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Candidatos 'amnésicos'

  • El contrato entre el reclamante de apoyo y quien puede proporcionárselo debería sustentarse en la obligación de que el primero le cuente al segundo la verdad. Conplena nitidez. Sin titubeo

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Actualizada 06/05/2015 a las 07:12
  • marcos sánchez
Por aquello de la modernidad, quizás el próximo viernes los candidatos ya no inauguren la campaña electoral pegando carteles en las paredes, sino escribiendo un mensaje en Twitter y Facebook brotado de su propia ocurrencia o la de sus asesores. Se ha perdido la mística de la brocha y la cola adhesiva, y se ha ganado -si es que no constituye una derrota- la pasión por lo cibernético. El caso es suplicar el voto, da igual de qué modo.

Casi nunca de cara a la cita con las urnas se había respirado en Navarra un aire tan cargado de intriga como el que en esta ocasión se cuela por las fosas nasales. Malviven las expectativas de los partidos políticos pendientes de un hilo, pues la irrupción de actores inéditos hasta el momento, como Podemos y Ciudadanos, altera el puzle mental que ya había sido interiorizado a fuerza del paso de los años. El 24-M, la Comunidad foral se juega un Gobierno y puede que algo más. Por ejemplo, un viaje a lo desconocido. De momento, a las siglas les llega el tiempo de pregonar. A los ciudadanos, el de determinar a quién creer y en manos de quién confiar su esperanza.

El contrato entre el reclamante de apoyo y quien puede proporcionárselo debería sustentarse en la obligación de que el primero le cuente al segundo la verdad. Con plena nitidez. Sin titubeo. Pero a juzgar por declaraciones de los últimos días, ya han saltado a la arena cabezas de lista dispuestos a torear dicha cláusula. Un brote de amnesia ha debido de extenderse por las sedes de algunas formaciones. La de Geroa Bai es una de ellas. La misma Uxue Barkos que el pasado marzo aseguraba que votaría a favor de la unión de Navarra a Euskadi en el caso de activarse la disposición transitoria cuarta de la Constitución, ha manifestado esta semana que no está de acuerdo con la anexión y que lo que desea es la creación de una “federación de territorios forales”. Monumento al malabarismo dialéctico.

Si la táctica de Geroa Bai consiste en decir lo mismo con palabras distintas para provocar menos reparo, Podemos persigue idéntico fin pero haciendo desaparecer algunos términos en sus papeles. A la espera de que en Madrid les redacten el documento definitivo, el partido de Laura Pérez ha eliminado en el borrador de su programa las alusiones a “Euskal Herria”. Como si fuera tan fácil. El “proceso constituyente” en el que finalmente los navarros puedan ejercer su “derecho a decidir” sobre la relación con el País Vasco ha tornado a plantearse respecto a los vínculos “con el Estado y demás territorios”. ¿Cuáles? ¿La Rioja o Aragón? No parece que se refiera a ellos, cuando el borrador ha mantenido que “la actividad armada de ETA y las políticas excluyentes de los sucesivos gobiernos forales han enconado este debate”.

Podemos vende una desradicalización que puede beneficiar a EH Bildu, a la que le ha brotado una imitación que ha pasado a amenazarle como competencia. El riesgo de brindar la mano a alguien es que termine cogiéndote el brazo, y la encuesta de CÍES para este periódico ha situado en número de escaños a Podemos por encima de los abertzales, quienes de publicitarse como “locomotora” del cambio temen ser simple vagón. Su candidato, Adolfo Araiz, contra las cuerdas. Se apunta a la moda del camuflaje y se hace el longuis en relación a la consulta para “cambiar el estatus político de Navarra” que propugna el plan de acción de su coalición. Eso sí, para otras cosas no gasta en disfraces: ni condenó el terrorismo antes ni lo condena ahora. Negra coherencia.



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