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Violación San Fermín

La víctima dice que no opuso resistencia a los acusados porque entró “en shock”

La joven, de 20 años, mantuvo la versión de que la agarraron, pero sin usar la violencia, y que le taparon la boca

En la foto, la imagen que recogió una cámara de la denunciante y la pareja que la encontró en un banco.

En la foto, la imagen que recogió una cámara de la denunciante y la pareja que la encontró en un banco.

Diario de Navarra
Actualizada 15/11/2017 a las 13:12

La víctima de la violación denunciada en los Sanfermines de 2016 declaró este martes que “no podía imaginar” lo que le esperaba al otro lado de la puerta de Paulino Caballero cuando, de forma “muy sorpresiva”, la agarraron y la introdujeron en el interior. Dijo que no emplearon violencia, pero que le pusieron la mano en la boca “para que se callara” y que entró “en un estado de shock” que le llevó a “someterse” a los cinco acusados, con los ojos cerrados y una actitud siempre pasiva, “deseando que todo terminara cuanto antes”. Preguntada si les pidió expresamente que pararan, respondió que no, pero que su actitud no fue de consentimiento, que fue “sometida” a hacerlo.


La joven madrileña, ahora con 20 años, declaró durante tres horas en el Palacio de Justicia. Lo hizo en medio de grandes medidas de seguridad que la protegieron de los focos mediáticos y también de la vista de los acusados. Nadie la vio entrar ni salir. Sentada en una silla, no lloró durante su testimonio, algo que sí hizo cuando declaró en instrucción y hubo que parar varias veces el interrogatorio. Este martes se ratificó en sus tres declaraciones prestadas durante la investigación y mantuvo la misma versión.


La joven afirma que llegó a Pamplona con un amigo sobre las seis y media de la tarde del día del Chupinazo. Aparcaron en la zona del Soto de Lezkairu y posteriormente se dirigieron al casco viejo. Estuvieron en la Plaza del Castillo, donde había un concierto, pero poco antes de las tres de la madrugada su acompañante ya se había ido a dormir y el grupo de amigos de la universidad se había perdido. Se sentó en un banco donde estaba un joven que hablaba con otros tres que se encontraban de pie. Resultaron ser los ahora encarcelados.


El joven le preguntó de dónde era, qué hacía en Sanfermines, cómo se llamaba... y entablaron una breve conversación sobre fútbol y la fiesta hasta que ella les dijo que se iba a dormir al coche.


La joven negó en el juicio que durante la conversación trataran algún tema de índole sexual, contradiciendo así la versión de los acusados. Ellos sostienen que empezaron a hablar de sexo, que la charla fue subiendo de tono y decidieron, ellos y la chica, buscar un lugar apartado para mantener relaciones sexuales en grupo.


RODEADA POR LOS CINCO


La joven declaró que en el trayecto ellos intentaron entrar en un hotel y que ella esperó fuera fumando. También que empezó a sentirse incómoda por ciertas actitudes de los jóvenes e intentó cambiar de dirección, pero que ellos insistieron en acompañarla. Al llegar a Paulino Caballero, prosiguió, uno de los sevillanos entró en un portal aprovechando que una vecina había abierto la puerta. Afuera, ella reconoció que se dio un beso en la boca con uno de los jóvenes. A continuación, el que había entrado salió y mientras sujetaba la puerta dijo a los demás: “Vamos, vamos”. Fue entonces cuando dos de ellos la agarraron de un brazo y la introdujeron en el portal (dijo que no fue necesaria la violencia porque ella desconocía lo que venía después). Le dijeron que se callara y que no gritara, para lo cual le pusieron “la mano en la boca”, y la condujeron a un rellano. Allí dejaron sus cubatas en el suelo, le arrancaron la riñonera y el jersey y los tiraron al suelo. En ese momento, insistió, la rodearon y la obligaron a mantener relaciones sexuales. Dijo que entró en “shock”.


Cuando le preguntaron detalles sobre fotogramas concretos de los vídeos, ella insistió en que su actitud fue pasiva y que tenía los ojos cerrados -así lo reflejó la Policía Foral en su informe-, que había pasajes que no recordaba, y remarcó que fue obligada a mantener relaciones con todos ellos, que reclamaban su turno. “Quillo, me toca a mí”, dijo que oía.


La denunciante no sabe cuánto duró la violación (según las cámaras pudo ser algo menos de veinte minutos), pero sí que “de repente” se marcharon y ella se quedó recogiendo sus cosas. Ahí descubrió que le faltaba el móvil, sustracción que acaba de reconocer el exguardia civil acusado. Salió y se sentó a llorar en un banco, donde la encontró una pareja.


Después de estos hechos, la joven se encuentra bajo tratamiento por estrés postraumático.

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