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Seguridad en excursiones escolares

Madre de Sofyan, el niño que murió ahogado en Berbinzana: “Nunca debió ocurrir”

El 19 de junio de 2015 “un desgraciado confluir de factores” provocaron la peor pesadilla para padres y profesores: la muerte de un niño en una excursión escolar. Hoy, de aquella tragedia en Berbinzana podría surgir el germen para que no se repita jamás

Imagen de una puesta de sol desde Berbinzana. La muerte de Sofyan, que conmocionó a la localidad en 2015, muestra la realidad de que se necesitan protocolos.

Puesta de sol desde Berbinzana. La muerte de Sofyan, que conmocionó a la localidad en 2015, muestra la realidad de que se necesitan protocolos.

Actualizada 05/01/2018 a las 10:31

Sus ojos, dos pozos profundos y de un marrón casi negro, brillaban con luz propia ese día. Aquel viernes, en lugar de enfrentarse a la grafía en minúscula y las matemáticas en el aula, toda la clase iba a disfrutar de una jornada de piscina. La misma que tanto había gozado el año anterior. Pero esta vez, Sofyan Charidi Benjelloul, en lugar de en el vaso de chapoteo, decidió probar en la piscina de mayores. Salió al punto de la mañana de casa junto a su madre y con el bañador puesto. Y no volvió. Su aventura agarrado al bordillo terminó en tragedia al no saber nadar. En algún momento se soltó y fue a parar al fondo del agua. La socorrista, alertada por otra alumna, lo sacó y trató de reanimarle. Pero fue en vano. Había muerto. Era el 19 de junio de 2015 en Berbinzana. Y lo que debía haber sido la mejor fiesta de fin de curso para un niño de 7 años se convirtió en la peor pesadilla que pueden vivir unos padres. Y también unos profesores.

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Hasta ese momento Sofyan había sido el ejemplo del perfecto estudiante. Tranquilo, aplicado, inteligente, tenaz y extremadamente educado. También humilde y buen compañero. Todo lo que le habían enseñado Abdelkader y Rachida, sus padres. Llegados de Marruecos a España en 2002, Murcia primero y Falces y Berbinzana después, habían dibujado el mapa vital de la familia. Y el cuadro lo completaban una hermana que entonces tenía cuatro años y un bebé que contaba con cinco meses. Salvo Sofyan, la familia apenas dominaba el castellano, lo que no había sido impedimento para que gozaran del afecto de la localidad.

Sin embargo, todo se truncó en una excursión. La familia había firmado el consentimiento genérico que se pide en los centros ante las salidas. También los profesores hicieron aquel día todo lo que habría hecho cualquier otro docente en su situación. Fueron cinco, e incluso hubo quien estaba allí pese a encontrarse fuera de su horario laboral. Y no fue suficiente.

PODRÍA VOLVER A REPETIRSE

Hoy, dos años y medio después, y mientras espera el nacimiento de un nuevo hijo, la madre de Sofyan lo tiene claro: “Su muerte nunca debió ocurrir”. Es lo mismo que dice la sentencia del TSJN, que habla de “un desgraciado confluir de factores” y que acaba de condenar al departamento de Educación que entonces dirigía un José Iribas en funciones (el nuevo Gobierno aún no había tomado posesión) a indemnizar a la familia por no cumplir los protocolos. El hoy exconsejero pidió entonces “que se investigase a fondo” para ver qué había fallado. El problema, ya visto en Diario de Navarra a lo largo de la semana, es que no existen. Los profesores no reciben formación de lo que deben hacer en las actividades fuera del centro y la tragedia podría repetirse en cualquier momento. De hecho, este mismo verano volvió a rozarse: en Zaragoza, en otra piscina y con otro alumno menor navarro que estuvo apunto de ahogarse. Pero la moneda cayó de cara.

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“Sinceramente creo que ninguno de nosotros hubiera actuado de forma diferente en la excursión de aquel día. Y ahí está el problema, en que hoy podría repetirse”, alerta Raúl Etxandi, delegado de prevención del sindicato ANPE. Como orientador escolar, él estuvo aquella mañana en Berbinzana tratando de consolar a familiares y compañeros docentes. Aquellas escenas le calaron tan hondo que aún hoy recuerda cada momento y mantiene el contacto con los padres de Sofyan: “Él representa la realidad tras el protocolo. Debemos actuar. Se lo debemos”.

Hoy la familia Charadi-Benjelloul sigue residiendo en Berbinzana, aunque en una vivienda diferente. La antigua casa junto a la piscina fue sustituida por un bloque de viviendas a la entrada de la localidad. Desde allí puede verse el famoso puente que da acceso a la localidad y las aguas del Arga corriendo raudas bajo sus cinco arcos. También José Hilario Chocarro, el alcalde, recuerda bien una tragedia que vivió en primera persona. Atendió a la familia desde el inicio en lo que eran los primeros días de su nueva legislatura en el consistorio. Reconoce que los padres “lo están pasando mal”.

Es por ello que el niño que enseñaba los números en árabe a sus compañeros podría volver a ejercer una vez más de ejemplo. Un inocente espejo del que entresacar un aprendizaje: “Que no se repita jamás una muerte así”. Este deseo de sus padres, que siguen acudiendo al mismo colegio de Berbinzana a llevar a su hija, es la luz que ilumina ahora su día a día. Como los ojos de Sofyan.

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