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Entrevista
Alejandro Álvarez

"Volvíamos de Francia cuando caímos al río"

La madrugada del sábado, Alejandro Álvarez, de 32 años, su mujer Helodia Moroni, de 31, y sus hijas, Aisha, de 11, y Lilit, 18 meses, se precipitaron con su coche desde tres metros y volcó sobre un río helado

Alejandro Álvarez y su familia vuelven a casa tras su accidente en Torrano

La madrugada del sábado, Alejandro Álvarez, de 32 años, su mujer Helodia Moroni, de 31, y sus hijas, Aisha (11) y Lilit, 18 meses, se precipitaron con su coche desde tres metros y boca abajo a un río helado

Iván Benítez
Alejandro Álvarez, Lilit (en brazos), Helodia Moroni y Aisha, junto al taxi que les llevó ayer a Chiclana.

Alejandro Álvarez, Lilit (en brazos), Helodia Moroni y Aisha, junto al taxi que les llevó ayer a Chiclana.

16/01/2017 a las 06:00

Después de pasar una temporada en Francia trabajando como temporeros, podando viñas, pensaron que era el momento de volver a Chiclana (Cádiz), a casa. Arrancaron el sábado. Comieron en Vitoria y como no encontraron sitio para dormir, continuaron hasta Navarra. Aquí tenían previsto dormir en Puente la Reina, en casa de unos amigos. A las doce y media de la noche, circulaban por la A-12. Al llegar a la altura de Alsasua, el GPS les indicó desviarse por la NA-7101, hacia una carretera de montaña que comenzaba con una curva “sin señalizar”. Nevaba. De repente, el coche patinó por el hielo, precipitándose tres metros y boca abajo hasta el cauce del río Leziza, en Torrano. Un día después (ayer domingo), Alejandro Álvarez, de 32 años, su mujer Helodia Moroni, de 31, y sus dos hijos, Aisha, 11, y Lilit, 18 meses, relataban lo sucedido en el hall de un hotel de Pamplona donde los alojaron, minutos antes de proseguir el viaje en un taxi pagado por el seguro.

¿Cómo se encuentran?
Psicológicamente bastante mal, sobre todo nuestras hijas. Físicamente, gracias a Dios, nos encontramos mejor.

Helodia tiene fracturado el tabique al golpearse contra el cristal y la rodilla magullada por el impacto con la guantera. Alejandro sufre golpes en la cabeza y contracturas por toda la espalda, además de una luxación en el cuello.

Sus manos están llenas de heridas...
Las tengo destrozadas de golpear el cristal trasero donde estaba sentada la niña pequeña y poder sacarla.

Mientras habla Alejandro, la pequeña llora, buscando el pecho de su madre. La mayor permanece sentada, en silencio. “Yo conseguí abrir la puerta de la niña pero la de Lilit no lo conseguía. Se quedó encajada...”, detalla. Aisha, la hija mayor, interviene: “Yo no sé cómo puede salir del coche. Vi la puerta abierta y a mi madre fuera y salí corriendo hacia ella”.

¿Y la más pequeña, Lilit?
Helodia: Estaba detrás de mi asiento. Buscaba a mi bebé y no la encontraba. No murió ahogada de milagro. Ella dormía. Al caer, se despertó y empezó a llorar por el porrazo, hasta que se quedó en silencio. Se sentía su respiración... como si se ahogara. (El agua la cubrió).
Alejandro: Psicológicamente está muy mal. Ayer cuando la bañamos en la habitación del hotel, con lo que le gusta el baño, lloraba a mares. Y le costó dormir. Cuando la recogimos para traerla al hotel, no quería montarse en el coche. A ver cómo hacemos el viaje.

¿Qué ocurrió esa madrugada?
Somos temporeros y veníamos de Francia de trabajar, de podar las viñas. Solemos ir por temporadas. Llevamos tres años. Conducíamos hasta Puente la Reina. Íbamos a pasar la noche con unos amigos, para continuar al día siguiente a Cádiz. Paramos en Vitoria a comer y empezó la nevada. No teníamos sitio para dormir en Vitoria, así que cogimos la carretera. Pero nos saltamos la salida que nos dijeron nuestros amigos. Y el GPS nos mandó hacia el puerto de montaña. Nos desviamos. Metí primera, segunda... y cuando meto la tercera, el GPS dice “¡curva”. No se veía nada, pisé el embrague y a la vez pisé hielo. Con el coche descontrolado, impactamos contra el quitamiedos. Al parecer estaba flojo. No aguantó y caímos de cara al río. Resulta que en esa curva no está señalizada. Era un suicidio meterse en esa carretera.

¿Y que sucedió ?
Helodia: Di un grito ¡y volamos! Alejandro: Mi mujer iba chateando con nuestros amigos de Puente la Reina antes del accidente. Y cuando vieron que media después no contestábamos, llamaron al 112. Presintieron algo. Tras chocar contra el quitamiedos, creíamos que íbamos a caer en un bosque, pero lo hicimos en un río helado. Los niños lloraban. El agua empezó a entrar y cubrió a Lilit. Ella gritaba “¡mami, mami...!”... y luego sólo escuchamos glu, glu, glu... Se estaba ahogando. La grande no sé cómo salió. Recuerdo que daba a todos los pulsadores del cinturón. También buscaba a mi perra, a Pepa, de 5 años...

¿Cuánto tiempo transcurrió?
Tardamos en salir cinco minutos. El coche se hundía. Luego buscamos ayuda en una casa cercana. Gritamos y aporreamos las puertas. Al escuchar a la bebé llorando y la vieron mojada y morada, nos abrieron. Nos ayudaron con todo. Estamos muy agradecidos. La única ropa que lleva mi niña nos la dejaron los vecinos.

Han vuelto a nacer...
Helodia: Tenemos un cumpleaños más que celebrar (sonríe). Esto no lo puede contar cualquiera. Estábamos boca abajo en el río.
Alejandro: A Lilit le salvó la vida la sillita. Si hubiera fallado, no lo hubiera contado. Estamos tan agradecidos a la gente por el trato que hemos recibido de todo el mundo. Nunca pensé que me iban a tratar tan bien. El trato en el hospital a las niñas, la familia que nos acogió la madrugada del accidente, que incluso se quería llevar a la niña mayor de vacaciones... ¡Increíble!

Horas después del accidente, ya de día, Alejandro regresó al lugar de los hechos. “Si llegamos a derrapar en la segunda curva, no lo contamos, hay cien metros de caída”.

¿Y a partir de ahora?
Alejandro: A comenzar de cero. El poco dinero que teníamos lo hemos gastado. El seguro sólo cubre el alojamiento y el taxi. Encima aún nos queda por pagar la mitad del coche (lo compramos en agosto). Y tenemos que comprar otro para trabajar. Somos temporeros... Yo tengo que volver a Francia si queremos comer. En Cádiz sólo me queda vivir de la chatarra.


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