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EL RINCÓN

Tres Navarras contrapuestas

  • El puzzle social y económico no coincide para nada con los bloques políticos

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Actualizada 17/05/2015 a las 08:54
  • MIGUEL ÁNGEL RIEZU
En esta cuenta atrás electoral, todos los partidos políticos tienen la costumbre de clasificar y empaquetar a los votantes entre los conceptos clásicos, derecha-izquierda; nacionalista-no nacionalista, etc.. Pero cambiar la perspectiva es un buen ejercicio para ver el panorama desde otro ángulo. El de tres Navarras que se enfrentan a las urnas con miradas muy distintas.

La Navarra reformista. Es la Navarra de la mayoría social. No por ello deja de ser muy crítica con la realidad política y social que le rodea. Exigente. Desencantada de los políticos, indignada con los abusos de la corrupción nacional, exige cambios, renovación profunda. Pero, eso sí, sin derribar el andamiaje social construido en estos años. Apuntalando las vigas maestras, pero derribando tabiques inútiles. Es el espacio político que alimenta lo mismo el extenso centro-derecha que la izquierda moderada. La Navarra que ha estado en el gobierno y la que aspira a estarlo. Con independencia de las siglas concretas. Y con más rasgos comunes que lo que las políticos quieren ver en estos días de enfrentamientos partidarios.

La Navarra que sabe que el ecosistema político y social ha traído progreso, empleo y un alto nivel de vida a esta tierra, sin que eso anule el anhelo de hacer mejor las cosas. Modula entre los que ponen el acento en lo que hay que conservar y los que lo ponen en el cambio sin riesgos. Les separan muchas cosas, pero les une lo fundamental. El deseo de avanzar pero sin partir de cero ni perder lo que ya existe.

La Navarra que lo ve todo negro. La que mira a su alrededor, lo ve todo sólo de color negro, grita mucho y quiere darle una vuelta completa a la realidad, como si fuera un calcetín. Ha sido alimentada en estos años por la crisis económica y sus estragos en forma de aumento de parados y de exclusión. Apuesta por la vía rápida del puñetazo áspero en la mesa social con soluciones sencillas para problemas complejos. La Navarra del no, de la rupturismo radical teñido de extremismo o de populismo. Es la que nutre, en buena medida, a Podemos o a Bildu.

La Navarra que pasa de las urnas. Y, por último, la que vive ajena a las elecciones. Una Navarra tremendamente crítica en sus palabras y conversaciones pero que no pasa a las obras. Que piensa que todos los partidos políticos, todos sin ninguna excepción, son iguales. Que suma un desencanto profundo unido a una íntima convicción de que su vida va ser igual pase lo que pase en la vida política. Es la Navarra del nihilismo, del “carpe diem” o, simplemente, del pasotismo pasivo. Y se equivoca. La política por supuesto que influye en la vida cotidiana. El empleo se genera mejor y más rápido con un entorno administrativo y político estable que lo facilite. Las pensiones del mañana estarán aseguradas si se toman decisiones responsables desde hoy mismo. Los impuestos se pueden usar bien o mal, con sentido común o sin él. Y todo eso depende del voto. Del 24-M.

Cuando de los bloques del puzzle social y económico pasamos a la equivalencia política, los límites se confunden. Y ahí viene lo extraño. Las raras alternativas que suman churras (grupos reformistas) con merinas (rupturismo puro y duro). Agrandar el nicho de la primera Navarra y reducir la tercera es la única manera de combatir el crecimiento de la segunda.



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