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OPINIÓN

Las claves de la próxima asamblea de UPN: primarias en el contexto navarro

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Actualizada 18/09/2015 a las 10:42
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  • Fernando Remiro
Las primarias (el sistema de elección directa de candidatos o cuadros directivos de partidos políticos) han terminado convirtiéndose en un sinónimo de democracia interna, transparencia y renovación. El hecho de que sea un procedimiento más inclusivo y con buenos argumentos a su favor hace olvidar que en el fondo es un método más de selección de elites políticas y que por tanto refleja los equilibrios internos de poder, mediatiza la relación de las ejecutivas de los partidos con sus militantes y afecta al vínculo de un partido con su electorado.

El próximo 27 de septiembre UPN se dispone a elegir a la persona que sustituirá a Yolanda Barcina en la presidencia del partido, después de que su dimisión desencadenara un apresurado proceso estatutario. La inusual forma que tiene UPN de elegir a su cúpula es una buena excusa para trazar un mapa de los métodos de selección de élites de los partidos navarros y añadir otra dimensión al debate sobre las primarias.

UPN y su particular sistema de elección de líderes

UPN sufrió el pasado 24 de mayo la mayor derrota electoral de su historia, que le ha dejado sin apenas posiciones de poder autonómico y municipal. Para un partido que desde 1995 (o más bien desde la caída del tripartito, en 1996) ha dominado indiscutiblemente el panorama político navarro y ha terminado identificado con la administración, la transición es traumática. Para los observadores de la política navarra se abre un proceso fascinante de crisis interna que definirá al partido de cara al nuevo ciclo electoral.

Al margen de los eventuales refinamientos programáticos, el primer reto es elegir un nuevo liderazgo para el partido. La dimisión de Barcina ha quebrado el ritmo habitual y obliga a la elección de una nueva presidenta del partido en una asamblea de militantes, sin renovar toda la cúpula directiva en un congreso, como pedían destacadas voces del partido.

A diferencia de la mayor parte de los partidos políticos en España, UPN elige a su presidente, vicepresidente, secretario general, comité ejecutivo (17 miembros) y parte de su consejo político (75 miembros) cada cuatro años mediante primarias en las que pueden participar todos los afiliados al corriente del pago de sus cuotas. Los asistentes tienen tantos votos como puestos a elegir, lo que hace que en las elecciones al comité ejecutivo y al consejo político el sistema sea de listas abiertas.

A pesar de lo inclusivo del sistema, ¿cuánta gente participa en los congresos/asambleas de UPN? ¿Cómo de competitivas son las primarias en UPN? El siguiente gráfico muestra la evolución de los congresos de UPN en sus últimas ediciones:




La participación de los afiliados muestra una tendencia creciente en los dos últimos congresos, aunque lejos de los algo más de 4.000 afliados al corriente de sus cuotas con los que UPN dice contar (los partidos en España suelen ser especialmente opacos con sus cifras de afiliación). Como se puede ver, en las cinco últimos congresos, sólo en dos ocasiones hubo más de un candidato a presidir el partido y sólo en 2013 hubo una elección verdaderamente ajustada, cuando el voto de los militantes a punto estuvo de cambiar el rumbo de la dirección del partido. A pesar de que la candidatura de Alberto Catalán no estuvo lejos de la victoria, prácticamente todos los puestos electos recayeron en personas afines a Yolanda Barcina, lo que demuestra que, en contra de la apariencia, las listas abiertas no son el mejor método de elección para garantizar la inclusión de sectores críticos. Ni las primarias implican necesariamente competitividad, ni las listas abiertas fomentan la integración.

Si el sistema de elección de la dirección de UPN es particularmente abierto, la selección de candidatos a las elecciones al Parlamento de Navarra se produce en un ámbito mucho más restringido: el consejo político, un órgano formado por 232 personas (75 representantes elegidos por primarias en el congreso y un conjunto de cargos electos afiliados al partido). En 2014, después de que Yolanda Barcina anunció que no sería la candidata a encabezar la lista de UPN al Parlamento de Navarra, hasta cuatro personas se presentaron para ser los candidatos del partido. Finalmente sólo Esparza y Catalán se disputaron esos 232 votos después de la retirada de los otros dos candidatos. Amelia Salanueva precisamente se retiró del proceso porque condicionó su candidatura a que se celebraran primarias para elegir al cabeza de lista, algo que no está contemplado en los estatutos de UPN. Esa petición de primarias, oída frecuentemente esas semanas de noviembre del año pasado, demuestra que el partido estaba acostumbrado a elegir candidatos al Parlamento una vez que la presidencia del partido estaba clara. Ante la incertidumbre provocada por el anuncio de Barcina, el consejo político se reveló como un órgano demasiado restringido para gestionar algo que era mucho más que una mera ratificación de candidatos.

Este desfase entre métodos de elección de líderes ha podido jugar un papel en el tamaño de la derrota electoral de UPN el pasado 24 de mayo. Ahora UPN se dispone a elegir a un nuevo presidente sin renovar el resto de cargos orgánicos, otra ruptura de ciclo interno que también puede tener sus consecuencias.

¿Cómo eligen a sus líderes el resto de partidos navarros?

Tradicionalmente, los partidos de izquierda han tendido a utilizar métodos de selección de líderes más participativos, como medio de suavizar la tensión entre élites y militantes. Por su parte los partidos de derecha han solido tener estructuras más jerarquizadas en las que los militantes tienen un papel menos participativo y las ejecutivas dirimen los conflictos en órganos más restringidos. La regla no es perfecta, pero hace aún más excepcional el caso de UPN.

En Navarra podemos resumir la situación de los partidos con representación parlamentaria en 2015 en el siguiente cuadro (con datos del último proceso de elección), teniendo en cuenta que Geroa Bai, EH Bildu y Izquierda-Ezkerra son coaliciones y por tanto no tienen cargos orgánicos como tal (son los partidos que las forman las que los tienen):
 
Métodos de elección de líderes en los partidos navarros (2014-2015)
 

 

UPN

Geroa Bai

EH Bildu

Podemos

PSN

I-E

PP

Cargos orgánicos

Primarias (1.666 votantes)

 

 

Primarias abiertas (2.465 votantes)

Primarias abiertas (4.306 votantes)

 

Congreso regional de delegados

Candidato al Parlamento de Navarra

Consejo Político (232 miembros)

Consejo General (32 miembros fijos)

Proceso interno dentro de la coalición

Primarias abiertas (1.723 votantes)

Congreso de delegados (200 miembros)

Primarias abiertas (964 votantes)

Comité Electoral Nacional


Las coaliciones Geroa Bai y EH Bildu han optado por procedimientos de selección de candidatos extraordinariamente restringidos, mientras que los partidos de izquierda han optado por la modalidad, relativamente novedosa en España, de las primarias abiertas, en las que pueden participar todas las personas inscritas en un censo de simpatizantes.

De todos los partidos navarros, tal vez el método de elección de María Chivite, la última candidata del PSN al Parlamento de Navarra, sea el más interesante de todos, por el componente que tuvo de ruptura con la tradición del partido y por el número de participantes que logró convocar. Los estatutos del PSOE imponen un método de elección de líderes a sus federaciones autonómicas, paralelo al federal: congreso de delegados para elegir al secretario general y primarias para elegir al candidato, cuando haya más de un contrincante. En 2014 el PSOE aprobó además que, si así lo autorizaba la ejecutiva federal, esas primarias podían ser primarias abiertas a todos los simpatizantes que se inscribieran en un censo. El proceso habitual en el partido es entonces elegir a mitad de legislatura un secretario general y a un año de las elecciones un candidato, con o sin primarias. En 2014 el PSN invirtió el proceso y celebró primarias abiertas en las que 4.300 afiliados y simpatizantes votaron para elegir a María Chivite cabeza de lista del PSN a las elecciones al Parlamento, frente a Amanda Acebo. Un congreso en diciembre, con 200 delegados de 65 agrupaciones locales, eligió a Chivite secretaria general, sin contrincantes. El PSN, al revés que UPN, decidió dirimir quién sería su candidata con el método más inclusivo e impredecible y confirmar a su secretaria general con el sistema más restringido y controlado.

Primarias, equilibrios de poder y democracia interna

La forma en la que se eligen los cuadros de un partido, ya sean los cargos orgánicos ya los candidatos a las elecciones, puede tener muy distintas consecuencias. Todo el debate en torno a los métodos de elección parte de la presunción de que los líderes, los cuadros medios, el conjunto de los afiliados y los potenciales votantes de un partido tienen preferencias distintas sobre el rumbo de la formación. Tradicionalmente la ciencia política dividía claramente entre líderes y seguidores de un partido: los líderes tienden a tomar decisiones que maximizaran sus posibilidades de mantenerse en el poder y obtener réditos políticos, por lo que tendrían una actitud más racional y materialista; los seguidores por contra basan sus preferencias en ideología, son idealistas y están más preocupados por la coherencia programática del partido que por ganar o mantener el poder. Aplicado a los sistemas de elección que estamos repasando aquí, las elecciones en órganos restringidos producirían líderes pragmáticos y con más posibilidades de ganar elecciones y las primarias favorecerían la elección de líderes idealistas y potencialmente más alejados del electorado medio.

Con los años la dicotomía se ha matizado teóricamente y se ha demostrado empíricamente que no funciona en todos los partidos ni en todas las situaciones electorales. Aplicado por ejemplo al UPN actual, un partido de centro-derecha, de ámbito regional y por tanto de tamaño pequeño, acostumbrado al poder y en el que la separación del PP ya ha hecho una auto-selección ideológica, es improbable que existan diferencias radicales entre los líderes del partido y el cuerpo de militantes, aunque habría que comprobarlo empíricamente.

Sin embargo hay una cosa clara: las personas que finalmente votan en un proceso de elección interno, sean más o menos, siempre son un “selectorado”, por lo que es muy probable que existan diferencias sistemáticas entre sus preferencias y las del electorado potencial del partido. Además, elegir a líderes políticos en ámbitos más inclusivos, como unas primarias o, más aún, en unas primarias abiertas, produce resultados más impredecibles y menos controlables. Cuanto más grande es el “selectorado”, menos mecanismos tiene la dirección del partido para influir en el resultado.

Por lo tanto, las primarias (o la ausencia de ellas) reflejan el equilibrio de poder entre los líderes y las bases de un partido, con matices particulares en cada caso. Pero, ¿son las primarias necesariamente más democráticas que otros métodos de elección de líderes? Está claro que son más inclusivas, ya que amplían el “selectorado”, pero, ¿tienen necesariamente resultados más democráticos? La respuesta no está tan clara como habitualmente se da por hecho, porque hay varios elementos que influyen en la competitividad real de un proceso de primarias:

- La composición del selectorado: todo cuerpo electoral tiene unas restricciones prácticas, incluso los pretendidamente universales. Cada selectorado tiene unas barreras de entrada, más altas o más bajas: en unas primarias como las de UPN, sólo pueden participar los afiliados que hayan satisfecho sus cuotas (barrera económica y de compromiso) y que puedan acudir a Pamplona el día del congreso (barrera práctica); en unas primarias abiertas, el período de registro en el censo puede ser una barrera práctica, y si las primarias son on-line, existe una barrera digital (con consecuencias generacionales, por ejemplo)

- El calendario: puede influir mucho en la competitivad de unas primarias la fecha en la que se celebran y su cercanía y lejanía con unas elecciones (anteriores o posteriores) o un congreso del partido. Unas primarias demasiado cerca de una derrota electoral puede pillar al partido demasiado desorganizado para tomar decisiones durables sobre el nuevo liderazgo, mientras que unas primarias demasiado próximas a unas nuevas elecciones puede hacer que los militantes tiendan a elegir a un candidato potencialmente más atractivo al electorado general.

- Neutralidad del aparato: una pieza clave en todas las primarias es que el aparato del partido dé las mismas oportunidades a todos los candidatos (información recursos) y permanezca neutral en la elección. En principio, un candidato cercano al actual aparato de un partido tiene muchas más posibilidades de ganar unas primarias, hecho que explica que las primarias para elegir a candidatos que se producen después de un congreso del partido muchas veces terminen siendo plebiscitos de un solo contrincante, el favorito de la cúpula.

- Los avales: en la mayoría de las primarias los candidatos deben recoger un número de avales de los militantes (a veces muy alto, hasta del 15%), lo que restringe el número de candidatos (algo en principio bueno) pero que favorece a los candidatos mejor posicionados en el aparato.

- Métodos de elección: las elecciones a primera y segunda vuelta o la composición de las listas a los órganos directivos son también elementos claves en los resultados. Ya hemos visto cómo un sistema aparentemente abierto como la nominación libre de candidatos en UPN produce resultados que favorecen en plancha a los candidatos del ganador. Algo parecido ha ocurrido en las distintas primarias que ha celebrado Podemos a nivel estatal.

Las primarias son por tanto un método más inclusivo e impredecible de selección de líderes y candidatos, pero no producen necesariamente resultados más democráticos. Es necesario analizar los factores que las determinan y las posibles barreras de entrada que condicionan al selectorado. En todo caso, la próxima asamblea de UPN promete un alto grado de competitividad e impredecibilidad, aunque se mantienen las dudas sobre si será capaz de producir un nuevo liderazgo duradero.

Fernando Remiro es licenciado en Historia, master en Democracia y política comparada y autor de la web Urnavarra



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