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A PIE DE CALLE

O ellos, o el caos

  • Estamos llegando al final de la campaña, y ahora ya no se habla de propuestas, sino de caos. No es igual quién gane, pero el agua seguirá saliendo de los grifos el lunes

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19/05/2015 a las 06:00
  • FERNANDO HERNÁNDEZ
Así que hemos llegado al momento en el que la gran amenaza es el caos. Lo anuncia Uxue Barkos para el caso de que gane UPN, lo anuncia Esparza para el caso de que no lo haga; incluso, fuera de Navarra, Carolina Bescansa, de Podemos, decía, refiriéndose a los otros partidos: "El caos son ellos". Están haciendo buena esa viñeta de 1975 de Chumy Chúmez para Hermano Lobo en la que el prócer proclamaba desde la tribuna: "¡O nosotros o el caos!". "¡El caos, el caos", responde la multitud. "Es igual, también somos nosotros", concluye el líder.

Es el problema de que hayamos terminado teniendo una campaña de trazo grueso. Cuando se deja de discutir sobre propuestas se termina amenazando con el caos. Ya hemos llegado al momento en el que, gane quien gane, el próximo lunes el agua dejará de salir de los grifos, las villavesas no circularán por las calles, los trabajadores no cobraremos nuestras nóminas, los niños vagarán por las calles sin tener que ir al colegio y ya nadie pagará a Hacienda. Y nada de eso va a pasar. Especialmente lo de no pagar a Hacienda.

Por supuesto, no es lo mismo que un partido u otro (o, lo que parece más claro en este momento, un bloque u otro) consiga la mayoría necesaria para gobernar. Si se configura un Gobierno en torno a Geroa Bai, tomará medidas para vincular a Navarra con "el resto de Euskal Herria" (la expresión es de su programa electoral); si se configura en torno a UPN, eso no ocurrirá. Si en ese Gobierno está Bildu, quienes se han dedicado -y siguen dedicándose, como pudo comprobar Lourdes Goicoechea hace unos días- a amenazar a sus adversarios políticos, tendrán en sus manos los instrumentos del poder para seguir haciéndolo.

Son dos ejemplos, que pueden extenderse a todo lo que van diciendo los programas electorales sobre la educación, los impuestos, la salud, las obras publicas, los funcionarios, la cultura, la caza, las fiestas de los pueblos... O, incluso, podemos pensar en qué nos ocultan, si es que tenemos el humor de leerlos, o de leerlos entre líneas.

En realidad, la pretensión de globalidad de los programas de los partidos debería hacernos reflexionar sobre qué poco de nuestras vidas escapa a la influencia del Estado moderno, aunque adopte la imagen más bien benévola de la administración foral.

Claro que habrá diferencias para Navarra y para los navarros, para nuestras instituciones y nuestra riqueza colectiva y personal en función de los resultados. De hecho, para eso hacemos elecciones, para que podamos elegir. Y por supuesto que habrá problemas en las inevitables coaliciones de Gobierno, y que tal vez su funcionamiento interno pueda ser caótico en algún momento.

Hace algo más de cinco años Bélgica, que eligió en 2010 un parlamento de once partidos, ninguno de los cuales tenía más del 20% de los escaños, demostró que un país moderno puede estar más de año y medio sin Gobierno en medio de la crisis económica más fuerte que ha sufrido Europa en decenios. Y hubo agua en los grifos, nóminas para los trabajadores, y pago de impuestos.

Por favor, no nos amenacen con el caos. Que bastante tenemos con lo que tenemos.



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