Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
Meteorología

Golpe de calor a finales de mayo

El calor aprieta con fuerza en todas las comarcas navarras

Una persona y su mascota refrescándose ayer en Pamplona.

Una mujer pasea a su perro en Pamplona

EFE
25/05/2017 a las 06:00
Etiquetas
  • Javier María Pejenaute

El fuerte calor irrumpe con ganas en las postrimerías de mayo, a las puertas del verano meteorológico que abarca los meses completos de junio, julio y agosto, y a algo menos de un mes del verano astronómico que comenzará el 21 de junio. Ramalazos veraniegos después de una primavera bastante seca y cambiante, con días de contrastes acusados.

Ahora tenemos un golpe intenso de calor. A partir del miércoles nos acercamos al estío de la mano de una situación duradera de sur. Una enorme cúpula cálida que se extiende desde el norte de África hasta el Sur de las islas Británicas corona nuestro territorio. Asimismo, una potente borrasca situada en el Atlántico nos envía por su lado oriental masas de aire tropicales cálidas del suroeste de procedencia africana. Éstas se calientan al paso de los sistemas montañosos peninsulares y dan lugar a un periodo de calor de finales de mayo, una especie de verano adelantado.

Si esta misma situación atmosférica sucediera en pleno julio o agosto, nos estaríamos achicharrando. Al ser adelantada, lo que ocurre es que las masas de aire africanas no son tan intensamente cálidas, el sol no está todavía tan alto en el horizonte, no hay tantas horas de sol para calentar (menos de quince horas de luz y más de nueve de oscuridad), y además, refresca lo suficiente por la noche como para poder conciliar el sueño. O sea, más que ola de calor, lo más correcto es hablar de episodio o golpe de calor.

Estos golpes de calor en esta época del año, más frecuentes en junio, duran alrededor de una semana y con altibajos. Finalizan, en esta ocasión seguramente el domingo, con la formación de núcleos tormentosos o bien con la llegada de masas de aire más templadas que sustituyen a las cálidas anteriores.

El calor aprieta con fuerza en todas las comarcas navarras. Las jornadas resultan algo más moderadas, como es normal, en los valles pirenaicos y en las zonas montañosas. En el resto, el fuerte calor es la nota dominante. En el punto culminante del episodio, las temperaturas máximas no suelen andar lejos de los treinta y cinco grados en la Ribera y en los lugares más cálidos de Navarra Media, y superan ampliamente los treinta grados en la cuenca de Pamplona, e incluso, en los lugares más cálidos de los valles Cantábricos, próximos al nivel del mar.
Pero conviene matizar un poco, sobre todo para los que temen el calor excesivo. Hay que tener en cuenta que no estamos en verano y que las temperaturas mínimas, salvo en el valle del Ebro, no suben de los quince grados; eso quiere decir que refresca lo suficiente por la noche como para poder conciliar bien el sueño, ventilar bien la casa, y tener un confort climático mejor.

¿Es normal este calor a estas alturas del año? No es lo habitual, pero tampoco es excepcional. Las efemérides nos muestran una enorme variedad de tiempos contrastados y meteoros diversos en estas fechas de finales de mayo. Expresiones tales como que el calor aprieta igual que si estuviéramos en pleno agosto y que cuatro días después, parezca que haya llegado el invierno, eran y siguen siendo frecuentes.
Veamos algunos ejemplos. En 1903 hacía un calor sofocante, la cosecha estaba perdida y era muy molesto transitar por las calles de la capital en las horas centrales del día. En 1906 hubo un cambio brusco de tiempo en Pamplona, y se pasó en ocho días del invierno al verano; en la madrugada del día 22 de ese año, el termómetro marcaba un grado y medio bajo cero y el día 30, ocho días después, el mercurio se disparaba por la tarde a los 32 grados. En 1923 se achacaba a los cambios bruscos de tiempo la cantidad de gente resfriada que había; después de disfrutar de varios días de sol, apareció, repentinamente, la lluvia y el frío, y se pasó, en un abrir y cerrar de ojos, del calor al frío.
Más recientemente, en 1987, la cosecha de cebada en la Ribera fue desastrosa con unas pérdidas estimadas de un setenta por ciento, debido a la falta de lluvias de abril y a las temperaturas elevadas de mayo. Hace cinco años una lengua tropical llegó hasta Navarra; las temperaturas se dispararon y superaron los treinta grados (Pamplona 30,9º, Santesteban 32,7º, el Yugo 33º). Y un año después, con un pie en el mes de junio, todo lo contrario; las crónicas decían que el verano se estaba haciendo de rogar y se demandaban más prendas de abrigo que bañadores.
En definitiva, hay recordar que mayo es un mes con un grado elevado de inseguridad pues nos encontramos en un período de transición entre la primavera que se va retirando y el estío que tímidamente comienza a despuntar. Es normal que se sucedan, a veces de forma brusca, tiempos contrastados, en una Comunidad como la nuestra que se encuentra en una zona de transición entre dos medios totalmente distintos, cantábrico y mediterráneo, y sometida caprichosamente a dos masas de aire opuestas, la polar y la tropical.

Javier M. Pejenaute Goñi es doctor en Geografía e Historia, especialidad climatología


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo DN+
VER EL CONTENIDO COMPLETO
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra