Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa DN+ Tablet
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Guia de Salud
Menu Suplemento Salud
    Navarra
TRANSPLANTES

Al año del trasplante de corazón 300 en Navarra, la vida sonríe a Juan Ramón Marín

El tudelano Juan Ramón Marín Aguirre da “gracias a la vida” por la segunda oportunidad que le ha brindado y sigue rezando por las noches por el donante de su corazón. Hace un año, su vida dio un vuelco. De ahogarse por insuficiencia cardíaca ha pasado a disfrutar el día a día

Juan Ramón Marín sonríe a la vida un año después de su transplante

Juan Ramón Marín, protagonista del transplante de corazón 300 de Navarra, relata un año después de la operación cómo ha cambiado su vida. CORDOVILLA/ALTUNA

José Carlos Cordovilla/ Ibai Altuna
El día del primer aniversario del trasplante, Juan Ramón Marín Aguirre despliega un rostro feliz y sonriente en la Puerta del Juicio de la catedral de Tudela.

El día del primer aniversario del trasplante, Juan Ramón Marín Aguirre despliega un rostro feliz y sonriente en la Puerta del Juicio de la catedral de Tudela.

Actualizada 19/05/2017 a las 10:24

Cuelga de las paredes del bar Isidro, de Tudela, una retahíla de rostros y episodios aferrados a la historia del sentimiento. La inmortalidad que poseen por natulareza las instantáneas adquiere si cabe mayor significado bajo el cobijo cercano de la Puerta del Juicio, en la catedral tudelana. Un retrato de los exhibidos descubre a un entusiasmado hombretón, enfundado en la indumentaria blanca y el pañuelo rojo de fiestas de Santa Ana. “La foto está sacada justo doce horas antes de morir”. A pie de foto no escrito se puede leer el tributo dispensado por sus seres queridos a Jesús María Marín Aguirre, al que la vida se le fue en un instante. “Fue aquí, en este bar. Era nuestro amigo”. Quien le reconoce como tal es José Antonio Marín Mesa, “amigo y pariente” de su familia, que no pudo sino evocar su recuerdo cuando supo del mal cardíaco que acechaba a un hermano del fallecido. “¿Pero otra vez? ¿Se va a ir otro?”. Los interrogantes, mezclados de incomprensión e impotencia, comenzaron a poblar su mente con la sensación de revivir una experiencia conocida. Ante sus ojos se describría un nuevo capítulo de una espiral de sufrimiento que parecía encadenar a una misma familia. “En dos años, perdí a dos hermanos y a mi cuñada”, subraya Amalia Marín Aguirre. La vida, en cierto modo, estaba en deuda con su familia con una promesa de alegría que atemperase el duelo de 2012 a 2014.


Una noche de desvelos cambió su suerte. Su hermano menor, Juan Ramón Marín Aguirre, acababa de entrar en un quirófano de la Clínica Universidad de Navarra (CUN). Un nuevo corazón dibujaba un horizonte de mayor perspectiva que hasta entonces podía adivinar. Nueve horas de intervención, con el corazón en un puño, disiparon los presagios funestos que merodeaban la mente de la propia Amalia, de José Antonio Marín Mesa, File, y también de Alejandro Gil Navascués. Como no podía ser de otra manera, el éxito de la operación procuró en los tres un alivio. De la oscuridad de la noche brotó el amanecer de un nuevo día en las emociones que riegan el verdadero afecto en momentos cruciales. La vida concedía una segunda oportunidad al hermano y al amigo.


El jueves de esta semana -11 de mayo-, un año justo después del trasplante del corazón, los tres -Amalia, File y Alejandro- coincidieron con Juan Ramón en el bar Isidro en una tertulia amena de recuerdos pero también de augurios alegres. Patricia Peral Marín -sobrina del feliz paciente- participó también del breve encuentro, anticipo de la celebración del “primer año de vida” de Juan Ramón a sus 63 de edad. Todos ellos -como el resto de allegados y conocidos- pasaron hace un año de anónimos a protagonistas indirectos de un hecho reservado para los anales de la cirugía cardíaca en Navarra. Juan Ramón Marín Aguirre fue, por el azar siempre caprichoso, el destinatario del trasplante número 300 en la Comunidad foral.


“Sí que fue casualidad. Tuve suerte porque ese corazón me llegó a mí”, significa con agradecimiento el afortunado. La coincidencia de astros en la incertidumbre del destino quiso que fuese el receptor en una noche a la carrera en la que se confabularon circunstancias a su favor. La Clínica Universidad de Navarra -en colaboración con la Unividad de Insuficiencia Cardíaca del Complejo Hospitalario de Navarra- fue la tercera opción del ofrecimiento del la Organización Nacional de Trasplantes. Los dos primeros destinos renunciaron por razones ajenas. Había otra variable a tener en cuenta: el corazón “podía ser o no válido”. “Cuando escuché que era válido, me dije: ‘Que sea lo que Dios quiera’”.


La distancia del tiempo tiene el poder del sosiego para releer el pasado con una visión más objetiva. “El día de Reyes” de hace un año, Juan Ramón se sintió indispuesto. En el poco más de un kilómetro entre el bar Isidro y la avenida de Zaragoza pidió a su acompañante, su hermana Amalia, sentarse “tres o cuatro veces”. Sentía que el aire no le llegaba para mover sus más de 100 kilogramos en un sofoco nada halagüeño.

 

"HOY SE LE VE CON ALEGRÍA"


Hasta el 11 de mayo, la sucesión de noticias fue a cada cual peor. “Nos dijeron que ni siquiera podría ir solo de su habitación al baño”, rememora su nuera, Laura Martínez Valenzuela. “Subid, subid al hospital (Reina Sofía, de Tudela), que no...”. Ese ‘no’, recordado hoy con más calma por Patricia Peral Marín, queda en suspense en una frase premonitoria de un desenlace indeseado.


La recomposición de los acontecimientos descubre, no obstante, un anverso al pesimismo que se abatía en el entorno familiar. “Hace un año estaba con pie y medio mirando a San Pedro”. José Antonio Marín se concede una dosis de humor que antes difícilmente hubiese utilizado para describir el estado de salud y ánimo de su amigo. “Hoy se le ve con alegría, bromista, como antes”, se felicita a resultas del cambio observado.


La evolución fue temprana. “Al día siguiente” de la intervención, su aspecto era otro. “Justo en el viaje desde Tudela a Pamplona, su hijo y su nuera nos dijeron que el fin de semana siguiente tenían un bautizo y una comunión”, rememoran Alejandro Gil y José Antonio Marín. Como no podía ser de otra manera, ambos reaccionaron con su ofrecimiento para acompañar uno de los primeros días de convalecencia. Toda una prueba y un ejemplo de verdadera amistad. “Ya entonces se le vía que era otro, que volvía a ser él”.


El diagnóstico optimista de los dos amigos, antes que mudar a una preocupación, ha ido fraguando y mejorando con el tiempo. Un año después, “se le ve con nosotros, sus amigos, comiendo, cenando, paseando..., chiquiteando. Bueno. ¡Ojo, que él no bebe!. Se controla mucho”. Las bromas adornan la relación, si cabe hoy más ferrea, superado el mal trago que compartieron en la cuadrilla por la insuficiencia cardíaca que aquejaba a uno de sus miembros.


Los amigos son parte de esa trama que entreteje el día a día de Juan Ramón, seguro con las bocanadas de aire que le insufla también su familia. Hoy, con más seguridad “aunque también procurando no hacer grandes esfuerzos”, -como enfatiza su nuera-, acompaña a la escuela algunos días a sus nietas, Aitana y Carla. No deja de lado tampoco los ensayos que coordina con los gigantes en el barrio de Lourdes, donde vive. Su experiencia es un grado en el arte de bailar las figuras estilizadas. De su mano, aprenden a seguir sus pasos en la escuela de gigantes de Perrinche “menores, medianos y adultos”.


En su agenda personal, las fiestas de Santa Ana de este año aparecen rotuladas en rojo. Jubilado de los quehaceres profesionales de albañil, ebanista y empleado de gasolinera, se ha prometido a sí mismo despedirse de los gigantes con un baile ante la patrona de Tudela. Su corazón trasplantado regará las entrañas de una de las figuras ante la imagen de su devoción. A ella volvió el lunes de esta semana para dirigir una oración en la víspera en que había sido citado en la Clínica Universidad de Navarra para ser sometido a la prueba de control del año del trasplante.


Como tantas veces a lo largo del último año, en una sucesión de controles regulados para comprobar la evolución del nuevo órgano, Juan Ramón coincidió el martes con el que reconoció como “uno de su ángeles” que, a decir verdad, le salvó la vida. El director del departamento de Cirugía Cardíaca en la CUN, Gregorio Rábago Juan-Aracil, comprobó el resultado de“la foto finish” del corazón a los doce meses de ser colocado. “De lo que se trata es de comparar la prueba de los doce meses con la que se le hizo el primer mes. Si se ve que no hay cambios, hay buen pronóstico”. La advertencia tiene su lógica, sobre todo si comprende que “un organismo tiende a rechazar un órgano extraño”.


La adaptación fue -en este caso “francamente buena”. El veredicto partió de quien acumula buena parte de los 306 trasplantes de corazón efectuados hasta la fecha en Navarra. “Parar un corazón y verlo de nuevo latir me maravilla, me fascina”. Gregorio Rábago se sobrecoge con “la fuerza del primer latido”.


Lo hizo hace un año, cuando rodeado de su equipo, su mirada se detuvo en un monitor. El silencio de la espera, reconocido en una línea continua, cedió a un alivio y una alegría de corazón con el primer parpadeo en el registro. Una secuencia de picos inundó la pantalla. El trasplante se había efectuado con éxito. El paciente respondía.


Dormido aún, Juan Ramón despertaba a una nueva vida. “Mucha gente en Tudela me dice: ‘Juan Ramón, has vuelto a nacer’. Y así me siento. Cada día doy gracia por la vida. Cada día me acuerdo de la persona que me dio su corazón. Siempre he dicho que me gustaría conocer a su familia para darle las gracias. Ya sé que no lo puedo hacer”. Sin la intensidad de los primeros días, cuando supo de su buena nueva, sigue emocionándose. En su hábito no ha cambiado una costumbre: “Rezo cada noche por el donante. Él me salvó la vida”.

 

"TENGO GANAS DE VIVIR"


Probablemente, por sentirse agraciado con la segunda oportunidad que le ha ofrecido la vida, siente que ha de ser responsable en su cuidado: “Debo cuidarme por el esfuerzo que otros han hecho por mí. Con la muerte de una persona ha resucitado otra. Una vida ha dado otra”. La suya.


La mayor consciencia creada, cuando ha sentido de cerca el abismo, ha tenido un efecto en el cuidado de su cuerpo pero también en el modo de observar y de saborear cada segundo. Siente “otra manera” de disfrutar el instante por el valor que concede a las cosas y, sobre todo, a las personas.


“La gente me aprecia”, admite dando respuesta a los detalles recibidos antes y, sobre todo, después de que le cambiaron el corazón y con él, la vida. “Tengo ganas de vivir” .


“Estamos muy contentos por él”, se les escucha decir a su hermana y a sus amigos. “Está más animado, más alegre. Antes, todo le sentaba mal”, tercia su sobrina Patricia Peral. Una muestra de la recuperación lograda son las quejas secundarias que emite por dolencias comprensibles que no revisten mayor gravedad. “Cuando un paciente expresa su dolencia por un codo, la espalda o un dedo, es que la cosa va bien. Eso es buena señal. Quiere decir que todo va bien. Antes, su preocupación era que no podía respirar”, destaca el doctor Rábago.


Hoy hasta la hermana mayor de Juan Ramón sonríe cuando reconoce que “se enfada” porque no le hace caso a una advertencia “Es un buen síntoma”, se alegra la mujer. Seguro que en la inmortalidad de los recuerdos colgados en el bar Isidro, Jesús María comparte sus emociones.
“Me encuentro muy bien. Estoy animado. Siento que tengo un año de vida”, remata Juan Ramón. En su nueva etapa regalada, los nombres de sus hermanos fallecidos -Jesús María y Merche- y el de su mujer, Mari Carmen- están grabados en su corazón.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra