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SALIDARIDAD

La asociación de daño cerebral busca 'regaladores' de tiempo libre

La asociación homenajeó ayer a voluntarios y presentó una campaña para encontrar unos 20 nuevos colaboradores

Foto de familia de la Asociación de Daño Cerebral de Navarra con voluntarios,  afectados y trabajadores, en su centro de Mutilva.

Foto de familia de la Asociación de Daño Cerebral de Navarra con voluntarios, afectados y trabajadores, en su centro de Mutilva.

Actualizada 27/06/2017 a las 07:46

La prometedora carrera como futbolista de José Luis Herrera se truncó cuando le detectaron una lesión en el corazón al hacer las pruebas del Real Madrid. Creyó entonces que su vida “se partía”. Pero el golpe más duro estaba por llegar: su hijo Gorka sufrió a los 15 años un accidente de tráfico que le ocasionó un severo daño cerebral. Sus palabras, pronunciadas con voz quebrada por las lágrimas, anudaron el estómago de quienes le escucharon el lunes . Herrera revivió su experiencia en un acto de homenaje a los voluntarios organizado por la Asociación de Daño Cerebral de Navarra (Adacen), de la que él es presidente. Y lo hizo para reconocer la labor de las personas que de forma altruista colaboran con los afectados por daño cerebral. “Los voluntarios son seres singulares. Realizáis una labor callada e impagable. Regaláis un tesoro como es vuestro tiempo. Gracias por ser. Gracias por estar y por compartir”.


Los aplausos llenaron una sala con la sensibilidad a flor de piel. El director de la asociación, Francisco Fernández Nistal, tomó la palabra para hacer un llamamiento a la sociedad. Presentó una campaña de captación de voluntarios, que se desarrollará en los próximos días a través de carteles y redes sociales. Se necesitan una veintena de voluntarios, diez de ellos para que unos treinta afectados puedan ir una semana de vacaciones a la playa.


El directivo no pudo terminar su exposición. Un enfermo de daño cerebral, Ricardo Elcarte Elcarte, le interrumpió. Quería recordar a un voluntario que no estaba allí, un tal Jesús, que según dijo le lleva puntualmente todas las semanas a almorzar huevos de codorniz. “Bueno, pero quería también deciros de parte de los usuarios que muchas gracias a todos los voluntarios. ¡Ojalá no os canséis nunca de venir y que nos soportéis mucho tiempo!”. La temperatura emocional volvió a subir. Entonces, el director de la asociación se dio por vencido. “Poco más tengo que decir”, concluyó.


Fue el momento de homenajear a cinco voluntarios: Iker Goñi Medrano, Fausto Bayo, Alicia Urriza, Fernando González y Magdalena Ramírez.


Ser mayor de edad y tener ganas de ayudar son los dos únicos requisitos que se piden a los voluntarios. El tiempo que las personas interesadas están dispuestas a comprometer está abierto a las posibilidades de la persona voluntaria: desde dos o tres horas semanales, a fines de semana o una semana para quienes ayudan en las vacaciones.


Adacen cuenta con 44 voluntarios, de los que el 70% son mujeres. “Un voluntario nunca viene a sustituir a un profesional. Les damos formación y sólo acompañan. Tampoco incurren en gastos y viajan asegurados”, detalló el director de la asociación. “Os aseguro que es una experiencia enriquecedora para las dos partes”.

 

Iker Goñi Medrano, voluntario: “Mi abuelo recibió afecto de Adacen”

 

Su abuelo sufrió un ictus que le dejó serias secuelas . Iker Goñi Medrano, vecino de la Chantrea, tenía entonces 10 años, pero la convivencia diaria con su abuelo, que acudió durante once años a Adacen algunos días a la semana, le ha dejado una huella. Cuando en la universidad vio la posibilidad de colaborar como voluntario y en el listado de opciones leyó Adacen, no se lo pensó. “Quiero devolver el cariño y afecto que le dieron a mi abuelo. Nos ayudó mucho a la familia y unas horas no suponen mucho”, dice este estudiante de ingeniería.

 

Magdalena Ramírez, voluntaria: “Pensaba que no era capaz”

 

“Pensaba que no iba a ser capaz. Pero he visto que eso es una excusa. Todos podemos”, contaba ayer Magdalena Ramírez Flores. Cuatro hijos y tres nietos, más sus clases en la universidad a distancia, no le impiden a esta enfermera jubilada dedicar todas las mañanas de los lunes a Adacen. “Jugamos al dominó, escucho mucho, damos un paseo... Es una experiencia impresionante. Cuando cuento cosas que me pasan con estas personas mi familia y amigos se quedan impresionados. Es que no se les conoce. Ellos te dan mucho más”.


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