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Terremotos

Igor Berrio, tafallés en México: "Me siento afortunado por estar vivo"

Igor Berrio Burgui, tafallés de 38 años y empleado de Acciona, dormía el jueves en un hotel de Juchitán (Oaxaca). Vivió el seísmo en el epicentro del temblor.

Vídeo grabado por el tafallés Igor Berrio en México tras el terremoto

Vídeo grabado por el tafallés Igor Berrio en México tras el terremoto.

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Igor Berrio Burgui.

Igor Berrio Burgui.

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Actualizada 17/09/2017 a las 17:07

Es complicado imaginar qué sintieron los más de 70.000 habitantes de Juchitán de Zaragoza, en el estado mexicano de Oaxaca, cuando el pasado jueves la tierra tembló durante casi 3 minutos. Lo hizo con brutalidad, alcanzando una magnitud de 8,2 en la escala de Richter y dejando 90 muertos en todo México.

Cuando Igor Berrio Burgui, tafallés de 38 años, trata de explicar lo vivido, duda durante unos segundos, al otro lado del teléfono. Después, describe una sacudida progresiva, cada vez más violenta. “Estaba dormido y fui sintiendo cómo de un poquito el terremoto se fue incrementado hasta ser un movimiento muy fuerte, que asustaba, y durante una eternidad. Parecía interminable”, cuenta este empleado de inspecciones de Calidad en Acciona, que se encuentra en México en una estancia de trabajo y vivió el seísmo en la zona considerada el epicentro, al sur del país.

El temblor se alargó tanto en el tiempo que este navarro admite cómo el miedo se apoderó de muchos de los presentes. “Hubo gente en el hotel que se llegó a lanzar por la ventana. Vieron que había un toldo debajo y saltaron”. Afortunadamente, el temblor paró. Las mesillas o lo que guardaba en el frigorífico de la habitación se había caído al suelo, pero él estaba bien. “Lo primero que haces es preguntar por la gente que conoces. Estamos aquí cinco españoles (además de él, dos chicos de Castellón, un albaceteño y un gallego, indica) y ninguno sufrió daños. Otra cosa es otras personas que conoces o lugares a los que acudes”. Por ejemplo, uno de los restaurantes a los que acuden durante su estancia en Juchitán quedó hecho escombros y hubo víctimas mortales que quedaron sepultadas entre los escombros. “También hemos sabido de mexicanos que han perdido sus casas”.

A pesar de todo, señala, aún podía haber sido peor. “Si en vez de por la noche el seísmo llega a producirse por el día, con los niños en la escuela y la gente por la calle, podrían haberse registrado más víctimas”. Tras el temblor se cortó la electricidad (ayer sábado la acababan de recuperar, no así el agua) y hubo muchos problemas para comunicarse con España. “La cobertura iba y venía, así que escribí un whatsapp a mi mujer y otro a mi jefe. Tardaron en enviarse, pero pude decir que estaba bien”.

Agradece mucho los mensajes de ánimo recibidos y reconoce que tras el shock inicial, hay un pensamiento que se le viene irremediablemente a la cabeza. “Soy muy afortunado por estar vivo. Hemos vuelto a nacer. No sé, te crees que somos algo, pero te das cuenta de que no. No somos nada”. Respecto al envío de ayuda humanitaria al lugar, se muestra cauto. “Es verdad que hay gente muy pobre que ha quedado muy afectada, pero es un poco pronto. Primero hay que valorar los daños”.


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