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TSJN Tribunal Superior de Justicia de Navarra

El acusado de aparcar borracho en el garaje de la policía culpaba al GPS

Así lo ha asegurado durante el juicio el agente que se encontraba en el aparcamiento el día en el que ocurrieron los hechos

La llegada en vídeo de conductor ebrio al garaje de Policía Municipal de Pamplona

Un conductor ebrio accede por error al garaje de Policía Municipal de Pamplona

Imagen del garaje de Policía Municipal de Pamplona.

Imagen del garaje de Policía Municipal de Pamplona.

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Actualizada 26/05/2017 a las 08:26
  • diario de navarra. pamplona

El vecino de Pamplona que el pasado 7 de mayo de madrugada entró por error en estado de embriaguez en el garaje de la Policía Municipal no se presentó al juicio que tuvo lugar este jueves.

La fiscal, que bajó de 10 a 6 meses su petición de prisión por negarse a la prueba de alcohol, consideró la atenuante de ir influenciado por el consumo de alcohol.

La única versión que salió a relucir fue la de los dos policías municipales que lo vieron aparcar en sus dependencias, al confundirlas con un parking público, el pasado 6 de mayo. “Estaba borracho perdido”, “el olor a alcohol era terrible”, “golpeaba el navegador y decía que no funcionaba”, “sacó una cerveza de la guantera y se la quería beber”, “me llamó pitufa”, “era incapaz de meter la llave”, fueron algunas de las frases que expusieron los agentes para describir el estado del conductor, de 38 años, aquella noche.

La fiscal pidió para él 6 meses de prisión por negarse a realizar la prueba de alcoholemia y 4.320 euros por otro delito contra la seguridad vial, así como la prohibición de conducir vehículos a motor durante 5 años. Su defensa se limitó a pedir la absolución, algo que no pudo argumentar ante la ausencia de su cliente.

El conductor, que ya en 2011 fue condenado a 30 meses sin carné por conducir bebido, entró en el parking de la Policía Municipal de Pamplona a las 3.50 horas. La vigilante vio llegar el coche, “conducido por un hombre y de copiloto una mujer”, pero no le llamó la atención. Solo al ver que nadie se bajaba, se acercó. Del coche salió entonces una mujer, que al ver a la policía salió corriendo. “Ni siquiera le vi la cara”.

La agente se dirigió a la puerta del conductor y golpeó en la ventanilla. “La bajó y el olor a alcohol era terrible”. Le preguntó qué hacía allí y él respondió que estaba aparcando, que había visto una plaza libre y que había metido el coche.

“Pero esto no es un parking, es una comisaría”, le respondió ella. Entonces el conductor comenzó a golpear insistentemente al navegador. “Esto no va, esto no va”, decía en un estado de “mucha excitación”. En un momento dado, el conductor propuso a la agente, a la que llamaba “pitufa”, que solucionaran el tema entre ellos. “Mira, te sientas aquí, me sacas el coche y lo dejamos todo como está”, le propuso con el motor apagado e incapaz de meter la llave en el contacto. Debido a su estado de alteración, la agente decidió llamar al retén.

DECÍA QUE ÉL NO CONDUCÍA

La fiscal preguntó a este policía cómo se encontraba el conductor. “Estaba borracho, borracho perdido”, respondió. No encontraba la documentación del coche ni tampoco llevaba la personal. “Se sacó una lata de cerveza de la guantera y se la quiso abrir. Se la tuve que quitar”.

Para entonces, ya se había pasado al asiento del copiloto y esa era su razón para no someterse a la prueba de alcoholemia. “Repetía que nadie le había visto conducir y que no iba a hacer ninguna prueba porque él no conducía. Le hicimos varios requerimientos, esperamos a ve si se calmaba y le advertimos de que podía cometer otro delito, pero se negaba con rotundidad a someterse a la prueba de alcoholemia”.

Como su comportamiento era “difícil” e imprevisible - “No sabía si me iba a soltar una patada o algo”-, le llevó del brazo hasta el retén, donde no se quiso sentar. “No hablaba con normalidad, estaba muy alterado y se atropellaba. Se le notaba mucho la influencia del alcohol”. Al final se vino abajo y empezó “a hablar de sus hijos” y pidió un vaso de agua. Pero seguía negándose a realizar la prueba del alcohol.

Tan evidente le pareció a la fiscal su estado que rebajó su petición de condena por negarse a la prueba de alcohol a seis meses de cárcel (antes del juicio pedía diez), aplicándole la atenuante, precisamente, de ir bajo los efectos del alcohol. La defensa solo intervino para pedir la absolución por mandato de su cliente, sin conocer los motivos de su incomparecencia. El Juzgado de lo Penal nº 1, el mismo que le condenó en 2011, dictará sentencia.


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