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a pie de calle

Jalisco no te rajes

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14/05/2015 a las 06:00
  • Jose Murugarren
Siempre están los escépticos, esa legión de descreídos que ponen cara de contratiempo cuando se topan por la Vuelta del Castillo con un ‘runner’ de toda la vida como Esteban González Pons (PP) y lo escrutan de arriba a abajo como si fuera postureo. ¿Por qué no va a poder correr por el verde con Pablo Zalba después de llenar de lechugas de la Magdalena la bolsa de la compra en Landaben? La respuesta es sencilla. No resulta verosímil. Vamos, como a un santo dos pistolas. Ya se sabe, los descreídos, me incluyo entre ellos, somos gente desconfiada con querencia a la crítica. Convendremos siquiera que choca que el mismo día que en Pamplona se programa la carrera más relevante del año (la media maratón del domingo pasado) González Pons y Zalba se echen a correr por su cuenta, como dos versos sueltos, por los jardines de la capital. Da la impresión de que no conocían el calendario del ‘runner’ de la ciudad. Ni siquiera habían leído la agenda de previsiones deportivas del periódico.

Sí, ya sé que soy un incrédulo y ese no es el camino para empatizar con la apuesta por la vida sana y deportiva de los que predican con el ejemplo. Lo grave es que me pasa cada vez más. Ejemplo. El líder de UPN, Javier Esparza peca por exceso. Se toma tan a pecho el papel de defensa de los fueros, el convenio económico, el momento histórico y los riesgos que amenazan la navarridad que olvida la máxima de que para persuadir hay que resultar atractivo. Ayer, Esparza plantó un atril entre Berbinzana y Larraga y se puso a disertar sobre el Canal de Navarra. El tema era relevante, de gran trascendencia, sin duda. La fórmula de presentación, alejada de ese estilo desenvuelto del agoizko. ¡Ay Esparza! Captar el voto en estos tiempos es complicado, un juego de seducción, como el amor. Tan difícil que si cuesta arrebatar pasiones al menos tratemos de resultar originales. Solo el viento y las aves fueron a escucharle.

Yo, que soy un escéptico, escucho a Uxue Barkos y vuelo al pasado. A aquellas clases largas de después de comer cuando el ‘profe’ de historia que era el director, se empeñaba en impartir cátedra y los suyos le hacían la pelota. Yo solo quería echar la siesta para escapar del aburrimiento y Uxue, perdón el director, darnos lecciones, como si el premio fuera poner los oídos y escucharle.

La música solo logra sonar cuando cada personaje atina con el instrumento que elige. Y Maite Esporrín (PSN) ha acertado con su orquesta. Con la campaña quiero decir. Mientras María Chivite, su ‘camarada’ al Parlamento, monta mítines exprés de cinco minutos de tedio para periodistas de aquí te pillo y aquí te mato, la aspirante a la alcaldía de Pamplona, Maite Esporrín, le mete alegría y entusiasmo. Arrancó el sábado haciendo yoga en la Ciudadela y anuncia ahora sesión de zumba para el fin de semana y un mariachi para el martes. ¿Ganará las elecciones? Ella dirá que sí. Yo, que soy un escéptico, estoy seguro de que no. ¿Qué consigue entonces? Pues ha hecho una campaña a su imagen y semejanza. Ha fabricado un vestido a medida en el que se le ve cómoda y transita por él de día en día disfrutando. Se cree el papel tanto que eso a los descreídos nos resulta conmovedor. Y pensar que juré contra el yoga de Esporrín y soy ahora un converso. Ay Esporrín, ¡Jalisco, Jalisco tu tienes la novia que es Guadalajara!



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