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Ujué estrena el año como pueblo bonito de España

Los atractivos de su iglesia-fortaleza y las calles ancladas en el medievo, amén de su gastronomía, convierten a Ujué en uno de los 57 municipios de la Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España

Detalle del templo de Santa María de Ujué, con la pila bautismal a la izquierda de la imagen.

Detalle del templo de Santa María de Ujué, con la pila bautismal a la izquierda de la imagen.

Ujué, uno de los 57 municipios de la Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España 18 Fotos

Ujué, uno de los 57 municipios de la Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España

Los atractivos de su iglesia-fortaleza y las calles ancladas en el medievo, amén de su gastronomía, convierten a Ujué en uno de los 57 municipios de la asociación de los pueblos más bonitos de españa.

Javier Sesma / Alberto Galdona
15/01/2017 a las 06:00

Un vehículo cruzó la entrada del pueblo. El conductor estaba desorientado por la dirección que debía tomar hasta encontrar un paraje de postal. Probablemente, su despite, propio de todo aquel que se adentra en un lugar desconocido, se vio acentuado por el serpenteo de la carretera que había dejado atrás en una época -hace medio siglo- que en entornos de marcado acento rural obligaba a armarse de paciencia a los afortunados que podían poner sus manos en un volante. Hipólito Ibáñez Izco, “pastor de toda la vida” -como le recuerda su hijo, Ismael-, que le vio llegar, dejó a un lado la paja que estaba separando para alimentar a los animales a su cuidado. Solícito, atendió al recién llegado. El fugaz encuentro hizo reparar al improvisado guía del potencial turístico que contenían las calles angostas y el promontorio sobre el que cada mañana reposaba su mirada y emergía imponente la iglesia-fortaleza de su pueblo. Como cualquier homólogo de oficio y sudor en el acarreo del rebaño, Hipólito calmaba su estómago con migas de pastor. La unión del atractivo arquitectónico y la base de su comida en gran parte de sus jornadas alimentaron su idea de abrir un establecimiento hostelero. Fue el embrión de lo que hoy es el Mesón Las Torres, uno de los pilares sobre los que sustenta el destino del turismo gastronómico en Ujué.

Transcurrido medio siglo de aquel fortuito encuentro, otro visitante se adentró el último verano por el laberinto de calles en pendiente, confundido entre el gentío que admiraba un tesoro escondido entre piedras. Francisco Mestre, presidente de la Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España, claudicó al encanto del entramado de viales angostos y de la iglesia-fortaleza, con la imagen de la Virgen de Ujué en su interior. Como en tantos otros rincones de España que ha visitado, quedó atrapado en la encrucijada del tiempo que, por un momento, creyó detenido.
Por deseo de que Navarra contase con algún representante en la entidad que preside, nacida al albur del éxito promocional de otras iniciativas europeas, como la francesa, expuso al Ayutamiento una propuesta de incorporación. Obviamente, la invitación había sido formulada por cumplir el requisito de conservar su “casco arquitectónico” y de tener “cuidado en el mantenimiento de calles y fachadas”, entre otros criterios. A diferencia de otros procedimientos, en los que es el Ayuntamiento quien tramita una primera solicitud, en esta ocasión la sucesión de pasos se dio a la inversa. “Recibimos la propuesta y luego convocamos un pleno para confirmar la adhesión”, aclara el alcalde, Rubén Sánchez, de 43 años de edad y adscrito al sector de la construcción como fuente de sustento familiar. El consistorio vio aquello “como una oportunidad de marketing”, que, en definitiva, no es otra cosa que colocar a Ujué en el mapa exclusivo de pueblos distinguidos con el calificativo de bonito en España. Tal condición, es de esperar al menos para el alcalde, se traduce en posibilidad de promoción turística. Hoy hasta el término encaramado en la atalaya se acercan al año “entre 30.000 y 40.000 personas”, en una somera estimación de su primer edil. “Hablé con la alcaldesa de Sos del Rey Católico, que participa en la asociación, y me dijo que habían notado un aumento en el turismo. Estamos en una época de comunicación. Pertenecer a una asociación de este tipo es una oportunidad de difusión mediática”, expone como justificación de la iniciativa adoptada.

REMEDIO A LA DESPOBLACIÓN

Siente el alcalde que “era necesario dar el paso” para hacer frente a la principal amenaza que atosiga al núcleo urbano: el descenso de población. Si son 173 los censados, la convivencia en la época invernal se reduce a un centenar de almas. A otro tiempo pertenece la ayuda prestada para repoblar Santacara y Olite, como recuerda. O que en 1900, el padrón arrojaba una cifra de 1.500 habitantes. En una situación antagónica al actual, la época de bonanza descubría un recuento de 25.000 cabezas de ovejas. Alrededor de 200 bordas salpicaban de motas los 112 kilómetros cuadrados de superficie municipal.

El intento de proporcionar una mayor impulso a la imagen local en el escaparate nacional e internacional tendrá su coste para las arcas municipales. “A los 1.100 euros de cuota anual, calculada por el número de habitantes, habrá que sumar este primer año 400 en concepto de promoción inicial”, significa la máxima autoridad local. El complemento de esta primera fase sufragará gastos extraordinarios, como los estipulados en el acto de entrega del diploma acreditativo este jueves en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), en Madrid. Para las compensaciones que para la economía local puede acarrear la adhesión a una plataforma de difusión, el esfuerzo de las arcas municipales no es elevado, según entiende el alcalde.

En el año y medio que lleva al frente del pequeño consistorio, cuyo presupuesto se sitúa en poco más de 350.000 euros, confiesa haber asistido a un curso acelerado de distintas materias. “Un alcalde ha de hacer de todo”, expone mientras su rol evoluciona al de un guía turístico ante el pórtico de la iglesia de Santa María. Sus explicaciones rebotan sobre la piedra labrada que da entrada al interior del santuario-fortaleza. La oscuridad, fragmentada por una iluminación regulada, envuelve el espacio que en sus orígenes fue una pequeña capilla prerrománica sobre la cual se construyó un templo románico (s.XII). Una nave gótica, del siglo XIV, complementa el conjunto, que recibe después de Semana Santa a los devotos de las romerías de los alrededores.

Por ser meta de fieles y turistas, Ayuntamiento y Arzobispado mantienen negociaciones para reforzar el servicio de atención y visitas guiadas. El alcalde destaca la ímproba labor desarrollada en ese sentido por el párroco, José Luis García, quien en su afán de explicar cada rincón y hacer memoria del pasado pone gusto y empeño en las lecciones históricas en que se convierten cada encuentro con grupos de recién llegados. No descarta el consistorio contratar a media jornada a un técnico que refuerce el servicio, “siempre en diálogo con el Arzobispado”, aclara el alcalde.

En esa faceta de ilustrador del pasado del santuario, Mikel Burgui Jiménez, estudioso de la historia local de 63 años y autor de un blog dedicado a Ujué con 625 capítulos acumulados, tuvo su propia experiencia. Según descubre en su ventana al mundo digital, vivió “desde los años sesenta en la vivienda más en lo alto de todo el pueblo. Debajo de las campanas grandes. Es decir en la mismísima iglesia fortaleza. Era la vivienda que por su cargo le correspondía a mi padre, la casa del sacristán. Gracias a esa circunstancia conozco todos y cada uno de los rincones de la basílica y sus torres almenadas. Desde chiquito comencé a enseñar todo aquello a los visitantes y eso me acució a saber más y más......., y 40 años más tarde sigo queriendo saber más y más sobre mi pueblo”.

Está convencido Mikel Burgui de la necesidad de fortalecer “la atención al público” como también de procurar una red de aparcamientos que absorba el flujo de automóviles. En determinadas épocas del año, coincidentes de normal con festivos, “se montan unos cristos con la entrada y salida de vehículos”, expone como ejemplo de la conveniencia de mejorar las infraestructuras viarias.

Su curiosidad por descubrir el encanto del pueblo y reflejarlo en un blog surgió “hace ocho años aproximadamente”. Un paseo por sus calles le hizo caer en la cuenta de la riqueza atrapada entre paredes. Empujado por la curiosidad se adentró en un pasadizo del tiempo, que recubrió el presente del esplendor de una época anterior.

Sobre el empedrado de calles estrechas, Juana Rosauro Elduayen, de Pastas Urrutia, descubre una invitación “al silencio, a la ensoñación y a revivir la historia” de un pueblo único. “Ujué -dice- tiene muchos matices y también aromas. Huele a galleta o a torta de Txantxingorri, pero también a piedra de castillo, a pan recién hecho, a almendras garrapiñadas y a leña de invierno”.

Cree que la belleza del conjunto se aprecia desde una mayor perspectiva, como ocurre con un lienzo sobre el que es necesario tomar distancia. “Ya sea viniendo desde Tafalla o desde Murillo, lo que se ve es un pueblo magnífico en la cima de una montaña. Unos rayos de sol, unas nubes.., lo envuelven en un misterio”.

Las miradas escrutadoras se pierden en la lejanía desde la atalaya. “Ujué es un lugar extraordinario”, enfatiza Fernando Delgado Berrade, del Restaurante Asador Uxue. Las vistas se exienden desde “Valdezcaray, Mocayo o la sierra de la Demanda, por un lado, hasta los Pirineos, por otro”.

Con la privilegiada posición que ocupa para la recreación de la vista y los atractivos que retiene en su interior, con mención especial “al santuario y al callejero medieval”, Isidro Echauri Sierra, del Mesón Las Migas, entiende que Ujué “podría ser uno de los referentes del turismo de Navarra”, a poco que tuviese “una infraestructura adecuada”. “Sé de pueblos en España con menos recursos que han sabido sacar más provecho poniendo un hotel por aquí, un cámping o parques... Ujué necesita un impulso”. Un día, en una salida en bicicleta puso pie en tierra al verse rodeado de un lugar de alto poder cautivador. Hizo una parada. Para cuando quiso darse cuenta y regresar sobre su camino andado en la vida ya habían pasado treinta años. Instaló su lugar de residencia y también de ocupación. La afluencia alcanza tal nivel en días señalados -“Semana Santa Santa, festivos y puentes”- que prescinde abrir su negocio hostelero entre semana. “Aquí hay trabajo”, se justifica.

HISTORIA VIVA

Ujué es uno en días de labor y otro en fines de semana, a decir de sus habitantes. De lunes a viernes, el silencio se escucha. A poco que llueva, como en días pasados, la vida discurre de puertas adentro. La soledad atrapa sobre el empedrado, que, como se felicita Ángel Luis Sendoa Jurio, está siendo respetado con una combinación de formas nuevas y adoquines recuperados. Las zanjas abiertas en las obras de reposición de la red de saneamiento dejaron al descubierto semanas atrás vestigios de pobladores en una muestra más de la historia que permanece viva.

Ángel Luis Sendoa sucede a su madre, Isolina Jurío, en la comercialización de almendras garrapiñadas. Del por qué de la fama extendida como producto apegado a la tierra, su respuesta entra en la lógica del ciclo de la naturaleza. “Tradicionalmente Ujué ha tenido un tipo de cultivo mediterráneo: cereal, vid, olivo y almendro”. Para sacar provecho al excedente obtenido, era costumbre vender almendras previamente tratadas con azúcar. Las ventas prodigaban con la llegada de las romerías.

El cielo, por tradición un espejo en el que los lugareños dirigían su mirada para comprobar la suerte de la cosecha, establece igualmente una diferencia en el registro turístico de invierno o verano. “Miles -asegura Ismael Ibáñez Valencia que, junto con su hermana Ana Carmen, regentan el Mesón Las Torres- vienen a comer migas”. Su madre, Juliana Valencia Pernaut, llegó a “preparar toneladas” cuando era, -señala con un poso de humor-, “generala”. “Ahora soy soldado raso”. Con 87 años de edad ve asegurado el legado que dejó a sus hijos como bien cultivado junto a su marido, Hipólito. La intuición, que tuvo el hombre de explotar el recurso turístico cuando orientó al conductor despistado, sigue dando frutos.

Medio siglo después, las nuevas generaciones ven como una apuesta de prosperidad la adhesión a la Asociación de Pueblos Más Bonitos de España. Así lo cree su hijo como también el alcalde, que desde el paseo de la ronda de la iglesia-fortaleza descubre un mar de posibilidades sobre la amplia superficie que se pierde en la lontananza. “Ujué tiene una gran extensión donde poder hacer senderismo y andar en bicicleta”, expone como otra línea de desarrollo. La suma de bienes es lo que convierte en única “a la atalaya más inexpugnable del reino de Pampona”, como la describían los musulmanes, hoy día abierta a la admiración y el reconocimiento público como uno de los “pueblos más bonitos de España”. Toda una declaración que aviva en sus gentes el orgullo de pertenencia a la tierra que pisan y cuidan. Ujué está en la cima.


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