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Aguaceros de mayo y cambio brusco de tiempo

Mayo, a saltos. Hemos pasado, en un abrir y cerrar de ojos, del calor al frío, del bochorno sofocante al cierzo refrescante

Esta semana se han dado altas temperaturas y aguaceros tormentosos

Esta semana se han dado altas temperaturas y aguaceros tormentosos acompañados de un golpe de frío.

efe
Actualizada 20/05/2017 a las 10:52
  • Javier María Pejenaute

Qué días de calor pesado hemos padecido! La lengua cálida llegada de África nos ha dejado aplatanados a mediados de mayo. Y esta misma semana hemos tenido todo lo contrario: aguaceros tormentosos acompañados de un golpe pasajero de frío.

Mayo, a saltos. Hemos pasado, en un abrir y cerrar de ojos, del calor al frío, del bochorno sofocante al cierzo refrescante; en fin, de la manga corta a una ropa más abrigada. Decimos que el tiempo está loco y no es para menos, puesto que los cambios bruscos aparecen continuamente. Por todo ello, la sabiduría popular nos aconseja no quitar el sayo hasta el cuarenta de mayo.

Las efemérides por estas fechas nos muestran una enorme variedad de tiempos contrastados. Expresiones tales como que el calor aprieta igual que si estuviéramos en pleno agosto y que cuatro días después, parezca que haya llegado el invierno, eran y siguen siendo frecuentes. Las crónicas no sólo hablan de calores, tormentas y muertos por rayos, sino de toda la letanía: inundaciones, granizo, sequías y rogativas.
Pero lo más llamativo, sin duda, han sido las intensas precipitaciones que se han registrado en toda la Comunidad y que han llenado nuestros ríos en una primavera en la que hasta ahora no se han prodigado mucho las lluvias.

La intensa precipitación caída se ha visto favorecida por la circulación ondulada en altura, propia de primavera, que ha propiciado la llegada de una potente y estirada vaguada fría. La presencia de aire frío en las capas altas ha dado lugar a fuertes movimientos verticales. Se trata de masas nubosas húmedas, porque vienen del mar y que, al llegar a Navarra, se inestabilizan y ascienden con rapidez, debido a presencia de aire frío en altura. Se forman, de este modo, células convectivas bastante activas.

La incidencia del relieve de los valles cantábricos y pirenaicos es fundamental. Las áreas navarras más afectadas están situadas a barlovento de las montañas del centro norte de navarra que actúan como auténticas pantallas condensadoras de humedad. Además, estas cadenas montañosas, al estar bien orientadas, actúan como murallones opuestos a las líneas de intestabilidad, dando lugar a obligadas ascensiones, que producen el llamado efecto de disparo orográfico, que se traduce en intensos aguaceros.

Si la inestabilidad es elevada, caen fuertes cantidades de lluvia en unos minutos, difíciles de ser absorbidas por el suelo y el agua fluye por los barrancos con una fuerza y rapidez excepcionales. Las características topográficas de los valles cantábricos favorecen la crecida inmediata de los ríos. Se trata de valles profundos, rodeados de fuertes pendientes y en cuyos fondos aparecen pocas y no muy amplias llanuras.

No siempre que hay frío en las capas altas se forman tormentas, pues es preciso que haya gran diferencia entre las temperaturas de superficie y de altura. Pero en general, la superposición de una bolsa fría, en forma de vaguada o gota fría sobre el anticiclón cálido de superficie, supone el ascenso de masas de aire y la posibilidad de formación de núcleos tormentosos.

Con este tipo de situaciones, la predicción no resulta sencilla. Los modelos informan de la presencia de tormentas; pero es difícil predecir el momento, la intensidad y la localización exacta del fenómeno, debido a que el factor local (orografía y topografía del lugar) desempeña un papel importante.

Dan un tiempo que se caracteriza por las intensas precipitaciones acompañadas de viento y granizo. Precipitaciones intensas en toda la Comunidad, pero sobre todo en los valles cantábricos y pirenaicos. También provocan fuertes lluvias en las comarcas secas de la Ribera y Navarra Media.

En algunas ocasiones se queda de temporal día o día y medio, las jornadas se tornan oscuras y los días se asemejan más a un retroceso que a un avance al verano. También se produce una caída brusca de las temperaturas, de tal manera que se pasa en un santiamén de valores propios del verano a jornadas fresquitas primaverales. En algunos lugares se puede resgistrar una cantidad de lluvia superior a treinta milímetros y no en mucho tiempo.

Estos cambios y aguaceros tormentosos, lejos de ser una excepción, forman parte de nuestra primavera y son debidos a las características de la atmósfera en esta estación. Las menores diferencias térmicas entre los continentes y los océanos propician la formación de una circulación ondulada en altura, que da lugar, a veces, en un corto espacio de tiempo, a jornadas bochornosas causadas por la llegada de masas de aire muy cálidas del suroeste, veranillos, y a otras frías, ocasionadas por la irrupción de aire lejano, que agravadas además por el cierzo, hacen descender bruscamente la sensación térmica.

Javier M. Pejenaute Goñi, es Doctor en Geografía e Historia, especialidad climatología.


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