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Una navarra, la única profesional del fútbol sorda de España

La jugadora de Biurrun Eunate Arraiza Otazu, enrolada en el Athletic de Bilbao y con pasado deportivo en Lagunak, se codea con la élite del balompié. El año pasado jugó la champions femenina. Es la única profesional de fútbol con discapacidad auditiva en españa y posiblemente en Europa

La navarra Eunate Arraiza es la única futbolista profesional con sordera

La jugadora de Biurrun Eunate Arraza, enrolada en el Athletic de Bilbao y con pasado en el Lagunak, se codea con la élite del balompié.

Javier Sesma
En medio de un campo de cereal en Biurrun, Eunate Arraiza Otazu, de 25 años de edad, sostiene un balón en un brazo.

En medio de un campo de cereal en Biurrun, Eunate Arraiza Otazu, de 25 años de edad, sostiene un balón en un brazo.

28/05/2017 a las 06:00

"Mi hija no es sorda. Es sorda, sorda, en un grado profundo”. Lourdes Otazu Loitegui habla hoy con naturalidad de la discapacidad que afecta a su segunda hija, Eunate, atemperado el torrente de desolación que le sobrevino cuando supo de su escucha silenciada para siempre.“Tendría dos años, más o menos”. La pequeña, que hasta entonces balbuceaba como cualquier niño a su edad sin emitir aparentes síntomas de preocupación, no respondía a señales externas que excediesen de su campo visual. “Fue un trauma”. Álvaro Arraiza Azparren como su mujer, Lourdes, acogieron el “duro golpe” sin respirar pero tampoco sin ceder al mínimo resquicio de abatimiento. “Unos decían que a sus hijos les habían afectado una vacuna. Igual pudo ser, no lo sé”. La incógnita quedó rezagada a un segundo plano por el apremio de la necesidad.


23 años después de aquel lance imborrable en su memoria este matrimonio de Biurrun, dedicado a la actividad agrícola ganadera, celebra la meta deportiva alcanzada por su hija, que mirado con el prisma de la objetividad, sin alardes de desmesura, es un ejemplo digno de admiración.

En cada desplazamiento a Bilbao o a las ciudades de los rivales del Athletic, donde juega Eunate desde hace cinco temporadas, el padre no pierde detalle de sus evoluciones por la banda izquierda. Desde la grada, aunque no lo exprese de palabra, siente en su interior un orgullo sano.

No en vano contempla un paso de gigante en el nada fácil camino de la superación para la única jugadora sorda de fútbol profesional que hay en España y posiblemente también en Europa. Campeona de liga en la temporada pasada en una cada vez promocionada Primera División femenina, que le catapultó al escaparate de la Champions League, fue la primera jugadora con discapacidad auditiva que jugó en La Catedral, el anticipo del actual San Mamés. Escenarios de igual postín, como el Vicente Calderón en su año de despedida, han acogido su destreza con el balón y, lo mejor, su habilidad por sortear su merma auditiva, que no le impide, sin embargo, hablar con claridad: “Soy una persona más. No soy diferente a un oyente. Lo único es que tengo que esforzarme en lo deportivo, en lo personal y en lo académico. Me esfuerzo más. Me han educado así desde pequeña”.


Como dice su padre, “se podrá ganar o perder”, pero Eunate ya ha vencido en el duro encuentro que es para muchos discapacitados la aceptación. “Es una gran satisfacción verle cómo le quieren en todos los sitios donde va”. Posiblemente, el valor del afecto cobra mayor relevancia cuando ha arreciado la necesidad.


El milagro que le hace saltar al terreno de juego a Eunate sin complejo y con la mayor naturalidad del mundo se obra por una férrea voluntad y también por las ventajas de un implante que le ayuda a comprender y a traducir los sonidos externos. A los ocho años, su escucha, hasta entonces dependiente de unos audífonos, se afinó. El cambio llegó con un implante coclear en una intervención de quirófano. El mecanismo, completado con un procesador de sonidos prolongado en un imán oculto bajo su cabello, le conecta con el exterior. Escucha los botes del balón, como las indicaciones de sus compañeras o desde la banda. Los adelantos técnicos suplantaron un modelo anterior que le obligaba a jugar, en su etapa en Lagunak, con una petaca enganchada al pantalón por la parte interior y un cable por debajo de la camiseta. Según dice, nunca tuvo problemas. Más allá del apoyo técnico está la atención que presta en los partidos como si la disputa de un balón fuese la última.


En esa puesta en juego de los cinco sentidos, la experiencia le es útil en la búsqueda de referencias provechosas. Como lateral izquierdo, dice que se fija en la línea que describen sus compañeras de la defensa. Jugar en posiciones atrasadas le confiere además una mayor perspectiva sobre el césped. Antes, cuando se fajaba en puestos más adelantados, ya fuese de centrocampista o de extremo izquierda, su padre le daba un consejo: “Eunate, atiende. Tú, cuando veas venir el balón, haz como Xavi, que mira a un lado y a otro”. La estrategia del ex capitán del Barcelona no hizo sino fortalecer sus cualidades.


Como excepción a la normalidad que caracteriza su participacion en el fútbol profesional, antes del inicio de las contiendas, el árbitro recibe una advertencia de la delegada del equipo: “La número 14 juega con un implante”. En una ocasión un colegiado no quedó satisfecho con la información. Exigió comprobar el aparato externo, oculto bajo el cabello. Las dudas se resolvieron con la intervención del médico del Athletic. También Rubén Berrogui, quien fuera su entrenador en sus dos últimas temporadas en Lagunak, evoca las indicaciones previas que había que realizar como formalismo ante los árbitros. Eso y que el colegiado tuviese cierta condescencia con la entonces extremo veloz que, con el 8 a la espalda, se libraba a la carrera de sus rivales. “Si pita un fuera de juego y la ve que sigue corriendo, sepa usted que es sorda”, atendía por explicación el juez de la contienda.

 

UN DÍA, EN LA CONSULTA


Incansable al desaliento y “ejemplo de humildad” como la recuerda su último entrenador en el equipo de Barañain, no reparó en su limitación hasta un día en que se cruzó con ella en el centro auditivo de Gaes donde trabaja el técnico como visitador médico. “Llevaba dos meses entrenando conmigo y no sabía nada. Me la encontré con su madre en el gabinete y lo primero que pensé fue que había acudido como acompañante”. La realidad le descubrió su faceta humana. “Era trabajadora al 100%. Ayudaba mucho al equipo y no hacía nada por llamar la atención, cuando realmente marcaba la diferencia como jugadora”.


En 2012, sus vidas deportivas se separaron. Dice Eunate que su entrenador “sabía desde principio de temporada del interés del Athletic” pero que guardó su secreto hasta que, en el último partido de liga, el Lagunak confirmó su permanencia. En medio del júbilo compartido, la jugadora de Biurrun recibió la novedad. A poco que se dé rienda suelta a la imaginación no es difícil imaginarla con el brillo de sus ojos iluminando su rostro al escuchar la propuesta. “Lo raro es que no le llamasen antes”, destaca como halago Rubén Berrogui.


Dentro de su timidez, la expresividad y ante todo la intuición por buscar y aprovechar referencias y alternativas a su alrededor dan solidez a su carácter de luchadora. Para su padre, Eunate -hermana de Nuria y Montse-, fue una niña “vivaracha”, con sus ojos interrogantes de cualquier novedad que le resultase de interés. Antes de ingresar en el colegio de Teresianas, en medio de la búsqueda de recursos educativos que estimulasen su gran potencial de conocimientos, sus padres tocaron las puertas de la Administración foral. “Al principio nos decían que tenía que ir a un colegio de sordos”. Los contactos con médicos y logopedas les abrieron los ojos y también sus oídos: “¡Que vaya a un colegio de oyentes !”. Obtuvieron de los especialistas un segundo consejo, que es máxima para el padre: “Que se fastidie Eunate. Tú Álvaro, me decían, exígele el 300% para que haga el 50”. Esa consigna causó, en cierta ocasión, más de un interrogante: “Le exiges demasiado”, recuerda que escuchaba Álvaro Arraiza, ex jugador del Izarra. “Y sigo exigiéndole”, confiesa.

 

 

SIEMPRE CON EL BALÓN


En esos primeros años de búsqueda de apoyos y aprendizaje, el matrimonio Arraiza Otazu, con el respaldo de familiares, acompañaba a su segunda hija a una sesión de logopedia antes de que comenzasen las clases a las nueve de la mañana en Teresianas. Para estar puntual a la cita de las ocho, ponían rumbo su coche a Pamplona desde su casa en Biurrun.


La pequeña “vivaracha”, que “era la primera en apuntarse a lo que hiciese falta” iba creciendo con sus dos audífonos. Se esforzaba por atender en primera fila las explicaciones del profesor y si pedían voluntarios para formar un grupo de canto, allí que alzaba la mano. Sólo que no perdía de vista una cosa: el balón. “En los recreos o las horas libres”, como rememora, sus compañeros le buscaban para formar equipo. Con 7 años, Lidya Muruzabal, coordinadora del fútbol base femenino en Lagunak, se fijó en su afición apasionada en fiestas de Muruzabal, origen del padre. “¿Por qué no te animas a venir?”. Ahí empezó su idilio con el fútbol, que le brindará dos años más en el Athletic para continuar dando ejemplo de superación. Hoy día, a la par de convivir en la residencia de Derio del equipo bilbaíno y de ejercitarse en Lezama, está terminando “un ciclo superior de paisajismo en mundo rural, en jardinería”. El empeño personal le ha valido en estos últimos años para obtener el título de grado superior en gestión agropecuaria, participar de un programa formativo de entrenador y cursar estudios, sin completarlos, de ciclo superior de interpretación de lenguaje de signos.


Su sueño profesional es el fútbol pero, cuando se acabe su etapa deportiva, se ve unida al negocio familiar en el cuidado de 6.000 cerdos de engorde. Al igual que sus hermanas, si es el caso y puede, ayuda en la faena, ya sea en la descarga de un camión, conduciendo el tractor o lo que resulte menester. Echando una vista a su pasado, sólo tiene palabras de agradecimiento: “A mi familia, a mis amigos de Biurrun, a mis amigos en general, a los logopedas, al colegio Teresianas, al equipo del Lagunak, a la escuela agroforestal de Villava, a la escuela agraria de Derio, y por supuesto al Athletic”. A su padre no se le olvida un detalle. “Al terminar un partido, todas las jugadoras fueron a la grada a saludar a unas personas en sillas de ruedas”. Por supuesto ahí estaba Eunate. Álvaro, que vio el gesto del conjunto, se emocionó.

 

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