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Un 80% de quienes van a cotillones navarros son de otras comunidades

Cotillón de Nochevieja en el Hotel Tres Reyes.

Un 80% de quienes van a cotillones navarros son de otras comunidades

Cotillón de Nochevieja en el Hotel Tres Reyes.

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Actualizada 24/12/2013 a las 10:57
  • EFE. Pamplona
La tradición de celebrar la Nochevieja en el llamado "cotillón" no consigue imponerse en Navarra, una comunidad en la que se calcula que en torno al 80 por ciento de los que acuden a cotillones son de fuera de la Comunidad foral.

El Castillo de Gorraiz organiza un cotillón desde hace cinco años, aunque su director, Gorka Berraondo, comenta que, en Navarra, no hay costumbre de despedir el año en Navarra de esta forma, si bien son varios los hoteles y restaurantes que deciden organizarlo.

"Poco, poco arraigo tiene en Navarra, el 80 por ciento de las personas que tenemos son de fuera", señala, aunque en el Castillo de Gorraiz ya se han vendido casi las 165 entradas que permite su aforo.

Para Berraondo, el cotillón en Navarra "no es una costumbre muy típica", además del que hace el Castillo, Berraondo ha señalado que "Hay algunos cotillones en Pamplona, pero son cotillones más bien pequeños".

Berraondo comenta que, durante los cinco años que llevan organizando el cotillón, la asistencia se mantiene e incluso va en aumento, porque hasta el tercer año la afluencia era más reducida.

Otros cotillones más pequeños, de unas 70 personas, son el del hotel Muga de Beloso, que lo organiza por primera vez y van a esperar "a ver qué resultado da", comenta su gerente, Juan Manuel Marchante.

Marchante indica que la celebración del cotillón en Navarra, "no es muy común", no acaba de cuajar y la demanda de esta fiesta en la comunidad es todavía baja.

Aunque los cotillones de Nochevieja no son la opción más popular entre los navarros, algunos clubes deportivos sí deciden ofrecer este tipo de celebración, pero sólo para sus socios, que suelen acudir con sus familias.

También familiares son los cotillones que celebran algunas sociedades gastronómicas navarras, también para socios, pero, como hace el grupo Iruñarri del Casco Antiguo pamplonés, es obligatorio no vestir trajes de gala y acudir disfrazados. 

La tradición de celebrar la llegada del Año Nuevo disfrazados es, al menos en Pamplona o Cadreita, una de las principales competidoras del cotillón, lo que hace que éstas sean las fechas más señaladas para la venta de disfraces.

Según dice Inma Bezunartea, de la tienda El Camerino, en Navidad y los días previos a Nochevieja se concentra el 75 por ciento de la venta total de disfraces.

"De niño calculamos que un 25 por ciento, pero de adulto igual se concentra un 75, más o menos", asegura, a lo que ha añadido que en "en carnavales también se vende, pero es otro público distinto, más de los pueblos, de los colegios".

En su opinión, Pamplona no tiene arraigo de celebrar carnavales en la calle porque la gente ya se disfraza en Nochevieja, lo que hace que la festividad de febrero sea menos lucida.

"Por eso Nochevieja tiene fuerza", reitera, mientras que en los pueblos, dice, "todo el mundo se viste en carnavales".

Al respecto, Koldo Navas, gerente del comercio La Máscara, afirma también que Halloween está ganando protagonismo en la venta de disfraces, pero "por la gente de fuera".

A pesar del arraigo de esta forma de celebrar Nochevieja en Pamplona, la crisis también ha provocado que las ventas de disfraces bajen y que incluso varias tiendas se hayan visto obligadas a cerrar o cambiar a otros productos, como la pirotecnia.

"La gente viene a gastar menos dinero, sigue teniendo ganas de salir y comprar, pero gasta menos dinero" aclara Navas, por lo que las tiendas se adaptan "a disfraces más baratos".

"Aparte de la crisis, nosotros hemos vivido mucho la competencia del chino", señala por su parte Bezunartea, quien concluye que "el consumo ha bajado a todos los niveles".

Según Navas, los clientes gastan una media de 18 a 20 euros, menos que en años anteriores, aunque las ventas se mantienen en torno a los "más de mil disfraces" vendidos en su tienda.

Aunque la media de edad de compra de disfraces está sobre los 20 o 25 años, según Navas poco a poco "se va imponiendo" un público cada vez más joven, ya que, en vez del "regalo típico de muñecas o cochecitos", se empieza a regalar disfraces para los niños, como los de "Draculaura" y las princesas de "Frozen" a las niñas.

Sea cual sea el motivo de esta peculiar tradición pamplonesa, persiste la incógnita acerca de su origen: "Se ha preguntado muchas veces de dónde viene esta tradición, y exactamente nadie se pone de acuerdo de por qué el 31 de diciembre, sólo en Pamplona, hay costumbre de disfrazarse", concluye Navas.



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