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Elecciones autonómicas 2015

El elixir de la alcaldía

  • Los alcaldes veteranos revelan el secreto de su efecto cautivador en la calle

El elixir de la alcaldía

El elixir de la alcaldía

Manuel Romero (izda.) y Antonio Sola (dcha.).

CALLEJA/NURIA G. LANDA (ARCHIVO)
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09/05/2015 a las 06:00
  • NATXO GUTIÉRREZ. PAMPLONA
Cuatro veteranos de la gestión municipal conservan intacta su ilusión con el servicio al ciudadano como principio irrenunciable. El cuarteto de estos cargos de confidencias de bar, camisa remangada y condición de alcalde "las 24 horas del día" se valen de la verdad por delante y la coherencia en sus promesas. En su dilatada trayectoria mantienen en la calle su efecto carismático. Su experiencia media entre los 12 y 32 años en el ejercicio de máxima autoridad local.

Con 23 de sus 57 años de edad al frente de los designios locales de Fustiñana, Antonio Sola (UPN) cree a pie juntillas en el valor de la sinceridad con el ciudadano, ya sea "en los buenos momentos" o cuando vienen mal dadas. "El secreto es muy sencillo: lo que no quieres que te hagan a ti no se lo hagas a los demás". Tal criterio, empleado en el ejercicio equilibrista de la relación en un Ayuntamiento, es aplicable, bajo su perspectiva, en la calle donde el trato cotidiano con el vecino debe alimentarse de la cordialidad y la atención. "La vida son valores e ideas", admite con sentido filosófico. Hay en los consejos de este hombre, cuya remuneración procede de su oficio como técnico de mantenimiento en una empresa privada, experiencia y sentido común pero, sobre todo, principios que van más allá de su cargo político y descubren su lado humano. "Al final -dice- sale lo que uno lleva dentro. Un alcalde tiene que ser uno mismo y que los vecinos le conozcan cómo es". Tal convicción se ve reforzada por las recomendaciones que lanza a todo neófito en la materia de la causa pública que desee empeñar sus próximos años a la atención ciudadana desde un Ayuntamiento: "Que sea sincero y que haga lo que le dicte la conciencia".

Eso y que, llegado el caso de acceder a la alcaldía, se rodee de "un buen equipo". "Delegar" -agrega- es verbo troncal del vocabulario de todo regidor.

En su cerca de cuarto de siglo en el consistorio -ha de añadirse los 9 meses de concejal-, mantiene que no ha notado cambios en la percepción ciudadana sobre el Ayuntamiento. Otra cuestión es la política de larga distancia, aquella que se intuye en la lejanía desde un pueblo. "Soy -dice Antonio Sola- el primer crítico con corrupciones y malversaciones. Yo estoy indignado".

Manuel Romero (Candidatura Popular Valle de Aranguren) concurrirá a su sexta reelección con 20 años detrás, pero, sobre todo delante, de la mesa del alcalde. Atrás quedan sus principios en el concejo de Mutilva (1983) cuando las inquietudes juveniles de él y sus amigos convergieron en el impulso de iniciativas socio-culturales y la organización de las fiestas. Ese paso a primera línea de la política cercana, antes de concejal y luego como alcalde de concejo, le fue útil en el descubrimiento, confirmado con los años, de la importancia de "hacer una administración fuerte y planificar el futuro del valle". "La reforma voluntaria del valle supuso la extinción de los concejos de Mutilva Alta y Mutilva Baja. Hubo un plan estratégico en el que los vecinos expusieron sus reivindicaciones y la filosofía del valle", rememora.

Es la participación ciudadana y la facilidad del Ayuntamiento en su ejecución una de las claves del entendimiento. "El Ayuntamiento del valle respeta la decisión de los concejos en asuntos que les afecta directamente. Son sus vecinos los que deciden", proclama como valor.

Para este hombre de 54 años, autónomo de la construcción, casado y con dos hijos, es fundamento de la perpetuidad de su candidatura independiente dotarse de un conjunto de "personas muy implicadas en el trabajo del valle. Hay una implicación vecinal en diferentes facetas de la vida pública. No sólo están los representantes del Ayuntamiento sino hay muchos vecinos que están detrás. El vecino de Aranguren está muy metido en la vida del valle". A diferencia de otras siglas vinculadas a estructuras políticas, cree en el éxito de la fórmula independiente. "Somos independientes todos los días del año y eso el vecino lo percibe", matiza como receta.

LA ÚLTIMA LEGISLATURA

A los noveles les recomienda, en primer lugar, conocer los entresijos de la administración pública que, según dice, "no son fáciles" para emprender una buena gestión. "No perder el contacto con el ciudadano" adquiere rango de obligación como también, según precisa, el contraste con su opinión de aquellos compromisos recogidos en el programa electoral. "Nunca -señala con orgullo- hemos hecho algo que no llevase el apoyo de los ciudadanos". Como suele escuchar a veces, "llevar mucho tiempo en el Ayuntamiento puede parecer malo", pero ante cualquier reproche o la mínima vacilación se aferra a la "ilusión y la defensa de un proyecto no agotado".

La próxima legislatura será la última para José Mari Aierdi, con 32 años en su haber de alcalde y asumido, como dice tener, el reto de la renovación en Lekunberriko Taldea. La diversidad de ideologías -asegura- convergen en el proyecto. Candidato al Parlamento en el puesto 49 de Geroa Bai, con 56 años de edad, casado y con dos hijos, preside Cederna Garalur y desempeña su profesión en la Quesería Bikain, de Etxarri.

Como apunta, la continuidad en el cargo de alcalde tiene su explicación en la conjunción de varios factores: "Tener cierta vocación de trabajo para la comunidad, estar cómodo en lo que se hace, contar con un grupo de gente y sentir que el trabajo se valora positivamente por la mayoría de los vecinos. A ello se une las ganas de llevar adelante proyectos nuevos".

Según recuerda, el acceso a la alcaldía en Lekunberri fue parejo a "un planteamiento de trabajo global" en la montaña navarra a través de Cederna Garalur y el Consorcio Turístico del Plazaola. Si ha decidido dar el paso de la reelección es por tres retos: "Una vez hecha la venta del suelo industrial es preciso establecer un vínculo entre empresas y pueblo, completar el espacio escénico inacabado y asegurar la renovación en la candidatura".

Como tantas otras autoridades locales, Pedro Mangado, alcalde de Sesma durante los últimos 12 años y próximo a renovar su compromiso por otros cuatro por ser el PSN la única candidatura, entró en el Ayuntamiento con la forja de la implicación en la vida social y el bagaje de 4 años de concejal.

Con 64 años de edad, casado, con dos hijos y otros tantos nietos, el hoy presidente de la Mancomunidad de Montejurra -responsabilidad que espera ceder en la próxima legislatura-, cree haber hallado el elixir de la longevidad en la alcaldía en una sencilla fórmula. "Es muy sencillo -dice-. Disfrutar con lo que se hace. Me gusta estar al tanto de lo que sucede en el pueblo. Me gusta estar con la gente y cuidar la relación. Hay cosas que salen bien y otras que no. Aunque hay malos ratos, cuando un vecino aprecia una cosa da gusto".

Junto con el disfrute en la encomienda recibida, cree primordial ser fiel a dos pautas: "Servir al ciudadano y transparencia total". Un trato fluido y sincero con el ciudadano es igual de básico en la consecución de su confianza, traducida a los cuatro años en el depósito en las urnas de una papeleta con su nombre. "Cuando viene alguna persona y comprende que por encima de los intereses particulares prevalece el general es satisfactorio. Hay otros casos que te hacen sufrir mucho". Por la propia dinámica del día a día, desde la primera toma de contacto con los trabajadores cuando franquea la puerta de acceso al Ayuntamiento a las nueve de la mañana, es consciente de su condición de alcalde "las 24 horas del día".

"Te paran en el bar o en la calle y has de estar ahí escuchando al vecino. Hombre, si te llaman por teléfono a las doce de la noche para una tontería le invitas a ponerse en contacto al día siguiente". "Sin sufrir" -como revela-, hay ciertos días que Pedro Mangado reposa su cabeza en la almohada con ideas e imágenes dando vueltas alrededor de la cama.



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