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análisis

Ganar votos, perder coherencia

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05/05/2015 a las 06:00
  • Jose Murugarren
Los partidos ya están a los pies de la montaña, a punto de empezar la ascensión camino de las elecciones. La encuesta publicada el pasado domingo por Diario de Navarra recogía los primeros movimientos. Podemos pierde fuelle y los nacionalistas de Geroa Bai parecen aprovechar el impulso de un viento a favor hasta el punto de reinterpretar sus convicciones más profundas. Son dos primeros ‘flashazos’ de una instantánea en la que figuran también como protagonistas del guión una UPN a la baja, un PSN abocado a descubrir un nuevo suelo (ironías de la vida, la candidata a Pamplona presentó lista en un local llamado Subsuelo) y la entrada en el hemiciclo foral de Ciudadanos, la marca de Albert Rivera.

Quienes aborrecen la política, como quienes padecen de urticaria cada vez que ponen fútbol por televisión, verán en esta primera imagen una repetición machacona de lo que ocurre cada cuatro años. Esta vez sin embargo, es distinto. El retrato de salida de los partidos en la falda del monte electoral camino de la cumbre del 24 de mayo está repleto de riesgo e incertidumbre. Desde que Podemos apareció por primera vez en la intención de voto de los ciudadanos navarros a hoy el fenómeno del partido de Pablo Iglesias ha venido a menos, en España y también en Navarra. El “ciclón” Podemos debutó con 18 parlamentarios en la medición del Navarrómetro como primera fuerza en noviembre pasado. Cinco meses después es cuarta y su potencial elegible no superaría los 8 en un legislativo de 50.

Fallos y contradicciones

Estarán en el Parlamento pero no serán la ciclogénesis explosiva que en algún momento vaticinaban los sondeos. Han cometido fallos y en política se pagan. En Navarra y en el resto de España. Su aterrizaje va a ser duro. Es cierto que Podemos tuvo la habilidad de denunciar en medio de la crisis que sufría el país los dos grandes problemas: paro y corrupción pero a renglón seguido algunos de sus líderes reprodujeron vicios que estaban denostando de los responsables a quienes querían sustituir. El viaje desde la izquierda al centro del tablero político como anunció Pablo Iglesias es confuso, complicado y ha obligado a abandonar el itinerario incluso a alguno de sus viajeros más reputados, como el número 3 del partido Juan Carlos Monedero que no quiere saber nada del centro. Él sigue viendo el cielo en el extremo de su mano izquierda. Y por si fuera poco en el nivel local, Podemos poco tiene de la regeneración que predicaron para los demás políticos como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón o Carolina Bescansa. Aquí, en Navarra, salvado el rostro de su líder Laura Pérez la lista que viene por detrás está trufada de personas con abultado historial político, que han acumulado militancias en otros partidos y hasta han ocupado cargos institucionales. Algunos son coetáneos de la transición. Poca renovación.

Geroa y Ciudadanos

El resultado no se escribirá antes del 24 de mayo. Pero es cierto que la suma letal de crisis, paro y corrupción ha reforzado a una parte del electorado en su voluntad de impulsar un cambio. Tan cierto que el traslado de votos de unas a otras formaciones en la intención de los ciudadanos experimenta movimientos incoherentes. Por ejemplo, el partido de Uxue Barkos, Geroa Bai, es una de las siglas que disputa la segunda posición en el arco parlamentario navarro. Es decir, podría liderar una alternativa a la opción de un gobierno de UPN, formación que sigue obteniendo el número mayor de apoyos de todas las fuerzas políticas navarras.
Resulta peculiar que un partido profundamente nacionalista (Geroa Bai es la suma de PNV e independientes) recoja el respaldo de un buen número de votantes no nacionalistas. La razón probable, el deseo de propiciar un cambio de los partidos que gestionan Navarra. Es decir, ciudadanos que no comparten la incorporación de Navarra al País Vasco, postulado básico nacionalista que logra el respaldo del 20% de los navarros, estarían dispuestos a votar a Geroa sólo por el convencimiento de que es bueno apartar a quienes han gestionado hasta ahora y cambiar la sigla que pilote el futuro más inmediato.
Y lo mismo en el lado de la otra revelación de la temporada. La de Ciudadanos. Un partido fuertemente ‘jacobino’, centralizador y contrario a los derechos históricos de Navarra (fueros y Hacienda) podría encontrarse con el apoyo de muchos electores que sí defienden el fuero y un régimen fiscal diferenciado del general. La formación de Albert Rivera, puede beneficiarse de la contradicción. Los dos partidos, Geroa y Ciudadanos, parecen saberlo. Han visto que hay un hueco por donde captar nuevo voto y ambos tratan de maquillar sus presupuestos más contestados. Barkos hace declaraciones en las que llega a decir que ella tampoco es partidaria de que Navarra se integre en Euskadi y escudriña una rebuscada salida para inclinarse por una “federación de territorios forales”. Sabe que solo el 20 por ciento apuesta por incorporarse al País Vasco. Y si Barkos gira, Diego Paños, cabeza de lista por Navarra de Ciudadanos que busca captar el mayor número de votos se lanza a practicar auténtico funambulismo por el alambre asegurando sin que le dé un ataque de risa que “Ciudadanos va a recoger lo mejor de la tradición de los Fueros y de Navarra”. Que se lo digan a Albert Rivera que ha defendido abiertamente la eliminación de las haciendas navarra y vascas.



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