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PROYECTO NEMBA

El cielo está en África

  • La construcción del hospital de Nemba en Ruanda se hizo realidad gracias a la misión diocesana de Navarra y Medicus Mundi, que asumieron el reto, y a todos los cooperantes que viajaron hasta el corazón de uno de los países más pobres del mundo

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16/12/2013 a las 06:01
  • I.B./M.J.C.
Los primeros misioneros navarros llegaron a Ruanda en las navidades de 1964. El llamado "Equipo Javier" lo conformaban Carmelo Martinena Flamarique, de Tafalla, Salvador Ezpeleta Goyena, de Cascastillo, y Ángel Echeverría Izi, de Puente la Reina. Allí se encontraba ya un grupo de Padres Blancos, entre los que estaba Manuel Daguerre, de Erratzu (Baztan). En 1970 aterrizaba un nuevo grupo, entre ellos Miguel Ángel Argal, sacerdote diocesano y fundador de Medicus Mundi Navarra. También estuvieron los cooperantes Ramón Arozarena, Alicia Martinicorena, Ignacio Oficialdegui, Javier López Remiro y Natalia Herce, entre otros muchos navarros que se sumergieron en el paisaje abrupto del llamado 'el país de las mil colinas'.

MIGUEL ÁNGEL ARGAL - FUNDADOR DE MEDICUS MUNDI NAVARRA

¿Cómo se reconstruye la esperanza?, le preguntaba hace años el periodista Gabriel Asenjo en una entrevista para este periódico. "Cuando ves a la madre que te trae el niño que se está muriendo no puedes decir que no. Cuando te pasa, como me pasó a mí, que un niño pisó una mina y le arrancó las dos piernas y le llevamos al hospital de Kigali y se nos murió en el coche, comprendes que no puedes tirar la toalla", respondía Miguel Ángel Argal, fundador de Medicus Mundi Navarra y máximo impulsor del hospital de Nemba. En esta misma entrevista, Argal, que acababa entonces de regresar de visitar el Hospital de Nemba, añadía: "Para una persona del norte, el cielo puede estar en África al considerarse completamente útil. África te da mucho más que lo que tú das", subrayaba este doctorado en Teología.

Años después, desde Pamplona, Argal abre la ventana de la memoria y vuela hasta el cielo africano para recordar. Aunque recalca que no le gusta vivir de la nostalgia, hace un pequeño esfuerzo. Antes de la semblanza, avisa: "La pobreza ha aumentado y los recursos internacionales no llegan por la crisis. Ruanda se encuentra peor que hace diez años", expresa, con un tono uniforme. Al preguntarle por la posibilidad de la desaparición del hospital, modula la entonación con un gesto de rotundidad: "Sería como si la mitad de Navarra se quedara sin asistencia sanitaria".

Aquel primer viaje cambió su vida de manera radical. "Había tenido una formación intelectual. Daba clases en el seminario de Pamplona, era profesor de la facultad de Teología en Vitoria, secretario nacional de liturgia de la conferencia episcopal... Lo dejé todo. Me dediqué a cuidar a esta gente", inspira, resollando una sonrisa afectuosa con la que parece atraer hasta la sala donde se expone estos días en Pamplona 'Navarra con Nemba', la primera imagen que le revolvió nada más pisar aquellas tierras fértiles. "Entonces no había ni luz eléctrica", evoca. "Ver a las madres cargando con sus hijos a la espalda. La pobreza en los niños. Me revolvió. Es imposible de describir".

IGNACIO OFICIALDEGUI - PRESIDENTE MEDICUS MUNDI

"Me parecen tiempos tan lejanos (...). El proyecto lo seguimos llevando la misma gente", comenta Ignacio Oficialdegui, hoy presidente de Medicus Mundi Navarra, mientras observa con detenimiento el titular de uno de los paneles de la exposición 'Navarra con Nemba' que a partir de mañana acoge el salón Mikael de Pamplona. "Fue un momento apasionante. Algo que había estado funcionando y que tuvo un parón por el genocidio. Pero que sabíamos que iba a continuar funcionando a pesar de las adversidades", sonríe, con orgullo.

Su premonición fue más que acertada. Un cúmulo de "casualidades" le llevaron a visitar a una amiga (Natalia Herce) a Nemba. Al comprobar la dimensión del proyecto y quedarse "fascinado", se sumó al resto de cooperantes.

Entre paneles que muestran antiguos artículos de 'Diario de Navarra' informando sobre la ayuda de Navarra a Nemba, Oficialdegui dibuja el paisaje donde se enclava el hospital: "Se encuentra muy cerca de donde vivía Diane Fossey, la mujer de 'Gorilas en la niebla'. Es un paraje abrupto y muy vivo. Una zona de colinas verdes, bananeras y eucaliptos. Llueve mucho y las temperaturas son buenas. La población vive dispersa en cabañitas. A más de mil metros del altitud. Los viajes son tremendos. La gente los trae de noche y de día con hamacas", describe, como si estuviera de nuevo allí mismo.

Años duros. Con el genocidio se sucedieron los asesinatos masivos y los saqueos. El hospital quedó arrasado. "Nos encontramos con edificaciones abandonadas. Faltaban aparatos médicos. Perdimos a trabajadores ya formados. Echamos en falta a la población, que todavía no había vuelto...", relata Oficialdegui.

El centro, añade, es, además de un importante centro de salud, un foco de desarrollo donde los familiares acompañan a los ingresados durante jornadas interminables de espera. "Por eso se pone a su disposición cocinas y sitios para dormir. Incluso hay una granja escuela que enseña y abastece al propio hospital. Es un sitio donde también se crea comercio y asociacionismo para resolver los problemas", señala. "Trabajamos en la autosuficiencia, en su auto gestión, incluso económica. Con la creación de los centros sanitarios satélites se cubren las necesidades de una población cada vez mayor".

Nemba es uno de los "símbolos" de la cooperación Navarra. Un buque insignia cuyo casco, no obstante, puede agrietarse. "Los recortes van a ser muy duros para un proyecto como éste. Las ayudas venían del Gobierno de Navarra y de donaciones privadas. Y el presupuesto se ha visto severamente recortado. Después de 40 años, nos sentimos temerosos. Pero hay una clara voluntad de que siga existiendo. Estamos muy comprometidos. No les podemos abandonar. Hay que encontrar los mecanismos, el apoyo económico necesario".

Mientras tanto, ¿qué sucede en Nemba? "Sienten miedo al abandono. Éramos extraños y ahora que tenemos su confianza... No es fácil volver", avisa.

JAVIER LÓPEZ REMIRO - MÉDICO GINECÓLOGO

Año 1971. Ángel Echeverría y Misión Diocesana solicitan ayuda para 300.000 personas. Miguel Ángel Argal consigue reunir a un grupo de amigos, todos profesionales y conocidos. "¡Nos entusiasmó a todos!", dice López-Remiro, ginecólogo y primer médico que viajó a Nemba. "Buscaban a un matrimonio joven que quisiera ir. Yo era joven y entusiasta", ríe.

El contexto ha cambiado mucho en estos 40 años. "La cosa era ayudar donde se necesitase. Con buena voluntad y la ayuda de todos, nos pusimos en marcha. Nos formamos en Francia en medicina tropical y partimos", relata.

"En Ruanda nos acogieron muy bien en la misión. El hombre blanco entonces era como en las películas. El Gobierno de Ruanda nos mandó hacer una formación en diversos hospitales. Mientras se construía, nos enviaron al sur. A la selva. Al aterrizar el avión con las 20 toneladas del material fue todo un acontecimiento. Y empezamos a montar el hospital. Había buena voluntad y ayuda de Dios, por eso funcionó", cuenta.

En el viaje le acompañaron enfermeras navarras. "El trabajo nos desbordó. La respuesta era muy buena. Tuvimos que pedir socorro a Medicus Mundi. Lo que comenzó como un envío pequeñito se transformó". Aún guarda inalterable la primera imagen: "Un montón de niños sin ropa, descalzos, pero con un gran afecto y gran cariño a nosotros. No era miseria, sino pobreza. No habían visto otras cosas que sí tenían. Era una pobreza digna".

¿Y si desapareciese el Hospital de Nemba? "Sería algo trágico. Es su referente", responde López-Remiro, con vehemencia. "Imaginemos nosotros aquí: ¿y si cerrasen el Hospital de Navarra...?".

NATALIA HERCE - FARMACÉUTICA Y VOLUNTARIA EVCUADA

Herce se encontraba en el año 96 de voluntaria en los campos de refugiados de Goma, cuando la evacuaron. "A consecuencia del asesinato de tres cooperantes", explica, "valoramos qué hacer, si nos quedábamos o no. Nos daba cosa irnos y dejar todos los proyectos en marcha". El hospital quedó desmantelado por los saqueos. "Lo asaltaron. Lo destrozaron. Robaron todo. Dejó de funcionar". Con la vuelta de los refugiados a sus casas, lo pusieron en marcha.

Ahora, el peligro no viene de la guerra, sino de los recortes en la cooperación. "En Navarra han sido brutales. Necesitamos el apoyo de la gente y de las instituciones públicas. El dinero en cooperación es un gasto en justicia social", afirma. En cuanto al posible cierre del hospital, aclara que "es concertado y no va a desaparecer". "Lo que está en juego es que funcione dignamente. Y no solo el hospital, sino también los centros de salud satélites. Por lo demás, dice, "el ruandés sigue luchando con lo que puede y con lo que sabe. La gente resiste ante la adversidad".



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