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iniciativa solidaria

"Supone un esfuerzo colaborar, pero luego te sientes satisfecho"

  • Los ciudadanos siguieron donando alimentos en la segunda jornada de la Gran Recogida, que continúa esta tarde

"Esto tendría que ser más a menudo, no una vez al año"

La II Gran Recogida de Navarra para el Banco de alimentos continua con fuerza. Voluntarios y donantes de todas las edades han colaborado con la causa.

amaia cambra
Segunda jornada de la II Gran Recogida de Alimentos 11 Fotos

Segunda jornada de la II Gran Recogida de Alimentos

Los navarros continuaron mostrando su solidaridad con los más necesitados en el segundo día de la II Gran Recogida, iniciativa impulsada por el Banco de Alimentos de Navarra y la Fundación Diario de Navarra.

AMAIA CAMBRA
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Actualizada 01/06/2013 a las 17:32
  • ujué lorente.pamplona
Los ciudadanos siguieron donando alimentos en la segunda jornada de la Gran Recogida, una iniciativa solidaria promovida por el Banco de Alimentos de Navarra (BAN) y la Fundación Diario de Navarra. Así, multitud de personas se acercaron este sábado a la mañana hasta los supermercados para colaborar con los más necesitados.

Decenas de personas acudieron este sábado por la mañana a hacer la compra al Caprabo de San Jorge. Algunas de ellas se enteraban en la puerta del establecimiento de la iniciativa y cogían la bolsa que les ofrecían los voluntarios para colaborar. Una de las que aportó su granito de arena fue Milagros Ibero Daroca, pamplonesa de 60 años. "Es muy fuerte toda la situación que estamos pasando", sentenciaba Ibero, que tiene dos hijos en paro.

Rosario Fernández Pérez fue una donante que se enteró del proyecto al llegar al supermercado. "Los que pueden ayudar de verdad no lo hacen y los ciudadanos de a pie colaboramos en la medida de lo posible. Me ha supuesto un esfuerzo colaborar, pero luego te sientes satisfecho", arguía  esta pamplonesa de 51 años y dueña de un pequeño comercio. Otra vecina del barrio entregó instantes después que Fernández dos bolsas llenas de alimentos. "Es una medida paliativa, un apaño, hay que arrimar el hombro como podamos. Para mí esto es un esfuerzo enorme", confesaba con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas.

Hubo quien, como Eva Briongos Del Pozo, pamplonesa de 36 años, acudía expresamente para colaborar. "Ayudar a los necesitados es un gesto muy bonito y espero que lleguen de verdad a aquellos que lo necesitan", opinaba esta profesora de guardería que donó pasta, aceite y conservas. "A pesar de todo, tenemos que mirar al futuro con otra cara, vendrán tiempos mejores", auguraba con tono positivo.


DOS GENERACIONES

En el supermercado del barrio de San Jorge se coincidieron tres voluntarios, dos de ellos madre e hijo. Luisa Gabor, pamplonesa de 26 años, acudió a la cita solidaria con su hijo Gabriel, de 8 años. "La gente tiene que ayudar porque hay muchos pobres", explicaba el niño mientras hacía amagos de dar a los clientes bolsas. Su madre le enseñaba cómo hacer que los clientes cogieran la bolsa y aunque no eran muchos los que le hacían caso, el pequeño no cejaba en su empeño. "Ayudo mucho a niños de mi cole. Además, también guardo tapones de plástico para ayudar a otros que están enfermos", aseguraba.

Su madre, cajera en un supermercado, le ha inculcado desde pequeño los valores del voluntariado. "Mi marido está en paro, tenemos tres hijos y vivimos con mi sueldo. No estamos muy mal económicamente y hay gente infinitamente peor. Como no sé cómo va a acabar mi familia, hay que hacer que los niños ayuden, para que se den cuenta de que hay gente necesitada de verdad. Dios no lo quiera, pero igual la próxima vez nos tienen que dar a nosotros", relataba sin perder su entusiasmo en repartir bolsas vacías y agradecer a todo el que las devolvía llenas. "Si llegamos a ese extremo, a todos nos gustaría que nos ayudaran", concluía la joven.


CARROS LLENOS

Una escena similar a la del barrio de San Jorge se repitió en las entradas del hipermercado Eroski de Berriozar. Pasadas las 10  horas, dos parejas de jóvenes entregaron a los voluntarios dos carros llenos de comida.  El voluntario Mikel Subiza García, pamplonés de 32 años e ingeniero de profesión, confesaba sentirse "muy feliz" ante semejante muestra de solidaridad.

Al mediodía la escena se repitió de nuevo para perplejidad de los voluntarios. Un matrimonio de Ermitagaña, que acudió expresamente hasta la superficie comercial para colaborar, donó otros dos carros llenos. "Estas iniciativas son cada mucho tiempo, tendrían que ser más a menudo, cada dos o tres meses, no sólo una vez al año", indicaba la mujer que no quiso facilitar su identidad y confesó que era "un acto privado". "Lo ideal sería que no tuviéramos que hacer esto", respaldaba su marido.



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