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Bicis y menores

Los accidentes de bici llevan al hospital a 3 niños por semana, casi todos sin casco

Llevar casco en la bicicleta

PAULA ZUBIAUR

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Actualizada 11/04/2014 a las 09:32
  • LAURA PUY MUGUIRO. pamplona
El accidente pudo haber sido trágico. La niña, de 12 años, cayó con la bicicleta por un terraplén del que tuvieron que rescatarla en helicóptero. El golpe había sido tan fuerte que se le rompió el casco. Cuando llegó a Urgencias, el escáner mostró que tenía fractura de cráneo. Sin embargo, en unos días abandonó el hospital. No le ha quedado ninguna secuela. Lourdes Gómez, pediatra en este hospital, lo tiene claro: "El casco le salvó de una lesión cerebral importante. Quién sabe si hubiera fallecido".

Con doce años de experiencia en Urgencias, la doctora Gómez y sus compañeros temen la llegada del buen tiempo, ya que se multiplican los ingresos de niños y adolescentes accidentados con sus bicicletas. Mayo y junio han sido un ejemplo: 30 casos ya, y la mayoría de chavales no llevaban puesto el casco. "Son de las peores urgencias, por complicadas y porque muchas son de riesgo vital. Es verdad que no puedes impedir que se rompan un brazo o una pierna si se caen de la bicicleta; pero sí que tengan una lesión cerebral. De hecho es de lo poco que se puede evitar. Y eso sólo lo hace el casco".

El ciclismo es el deporte de recreo por el que los menores más van a Urgencias. "Más que por el fútbol, al que todo el mundo juega. Y se viene con problemas más serios". En 2009, preocupada por los casos que verano tras verano iban atendiendo, los analizó. Se centró únicamente en los pacientes que habían sufrido golpe en la cabeza. Resultaron 42, de entre 2 y 14 años. ¿Cuántos no llevaban casco? 34 (el 81%). ¿Por qué? "Seis dijeron que no tenían. Veinte, que sí, pero pusieron excusas para no utilizarlo. Y ocho se negaron abiertamente a ponérselo".

Pero también en esto hay edades. A los más pequeños se lo colocan sus padres. "Y son los que, si se caen, no se hacen nada porque el impacto es pequeño: van despacio y caen desde poca altura". Pero en cuanto pasan de los 10 años, el niño aprende a decir "no me lo pongo" y ya no lo utilizan. Sin embargo, es a partir de esa edad cuando el riesgo es mayor, cuando los accidentes pueden ser más graves. "Estamos hablando de adolescentes de 14 ó 15 años, de hasta 70 u 80 kilos de peso, que en una cuesta abajo pueden llegar a alcanzar velocidades de 60 kilómetros por hora".

¿Qué ocurre en la cabeza durante un impacto?
Que el cerebro se mueve dentro del cráneo y choca contra él. Este impacto puede provocar incluso la muerte. El casco juega un papel esencial: absorbe el golpe y hace disminuir el desplazamiento brusco del cerebro dentro del cráneo.

Neuronas perdidas

La unión de accidentes de bicis y menores es una preocupación generalizada. Este año la Asociación Española de Pediatría ha presentado un informe, con datos de la Dirección General de Tráfico. Viene a decir que el 20% de los fallecidos entre 10 y 14 años eran usuarios de bicicleta. Y que las lesiones en la cabeza fueron la principal causa de muerte. Otro estudio conjunto de varias comunidades autónomas advierte que la probabilidad de que los niños y adolescentes de hasta 14 años sufran lesiones cerebrales es cinco veces superior a la presentada en cualquier otro grupo de edad.

Golpearse la cabeza contra el suelo es muy habitual en una caída. Y a partir de aquí hay varias consecuencias posibles: fractura de cráneo sin lesión interna o lesiones dentro del cerebro (hemorragias, hematomas...) sin incluso romperse la cabeza.
¿Por qué es tan grave una lesión cerebral? "Porque, si te dañas el cerebro, pierdes neuronas, y son las únicas células del cuerpo que no se regeneran: nacemos con un número determinado, y, si las perdemos, no las podemos recuperar. Es un daño directo para el tejido nervioso".

Además puede producirse en el cerebro una hemorragia o un hematoma, y cualquiera de las dos podría ser nefasta. El cerebro tiene el tamaño preciso para alojarse en el cráneo. Por eso, cualquier estructura que crezca dentro comprimirá al cerebro sano. De ahí las secuelas: desde perder alguno de los sentidos o el habla hasta sufrir una parálisis parcial o total, pudiendo quedar el paciente en estado vegetativo. O incluso morir.

Escáner en los casos graves

Los niños de menos de 10 años que se accidentan con la bici suelen llegar a Urgencias acompañados por sus familiares. Y normalmente porque el golpe ha sido en la cabeza. Pero a los adolescentes los trasladan en ambulancia. "Generalmente estaban con amigos cuando se accidentaron y son ellos los que nos cuentan cómo fue. Otras veces se asustan y desaparecen, así que sólo sabemos que se cayó de la bici. Ni la velocidad a la que iba ni nada de lo ocurrido. Partimos de que, a más edad, más fuerza de impacto, y, por tanto, mayor intensidad del golpe". No obstante, hay señales que alertan de una lesión cerebral: pérdida de consciencia en el momento del golpe, vómitos, dolor de cabeza, somnolencia y menor reactividad a estímulos. Si el paciente presenta cualquiera de estos síntomas tras un golpe en la cabeza, debe acudir a Urgencias.

Llevados por sus padres o evacuados en ambulancia, la atención en el hospital comienza por comprobar el estado general del niño. Su nivel de consciencia, si respira con problemas, cuáles son sus constantes. "Dependiendo de cómo estén y de los síntomas que ha tenido se le asigna, en el área de triage, un nivel de urgencia, es decir, si necesita atención inmediata o puede esperar algún tiempo".

Ya en manos de los pediatras, se hace una exploración neurológica más completa. Se comprueban el nivel de consciencia, las pupilas, la respuesta a estímulos, el fondo de ojo, los reflejos..., que alertarán de si el cerebro está sufriendo algún tipo de presión. "Y solicitas un escáner cuando el paciente tiene las constantes alteradas, la exploración neurológica anormal o sospechas que el impacto ha podido producir una lesión en el cerebro". Es la prueba estrella en una situación de urgencia: permite saber si hay lesión cerebral y si es necesario operar (como un hematoma que presiona el resto del cerebro y precisa ser evacuado). Otras lesiones no se operan. Implican tener vigilado al niño hasta que desaparecen. "El paciente queda ingresado en la UCI pediátrica, ya que es posible que esa lesión se agrave en cualquier momento y haya que llevarlo a quirófano".

En Urgencias es obligatoria la pregunta de si el chico llevaba el casco puesto. "Y no sólo para que podamos estimar la intensidad del impacto -el riesgo de lesión es directamente proporcional a la fuerza del golpe-, sino también para concienciar a los pacientes, 'mira qué te ha pasado por no utilizarlo'. Si el niño está bien, en ese momento intentamos hacer hincapié en el 'te podías haber roto la cabeza, sólo tienes una, te podías haber quedado con secuelas, en una silla de ruedas'. Se trata de educarle a él y a los que tiene alrededor. Porque sabemos que en los adolescentes el rechazo a ponerse el casco es total: lo encuentran antiestético, dicen que nadie lo lleva, que hace calor para ponérselo, que es incómodo... ¡Raro es ver a un adolescente de entre 12 y 18 años con casco!".

Pero el casco no debería ser opcional. "El primer paso para conseguir que lo utilicen es mentalizar a los padres. Ves a muchos que lo llevan cuando sus hijos son pequeños, como ejemplo, pero que dejan de emplearlo en cuanto los menores crecen. Los padres se tienen que mentalizar de que hay que educar a los niños en que casco y bici (o monopatín o patines) van juntos. Siempre".

Tampoco las leyes ayudan en este propósito. Por ahora, la legislación obliga a utilizar casco al circular por carreteras interurbanas y no dentro de la ciudad. Pero mientras hay grupos de ciclistas que defienden que emplearlo no reduce los riesgos sino que hace disminuir el uso de la bici, hay países que han hecho estudios al respecto.

En Canadá han comprobado que en las provincias donde el empleo de casco es obligatorio las hospitalizaciones de niños han disminuido un 45%, frente a un 27% en aquellas sin legislación. En Estados Unidos, estudios analizando los costes económicos llegaron a la conclusión de que es más rentable regalar el casco con la compra de la bici que sufragar los gastos por las secuelas de una lesión cerebral tras un accidente de bici.



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