ¿Se castiga al adulto que compra alcohol a menores porque éstos se lo piden? Sí, y la sanción es la misma que la de vender: hasta 6.000 euros.
4 ¿Se prohibe a los menores tomar alcohol? No, no hay ninguna normativa que así lo indique. Por tanto, estrictamente, no es ilegal que un menor beba alcohol.
5 Entonces, ¿puede actuar la policía si ve a un menor bebiendo? Sí, y la Policía Municipal de Pamplona lo hace. "Que ninguna ley lo prohiba no significa que esté bien que un menor beba alcohol. De hecho, se sanciona la venta porque se considera que es nocivo para su salud". Así, cuando ven a menores bebiendo, les quitan las bebidas, les identifican y llaman a los padres para informarles.
6 ¿Hay denuncias de padres? Algunos avisan a la policía de en qué locales o tiendas sus hijos han conseguido alcohol. Con esa información, los agentes acuden a los sitios para comprobar que efectivamente es así.


No se que hacen chicos de esa edad en la calle a esas horas, y como madre se de lo que hablo, de todas las maneras la policia municipal en vez de estar paseando con el coche y no hacer nada podia vigilar a estos menores y avisar a sus padres
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...creo que los que dicen que "la culpa tienen los padres",no son padres. Está claro lo que está bien y mal, y está mal que beban, siempre ha estado mal, la realidad es que lo hacen y por muy padre y madre que seas y por muy controladitos que los tengas, el tema se va de las manos, puedes estar diciendo tres años NO, pero al final, el mundo en el que estamos, y están nuestros hijos, está lleno de peligros que no están al acalce de los padres, no podemos hacer casi nada, ellos son los que se van a equivocar y nosotros siempre esperando ver las consecuencias, es durísimo ser padres pero en eso estamos!!, no es justo decir que no somos responsables los padres, la mayoría sí lo somos!!!!
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Pues hombre, toda la gente de mi grupo le dabamos bien al pirriaque cuando eramos jovenes...cuidado, jóvenes, no niños. Yo empecé a beber kalimocho y cerveza con 16 años (antes bebia Coca-Cola, si es que bebía algo) y de ahí pase al ponche y luego al ron. Nos las hemos cogido muy gordas, pero jamás hemos acabado en Urgencias. Alguna vez tuvimos que acompañar a algun colega a su casa hasta que se le pasara la moña, pero nada más. Yo, que era es que vivía más lejos, siempre me fui solito, tardaba más o menos tiempo, pero siempre llegaba, muerto, pero llegaba. Es cuestión de la mentalidad de la gente, del ambiente en que se muevan. Nosotros jamás bebíamos para emborracharnos, bebíamos porque nos gustaba echarnos unos combinados y unas buenas risas, pero siempre de manera sana y legal, sin hacer el cafre. Lo de los chavales de ahora me espanta y me causa miedo y asombro, pero creo que gran parte de la culpa la tienen los padres. Si mis padres tienen que ir a buscarme a urgencias despues de una borrachera, ya os aseguro yo que se me quitaban las ganas de emborracharme otra vez...pero ahora los padres, tan modernos y comprensibles, dejan a sus hijos hacer lo que les de la gana. Asi nos va!!!
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Me ha gustado saber que tenemos tan buenos profesionales en Virgen del Camino. La impresión de este artículo es que estamos en buenas manos. Que hay gente en Salud que no solo cumplen con su trabajo sino que además les preocupa hacer las cosas bien y tendremos su cercanía y humanidad si nos ocurre algo. Eso da tranquilidad. Ojalá todos los médicos fueran así.
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Evidentemente el tema empieza en casa. Los críos de hoy en día andan de fiestas y fines de semanas, sin control ni horario.
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Sorprendido dijo..
100% contigo. Yo tampoco bebía en mi adolescencia y creo que aún pago la rémora social del "soso". Y los que eran guays y se enciegaban... pues en general gozan de mejores habilidades sociales e integración, lo cual redunda en más y mejores contactos, lo cual redunda en mejores puestos de trabajo. Así de simple.
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Otro gran culpable de esto son los Ayuntamientos, y por lo tanto el gobierno. En todas las comidas Populares a las que he asisitido en Tudela, (ocurrira lo mismo en el resto de municipios) hay chavales desde los 14 años. Muchos de los asistentes a estas celebraciones tienen entre los 14 y los 18 años, y se les sirve todo el alcohol que solicite. Me parece vergonzoso, que un gobierno mediante estos eventos y las barras que venden alcohol se lucren y vendan alcohol a menores. ¿tanto cuesta pedir el DNI durante venta de esta entrada y colocar a los menores en mesas agrupados donde con un precio menor, se les sirva refrescos y agua? y como este cientos de ejemplos que podria citar y que si se quiere tiene solucion.
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Ahora irán y cortarán todas las viñas, por lo visto con el uva se pueden hacer drogas muy peligrosas.
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¿Dónde estabais metidos todos en los 80? Porque yo recuerdo al menos a tres adolescentes de mi clase de 13-14 años volver a casa en ambulancia. Las discotecas para mayores de 16 daban alcohol con la entrada y allí no había ni un mayor de 16 años. La gente se ventilaba el tequila de un trago y para las 22 o 22.30 estábamos todos en casa, sólo era cuestión de beber a una hora más temprana que los de ahora. Y era absolutamente generalizado, porque yo lo padecí, como el único de mi cuadrilla que no se enciegaba sábado tras sábado. No sé si recomendaría mi postura a ningún chaval. Es muy ingenuo pensar que un crío lo pueda pasar bien con su cuadrilla aguantando el desfase y los vómitos de todos, es difícil ponerse a ese nivel estando sobrio. Ninguno de aquellos ha acabado alcoholizado y seguro que tuvieron una adolescencia más feliz que la mía, porque eran "normales", que es lo que cuenta a esa edad... si luego viven para contarlo, claro.
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Grupo La información Iogenia Digital
Socialmente esta bien visto regalar una botella de cualquier bebida alcohólica de marca cara, o una caja de puros "cubanos", al tiempo que prohibe fumar, y quiere que los jovenes no beban. Está claro que la educación es fundamental tanto en casa como en el colegio o instituto, pero nuestra propia cultura y costumbres, las que se aprenden en la vida, siguen sin apartar estos "peligros" del camino de nuestros hijos, porque como he dicho, si el alcohol o el tabaco son de buena calidad dan nivel. ¿Que pensaríamos si un comercial nos regala una raya de coca????
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