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Cáncer de mama

Cicatrices de esperanza

La carrera anual del cáncer de mama se lleva la popularidad, pero es el desfile de lencería donde las socias de Saray se desnudan en cuerpo y alma. Este evento se llevó a cabo el miércoles en un Planetario de Pamplona abarrotado. Siete mujeres de la asociación participaron en una pasarela de emociones. Una periodista de ‘Diario de Navarra’ que, como ellas, ha superado la enfermedad les acompañó en su intimidad y lo relata.

María Cemboráin, de 68 años, sufre su segundo cáncer de mama

La asociación Saray de Navarra organiza un evento en el que desfilan sus socias en ropa interior. Iván Benítez

Iván Benítez
María Cemboráin, la más veterana de las siete modelos que desfilaron en el Planetario sonríe a la recién llegada, Izaskun Echechipía. María se recupera de su reciente segundo cáncer. Izaskun fue sometida a una mastectomía el año pasado.

María Cemboráin, la más veterana de las siete modelos que desfilaron en el Planetario sonríe a la recién llegada, Izaskun Echechipía. María se recupera de su reciente segundo cáncer. Izaskun fue sometida a una mastectomía el año pasado.

07/05/2017 a las 06:00

"A enseñar el cuerpo, que para eso lo tenemos”. Quedan unos minutos para que comience el espectáculo, y María Cemboráin anima así a sus compañeras. Hay risas y complicidad, pero también inseguridad. Van a mostrar su cuerpo delante de otras personas, con poca ropa. Pero una vez que suena de fondo el equipo de música del Planetario y retumban los aplausos, llega la calma, la desinhibición, la diversión. Tacones, una bata, unos leggings y un sujetador. Y a desfilar.

María y seis compañeras más son las protagonistas de un desfile muy especial. Debajo de esos sujetadores de diseño que lucen con desparpajo, se esconde la huella de la enfermedad. En algunos casos, no hay pecho, no hay pechos. Quedan cicatrices y recuerdos. Historias de superación. Batallas que todavía se siguen librando. Pero desde los ojos de quien las mira no se atisba otra cosa que ilusión, ganas de disfrutar, liberación. Todas ellas son socias de Saray, la asociación que acoge en Navarra a los enfermos de cáncer de mama. Enfermos, porque también hay hombres, aunque sean un mínimo porcentaje. Pero en esta ocasión son ellas las que se lanzan a lucir las tendencias en lencería y ropa de baño para afectadas por la enfermedad.

El escenario del Planetario es de ensueño. Rodeadas de estrellas y galaxias, han decidido voluntariamente participar en este desfile, uno de los actos de más arraigo en Saray y quizá el más “emotivo”. Yaki Hernández, psicooncóloga de la asociación y una de las personas que mejor conoce a las chicas, así lo ve. La carrera anual del cáncer de mama se lleva la popularidad y la participación, pero es el desfile donde las socias se desnudan, en cuerpo y alma. “Es un reto salir a desfilar sin tetas o sin una teta. Son unas valientes. Me siento genial al verlas”, apunta Yaki.

Acercarse a ellas e intentar compartir un momento tan íntimo es aleccionador. Posan ante el fotógrafo con naturalidad, se muestran coquetas, permiten cualquier pregunta. Sufrir cáncer curte. Vaya si curte. Y estas mujeres, cuyo bagaje personal es tan duro, muestran tanta ilusión por la posible difusión de su pequeño gran reto que es imposible no admirarlas.

Un mal día de sus vidas recibieron la noticia de que sufrían cáncer, pero desde entonces han superado etapas y han llegado a la victoria más grande: lucir su belleza con cicatrices, sin tabúes y con esperanza.

IZASKUN ECHECHIPÍA “SI NO ME ANIMO AHORA A HACERLO, NO LO HAGO NUNCA”

Parece mentira, al verla desfilar como una actriz de cine de los años 20, que esta mujer resuelta y seductora en la pasarela debute en el desfile de Saray. Izaskun Echechipía Ciciro, de 49 años y parada, levanta exclamaciones de admiración en cuanto sale por el pasillo del Planetario. “Cuando me enteré de que había un desfile, me dio por ahí y me animé. Me parece que si no lo hacemos ahora no lo haremos nunca”, razona Izaskun.

Detrás de su look rompedor, pelo muy corto bicolor y sonrisa cautivadora, Izaskun vive una historia bien diferente. En agosto de 2016 fue diagnosticada con cáncer en el pecho izquierdo y fue sometida a una mastectomía. Está pendiente de reconstruírselo. “Desde que me diagnosticaron, no me había puesto en bañador. Hasta ahora, vestida con la ropa normal me he sentido bien, pero lo que no me parece tan cómodo son las prótesis, porque pesan y no transpiran. Espero que inventen un material mejor”, explica Izaskun en el cuartito donde se preparan.

Las chicas de las empresas colaboradoras se ocupan de que las modelos luzcan espléndidas. Hay orden de lista para que todo salga perfecto. En ese contexto, no hay espacio para pensar en el cáncer, en el pecho desaparecido. “Tengo amigas que se han hecho la cirugía estética para aumentarse el pecho. Ya no veo las tetas como algo tan importante”, manifiesta Izaskun, que va a tener en el desfile a dos animadores de excepción, su madre y su hija. Cuando se entera de que María Cemboráin va a posar para el fotógrafo con el torso desnudo, se ofrece sin dudar. “¡A mí no me importa!”. Y el resultado es pura complicidad, la veterana y la recién llegada, juntas.

MARÍA EGUARAS “SALIR A DESFILAR ME APORTA AUTOESTIMA Y CONFIANZA”

Para María Eguaras Gurbindo, de 52 años y con la incapacidad permanente absoluta concedida, es también la primera vez desfilando, a pesar de que lleva dos años de socia de Saray. “Me lanzo porque siempre he tenido ganas de modelar, de sentirme guapa”, revela esta mujer de rompe y rasga, y que a pesar de su cuerpo de adolescente es madre de un hijo de 24 años. Un hijo que le acompaña en el Planetario, como su hermano, su cuñada, su nuera y sus amigas. Más arropada, imposible.

“El año pasado estuve a punto de participar, pero al final me faltó el valor”, recuerda María. Ahora le sobra, en un duro momento de su vida que supera con coraje. El cáncer no dejó muchos estragos estéticos en su cuerpo, y luce una pequeña cicatriz, la secuela de que en la operación le quitaran un tercio de su pecho derecho. “Pero me lo reconstruyeron en el momento. Mi cicatriz es una bicoca, porque tuve suerte de que me lo detectaran enseguida”, aclara.

Sin embargo, después llegaron las peores noticias, y tener que pelear con una metástasis en el hígado. Ahora, el tratamiento se limita al anticuerpo, llamado Herceptin (trastuzumab), que se suministra durante unos meses a las afectadas con un tipo de cáncer que acumula copias del gen denominado HER2.

“Veo este evento como un símbolo de mi supervivencia. Salgo con vergüenza, pero enseguida me vendré arriba”, vaticina María Eguaras. Y acierta de pleno. Sus contoneos al ritmo de la música y su rostro iluminado no mienten: se lo está pasando en grande. “Salir a desfilar me aporta autoestima, confianza y seguridad”, añade María antes de ponerse en manos de las maquilladoras.

EVA BAILO “ES BUENO QUE SE DIGA QUE ESTA ENFERMEDAD EXISTE”

Eva Bailo Calvo, de 49 años y profesional de servicios, es una de las recién llegadas a Saray. Desde enero está de alta médica, después de haber sufrido una mastectomía izquierda. El año pasado se hizo socia. Enseguida se lanzó a participar en el anterior desfile. “Me gustó la experiencia y por eso repito. Me da vergüenza, pero alguien lo tiene que hacer”, afirma Eva.

La lencería que luce en el desfile no está adaptada a las mastectomizadas porque ella lleva expansor. No sufrió la dureza de los tratamientos químicos ni radioterapia. “Solo me dieron tamoxifeno (terapia hormonal destinada para los enfermos con células cancerígenas con receptores positivos de estrógenos, que modula su crecimiento y se suministra por unos cinco años). Dentro de todo, tuve suerte”, reconoce.

Tres hermanas, dos cuñadas, una amiga y dos sobrinos la animan cuando desfila. “Es bueno que se diga que esta enfermedad existe, y también las actividades que hacemos en Saray. Hay que decirlo”, reivindica.

EUKENE LECEA , “SE PUEDE SALIR ADELANTE Y HACER VIDA NORMAL”

Eukene Lecea Goldáraz, dependienta de tienda de alimentación de 54 años, vive su primer desfile. Se le ve nerviosa. “Se me está haciendo bolo, soy un poco tímida”, admite. Así cuenta su historia. “Este año estoy de baja. Después del cáncer, no podía seguir el ritmo de trabajo en la tienda. Sufría dolor crónico y como era carnicera, no podía cargar peso, despaletizar palés... y encima me ponían un tope horario. Me empezaron a doler las manos y me vi llorando por todo. En noviembre me diagnosticaron un cuadro depresivo. Por eso, he decidido que me quiero abrir y me he apuntado. Lo hago porque el otro día me hicieron una mamografía, me asusté mucho y no tengo fecha para el resultado. También porque quiero centrarme en hacer felices a los demás y no pensar en mis cosas. Se lo merecen todas las compañeras, para que vean que se puede salir adelante y hacer vida normal”, explica Eukene. Recién peinada por su hija Patricia, que es peluquera, no oculta su sonrisa. “Hoy me siento guapa e importante”, resume.

MARI CRUZ GARDE “ESTE DESFILE LO HAGO POR MI HERMANA, QUE MURIÓ EL AÑO PASADO”

Mari Cruz Garde Ilzarbe, 55 años, trabaja en un centro de farmacia en Nafarco. Organiza, da directrices, aconseja. Mari Cruz se hace notar en el desfile, siempre pendiente de que todo cuadre, de que las modelos hagan un buen trabajo. Está involucrada y concentrada en su papel. Esta joven y orgullosa abuela reciente de su primer nieto, se hace querer y respetar por todas. Pero, de pronto, Mari Cruz se derrumba. Sus compañeras se apresuran a abrazarla, y se confiesa. Ha salido a ensayar a la pista central del Planetario y le ha venido un triste recuerdo. “El año pasado, entre el público, estaba mi hermana Marian. Tenía un tumor en la cabeza y murió después. Volver a pisar este sitio me ha recordado a ella. Le encantaba lo que hacíamos en Saray. Venía a las excursiones con nosotras... Este desfile lo hago por ella, sé que me va a dar fuerza”, acierta a decir Mari Cruz antes de emocionarse de nuevo.

Pero no quiere seguir así, toma aire, se seca las lágrimas y sigue en su papel, con fuerza y determinación. Por Marian.

Como estas siete protagonistas, cada día cientos de mujeres luchan por sobrevivir a un cáncer de mama. Por seguir desfilando por la vida.

MARÍA CEMBORÁIN: "SIN TETAS TAMBIÉN HAY PARAÍSO"

Es la mamá de todas las voluntarias de Saray. Cariñosa y vitalista, María Cemboráin Labairu, administrativa jubilada de 68 años, no tiene reparo en mostrar su doble mastectomía. Han pasado 12 años de la primera, y hace tres meses le llegó el segundo susto. Pero ya se ha repuesto. No tiene pechos, pero es pura vida.

“Yo siempre digo, sin tetas también hay paraíso. Es mi manera de ser. Soy extrovertida, a veces digo hasta palabrotas. Esto no es fácil, pero hay que reírse de una misma”, sentencia. No siempre fue así. “Con el primer cáncer, me quedé muy mal. Sentí miedo a la muerte. Cuando me diagnosticaron, me dijeron que tenían dos noticias que darme, una buena y una mala. La mala es que tenía un tumor localizado y que en la anatomía patológica se había determinado que me tenían que quitar el pecho y los ganglios. Pegué con la frente en la mesa y pregunté. ¿Y cuál es la buena noticia? Y me dijeron: “María, que te curarás”.

María está casada, tiene dos hijos y dos nietos. “Mi familia no daba un duro por mí, porque soy muy sensible y pensaban que no iba a ser tan fuerte. Soy madre y abuela y cuando veo chicas jóvenes con cáncer me parece una putada”, espeta.

María es una de las voluntarias más veteranas de Saray, donde encontró acogida y cariño. “Estaba perdida y tanto Yaki, la psicóloga, como Carol, la trabajadora social, me apoyaron mucho. He crecido personalmente, porque era muy insegura, indecisa, daba apariencia de fuerza, pero lo que hacía era esconder mi parte sensible. He llorado mucho, pero ahora no me quedan lágrimas”, confiesa sonriente María.

En Saray, no para. “Necesitas luchar por ti misma y por las demás. He hecho cursos de autoconocimiento, de mindfulness, hasta de sexualidad. De todo aprendes”, añade María Cemboráin, que ha traído al desfile complementos para todas las participantes. “Ahora sigo siendo nerviosa, pero estoy más segura de mí misma”, recalca.

Además de la doble mastectomía, María tiene linfedema en el brazo derecho. Recuerda cómo, antes de su primer cáncer, el ginecólogo le tranquilizó diciéndole que, si le dolía, no era cáncer. “Me podían haber pillado a tiempo, porque estuve once meses con dolores hasta que finalmente me operaron, dos veces en tres semanas”.

Su reacción tras el segundo cáncer fue bien diferente. “Lo primero que hice al llegar a la asociación fue levantarme la camiseta y gritar: ¡No tengo tetas!”, afirma con un gesto similar.

Pero María sabe que cada mujer es un mundo, y cada caso de cáncer se digiere de una forma diferente. “Cada una tiene su forma de afrontar la enfermedad, y todo es igual de respetuoso. No queremos dar la imagen de que no pasa nada y todo es una juerga. Se ha criticado a Bimba Bosé o Terelu Campos por exponerse públicamente. Creo que es una demostración de valentía, pero quien no quiere hacerlo tiene su derecho a sentir lo que les dé la gana. En Saray hay espacio para todas. Todas hemos sentido en un momento rabia, impotencia e injusticia porque nos pase a nosotras y saber afrontarlo es muy difícil. Cada una tiene sus recursos”, puntualiza.

MARI LUZ HERNÁNDEZ: "QUIERO QUE TODAS TENGAN MIS GANAS DE LUCHAR"

Mari Luz Hernández Cabodevilla, 56 años, profesional administrativa, actualmente empleada de hogar. Escucharla te rompe los esquemas. Decidida y segura de sí misma, es una experta en los desfiles de Saray, ya que no se ha perdido ninguno, y se nota cuando se pasea con soltura y casi sin ropa por el Planetario. Se diría que es una mujer sin complejos ni preocupaciones. Sin mochilas en la vida. Pero Mari Luz no es solo una superviviente de cáncer de mama. Las secuelas de la enfermedad, que superó hace ya siete años, le han dejado huella en forma de dolor crónico. Pero hay más. Fue despedida de su trabajo nada más reincorporarse y, sin reponerse, perdió a su marido en accidente laboral.

Desgrana su historia con la naturalidad con la que hace todo. E impacta oírla. Sufrió el cáncer con 49 años y, nada más operarse, se hizo socia de Saray. Se involucró de lleno en el voluntariado y en la comisión de trabajo. “Antes participaba más, ahora estoy liada con mis padres, que son mayores”, reconoce.

Ha vivido la evolución del desfile, desde que era un pequeño acto en la salita de Saray hasta presentarse delante de un centenar de personas en el gran escenario del Planetario. “Esta vez no tenía mucho tiempo, pero como se está tan a gusto y había chicas nuevas que estaban nerviosas, me animé. Es algo que te da subidón hacer, porque todas son geniales. Además, así animas a las que están en pleno tratamiento. La fuerza que yo he sentido, la que he recibido en todo momento en Saray, quiero pasarla a las que vienen detrás. Quiero que tengan las ganas de luchar que yo tuve”, manifiesta esta mujer menuda pero enorme.

“Al principio, los desfiles eran entre nosotras. Ahora hay más gente, vienen chicos... pero al final así te quitas complejos. Después de todo lo que nos han hecho en el cuerpo, hay que echarle jeta y humor”, afirma convencida.

Pero hay mucho más que escuchar a Mari Luz. Sus tratamientos hospitalarios terminaron, pero no su sufrimiento. “Estoy en la Unidad del Dolor porque desde el principio me duelen las cicatrices y después me ha aparecido una artritis degenerativa en las manos. Tengo unas manos que ni mi madre de 85 años... Los tratamientos aceleran este tipo de procesos, aunque no te lo digan claramente. Yo siento los mismos dolores que al principio. Hay días que parece que me está mordiendo un perro ahí”, apunta.

Mari Luz sufrió una mastectomía derecha y estuvo sin pecho más de un año, en el que el dolor era incesante. Le colocaron un expansor provisional y después le hicieron la reconstrucción, en la que le colocaron una prótesis. “Preferí que no me tocaran nada más porque tenía una hernia anterior”, recuerda.

Pero las malas noticias continuaron. “Me dieron el alta y a la semana me despidieron. Trabajaba como auxiliar administrativa cuatro horas y llevaba las cosas de mi marido en la carpintería. Él me dijo que reclamara despido improcedente, pero decidí no hacerlo. Al año murió mi marido”, revela Mari Luz. “Se cayó en la fontanería y se pegó un golpe en la cabeza. Lo encontramos varias horas después. De golpe, me quedé sin trabajo, sin marido, sola con mis dos hijos, me puse a trabajar de empleada de hogar. Tienes que sacar fuerzas de donde sea. Yo soy positiva y fuerte, pero cuesta salir del pozo”, reflexiona.

Al desfile le acompañaron su hermana y tres amigos. Sus hijos esta vez no pudieron acudir. “Pero me apoyan muchísimo. Les gusta que su madre haga estas cosas. Hay que quitarle dramatismo a lo que nos pasa”, concluye.


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