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Entrevista
Cáncer

"No existe la cura del cáncer porque no es una sola enfermedad"

El tudelano Óscar Llorca Blanco acaba de ser nombrado jefe del programa de Biología Estructural del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO. Dice que el cáncer es una colección de enfermedades y la solución será distinta en unos casos y otros.

Óscar Llorca Blanco en el laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO.

Óscar Llorca Blanco en el laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO.

Actualizada 18/08/2017 a las 10:32

El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO, va a reforzar su programa de biología estructural, una ciencia que penetra en la intimidad de las células y proteínas, que son las responsables de su funcionamiento, para conocerlas y ver qué falla cuando hay una mutación que genera el cáncer. El tudelano Óscar Llorca Blanco, de 48 años, va a ser el responsable de este programa. Afirma que el objetivo final, como todos los grupos que investigan en cáncer, es contribuir a curar la enfermedad aunque añade que también hay un factor importante: generar conocimiento.

Y es que en los últimos años gracias a ese conocimiento se han conseguido “saltos espectaculares” en la lucha frente a esta enfermedad, afirma. Con todo, Llorca recalca que, en realidad, el cáncer son miles de enfermedades distintas y, por lo tanto, asegura que no existe lo que llaman “la cura contra el cáncer”.

¿Cada vez hay más cáncer o se diagnostica más?
El cáncer es una enfermedad muy ligada a la edad. Si se ven las estadísticas de las probabilidad de desarrollar un cáncer en función de la edad, a partir de los 45 años empiezan a subir. Y conforme cambia la pirámide poblacional hay más cáncer. Aunque hay diferencias entre hombres y mujeres, a partir de los 75 los porcentajes están en el rango del 40% para varones y 25% para mujeres.

Casi es como un precio que hay que pagar por vivir más años en las sociedades desarrolladas.
Efectivamente. Y también por tener otras enfermedades más controladas, como las infecciosas. Ahora prolifera más el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas, que están más asociadas a vivir más años.

“Se ha avanzado y se están dando saltos espectaculares en algunos casos”

Hay cientos de grupos de investigación que trabajan en torno al cáncer ¿Qué se ha ganado en los últimos años?
El cáncer es complicado porque no es una enfermedad, es una colección de enfermedades. Y se está viendo que la evolución que el tumor tiene en cada persona puede ser distinta para un mismo tipo de tumor. Hemos aprendido los mecanismos moleculares, es decir qué está pasando en la célula en condiciones normales y qué no funciona cuando se desarrolla un tumor. Los tumores son células descontroladas que utilizan la misma maquinaria o proteínas que otras pero en un momento equivocado.

¿Entonces uno de los mayores avances ha sido el conocimiento del tumor?
Uno de ellos. Ahora gracias al conocimiento molecular sabemos muchas de las proteínas implicadas, sabemos qué falla. Y hay personas trabajando en compuestos que sean capaces de unirse a estas proteínas para que sirvan como terapias. El problema es que desarrollar un compuesto que no sea tóxico lleva mucho tiempo y algunos que funcionan bien en el laboratorio no llegan a la clínica, a los pacientes. Es un proceso caro en tiempo y en dinero. También se ha aprendido que el tumor va evolucionando en el paciente.

¿Se refiere a que crece?
Más bien a que intenta escaparse y encontrar sus formas de salir a la sangre. Es la metástasis. En cada persona puede haber cambios moleculares distintos. Muchas veces salen nuevos fármacos que funcionan de forma espectacular en un tumor pero igual lo hacen en un 5-6% de los pacientes y en el resto no. Una de las claves para los próximos años será la medicina personalizada.

Se habla mucho de medicina personalizada ¿En qué consiste?
En conocer los fallos moleculares que hay en el tumor de una persona concreta. Y dependiendo de esa combinación de errores ver cuál sería la medicación más adecuada.

“Para entender los mecanismos del cáncer tenemos que conocer las proteínas implicadas. Es como destripar el motor de un avión y ver las piezas, cómo son y qué falla”

¿Decir que se ‘ganará la batalla’ contra el cáncer es decir demasiado?
Es difícil valorar. Cada vez conocemos más. Hay tumores en los que las nuevas aproximaciones que se hacen ahora dirigidas hacia proteínas concretas están dando resultados muy buenos. Es el caso de algunas leucemias mieloides crónicas. Sin embargo, hay otros tumores, como los gliomas, que son muy complicados. Insisto en que hay nichos de tumores donde las nuevas terapias están funcionando muy bien y otros donde no. Pero hay mucha gente trabajando. Se va avanzando y se están dando saltos espectaculares en algunos casos.

Un avance importante en la lucha contra el cáncer ha sido la irrupción de la inmunoterapia.
La idea de la inmunoterapia es facilitar que el propio sistema inmune reaccione. Es muy interesante. Ha sido una contribución importante. Cuando aparecen terapias nuevas parece que van a ser la solución pero yo creo que son un frente más contra el cáncer. Hay que recalcar un mensaje importante: hablamos de muchos tipos de cáncer. Y, dentro de cada uno, morfológicamente hay muchas situaciones distintas y molecularmente también.

Un panorama complejo.
Al final son miles de enfermedades distintas. No existe eso que se llama ‘la cura del cáncer’ porque no es sólo una enfermedad. Por eso hay tantos grupos trabajando en el cáncer. La solución será distinta en unos y otros casos. No va a existir una sola cura porque no hablamos de una enfermedad.

Su programa en el CNIO se centra en ‘visualizar a escala atómica las moléculas implicadas en el desarrollo del cáncer’. ¿Cuál es el objetivo?
Es un programa de biología estructural. Básicamente, para entender los mecanismos que están implicados en el cáncer tenemos que conocer las proteínas implicadas. Suelo poner como ejemplo que las células funcionan como pequeñas máquinas, como el motor de un avión. Si se quiere ver cómo funciona y lo que falla en el motor hay que destriparlo para ver cómo son las piezas, cómo se mueven, cómo es el mecanismo del motor y qué pasa cuando hay algún fallo. La biología estructural hace eso. Las células funcionan con proteínas, que son pequeñas máquinas, y se trata de definir la estructura de esas piezas. A partir de esa estructura tridimensional hay que entender cómo funcionan y qué falla cuando hay una mutación que genera el cáncer. Además, cuando queremos diseñar un compuesto que funcione tenemos que conocer esa estructura tridimensional para ver qué zona de la proteína tenemos que bloquear. Los compuestos que se hacen se unen a las proteínas en sitios concretos para bloquear aspectos concretos.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, una proteína se une a otra y eso causa que la célula crezca. Tenemos que generar un compuesto que bloquee el sitio por donde se une para que no lo haga. Esa información tridimensional es el punto de partida para el diseño de una droga.

Al final van a la raíz del problema. No se puede solucionar algo si no se sabe qué falla.
Efectivamente. Las nuevas terapias están basadas en entender esos mecanismos. Hasta ahora las terapias más generales estaban basadas en causar daños generales a las células.

¿Como la quimioterapia, que daña células malignas y sanas?
Sí. Es un poco así aunque se espera que las células sanas resistan más que las otras. Realmente las nuevas terapias se dirigen a proteínas concretas que se sabe que son responsables de que algo funcione mal. Por eso, esas nuevas terapias van asociadas a conocer los fallos moleculares de cada tumor.

“La evolución que el tumor tiene en cada persona puede ser distinta para un mismo tipo de tumor”

¿Ese conocimiento se traslada ya a la clínica, al paciente?
Sí. El conocimiento nos permite decir cuándo debemos atacar. Después cuando se generan nuevas moléculas se ve cómo responden los pacientes y se intenta caracterizar qué tipo de cambios moleculares tienen los pacientes que han respondido bien respecto a los que no han respondido.

¿Dentro de su programa estudiarán también nuevos compuestos para fármacos?
No, esa parte no. Es importante resaltar que la complejidad del cáncer hace preciso equipos multidisciplinares. Cada técnica y cada visión necesita un trabajo muy específico. El entorno del centro, del CNIO, permitirá que salgan frutos gracias a la colaboración de distintos grupos.

Rompe con la idea del investigador encerrado en su laboratorio.
Sigue siendo válido para responder a preguntas concretas. Pero realmente eso se queda pobre. Se necesita una aproximación multidisciplinar que englobe la clínica, la investigación con células, con modelos animales y la química.

¿Se puede relacionar esa visión molecular con los hábitos de vida de los pacientes, por ejemplo?
Somos una combinación de la genética y de lo que nos llega de fuera. En el caso del cáncer hay, además, un componente de azar. El tumor empieza siempre por unas mutaciones, por algún fallo en el DNA, que se puede producir en distintos sitios. Está generado por la propia actividad celular y también influyen factores externos: tóxicos, exposición solar, etc. La célula tiene mecanismos para intentar reparar un fallo pero eso tiene un límite y algunas no lo consiguen reparar bien. Si se trata de un gen esencial y no se repara bien, la célula se convierte en pretumoral.

“Los recursos que dedica el país a la ciencia son bajos”

¿El programa persigue algún objetivo concreto?
Hay dos ramas. Una de ellas es un trabajo sobre la reparación del DNA y la inestabilidad genómica. La célula tiene mecanismos, que son proteínas, que están buscando errores en el DNA para repararlos. Cuando esos sistemas no funcionan adecuadamente es parte del principio. Parte del programa se dedica a estudiar algunas de las moléculas que funcionan en ese intento de reparar el DNA. El conocimiento igual se aplica diez años después o lo más inesperado da la clave.

La investigación parece apasionante pero precisa mucha rutina.
Cada aspecto requiere bastante trabajo. A veces una investigación publicada implica el trabajo de una persona durante dos o tres años y la colaboración de muchas otras. Hay una fase más rutinaria y días en los que dices: ‘¡Mira qué he visto!’.

¿Cómo es ese día?
Son días muy bonitos. La gente suele decir siempre que por ese día merecen la pena todas las amarguras. Los experimentos son complicados, muchas cosas fallan y cuando llega el resultado se disfruta mucho.

En cualquier caso la investigación requiere paciencia...
Ahora más que paciencia hablan de resiliencia. Ser resistente a los fracasos del día a día, a las pequeñas frustraciones. Lo normal es que los meses estén llenos de eso. Pero se avanza y se ha unido también la revolución tecnológica: cada vez hay mejores técnicas, hacemos las cosas más rápido y obtenemos más información.

A la paciencia y resiliencia hay que unir los recursos económicos ¿Se avanza también o siguen estancados?
Los recursos que dedica el país a la ciencia de acuerdo a su peso económico son bajos comparados con países similares de nuestro entorno. Las diferencias son abismales. Una persona joven en Alemania que tenga ideas y es seleccionada para hacer algo novedoso entra a un sitio y tiene un buen salario y millones para equipamiento y contratar gente. Aquí en un proyecto del Plan Nacional le dan cien mil euros para tres años. Yo he sido afortunado porque he contado con financiación y la apuesta por el CNIO es porque es un centro bien financiado. Pero se van generando unas pocas islas de centros de excelencia que funcionan bien y se están secando las universidades, centros más pequeños...

¿Qué consecuencia puede tener?
Puede hacer que el sistema no funcione. Si no tenemos gente buena en las universidades no se va a formar bien. Y las personas que contratamos para los proyectos se han formado en otros grupos. Hace falta un entorno favorable. Los números actuales no tienen sentido en el contexto en el que nos movemos.

Hace falta más dinero.
Sí. Hace falta más dinero. Es necesario tener una masa crítica de gente haciendo cosas. A veces se transmite desde la administración la necesidad de tener conexiones con la empresa. Pero si no hay una masa crítica de gente trabajando no salen las cosas. Y además no es posible si no hay financiación... manejas unos números que no son realistas para lo que tiene que salir. Tiene que haber más dinero porque, al final, también acaba revirtiendo.

¿De qué manera?
Si alguna empresa contacta con nosotros para un proyecto puedes dedicar una persona pero cuando no hay recursos dedicas a esa persona a mantener lo básico del laboratorio. Las posibilidades de transferencia de información de lo que se descubre a la empresa y al tejido productivo requieren que haya movimiento. Si solo nos vamos manteniendo no hay mucha alegría.

DNI

Óscar Llorca Blanco, tudelano del 10 de enero de 1968, casado, se doctoró en Biología Molecular en la Universidad Autónoma de Madrid y tras una estancia postdoctural en el institute of Cancer Research en Londres se incorporó al Centro de Investigaciones Biológicas del Centro Superior de Investigaciones Científicas, donde dirigió su grupo y ocupó la vicedirectoría.

Ha sido miembro de comités de evaluación del European Research Council y del comité científico externo de Biofísica del CSIS/UPV. Y es gestor del Programa de Proyectos de Investigación en Biología Molecular y Celular del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.


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