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HISTORIAS EN LA N-135

De la peregrina que anduvo 15 km sin bota al espantapájaros de 10 cabezas

Con la llegada del invierno, incluso sin la necesidad de la Con la llegada del invierno, incluso sin la necesidad de la nieve que la acompaña estos días, la carretera nacional que comunica Pamplona con Francia por Roncesvalles, se transforma en una fotografía íntima y a veces insólita: una peregrina que camina con una bota, un espantapájaros de 10 cabezas...

Miércoles 11 de enero. Un peregrino irlandés de 55 años, Tony Maguire, asciende a pie el puerto de Ibañeta en dirección a Roncesvalles.

Miércoles 11 de enero. Un peregrino irlandés de 55 años, Tony Maguire, asciende a pie el puerto de Ibañeta en dirección a Roncesvalles. "La carretera se me está haciendo muy larga", expresa.

15/01/2017 a las 06:00
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Una peregrina surcoreana de 46 años lleva 15 kilómetros caminando por el norte de Navarra sin la bota izquierda. Las costuras de la suela se deshicieron cuando cruzaba los Pirineos, antes de llegar a Roncesvalles. Dos días después, en Espinal, la viajera resopla aliviada. Ha encontrado unas nuevas, en una ferretería. Es miércoles 11 de enero.

Una estampa insólita para un escenario íntimo. Tras la estela de la coreana, en pleno ascenso a Ibañeta, vaga medio abstraído un estibador irlandés de 55 años llamado Tony Maguire. “La carretera se me está haciendo muy larga”, susurra. El entorno, bucólico, mece el silencio de sus pasos. Ríos colmados. Hayas desnudas, enrojecidas por el fulgor de una alfombra de hojarasca empapada. A veces, sale el sol. Incluso el arco iris. Vehículos pesados circulan a toda velocidad. La carretera se exhibe sinuosa. Sin arcenes.

Los camioneros sortean como pueden los cuerpos doblegados por el frío. Miradas perdidas. Manos temblorosas. Guías de viaje cuarteadas por la humedad. Leña amontonada. Una oveja se asoma por el ventanuco de la curiosidad. Dos ocas alertan de la llegada de un grupo de coreanos. Parecen muy jóvenes. Uno se incorporará a filas muy pronto. Lo hará después de terminar este “reto”, dice. Torrentes de agua. Tantos como pensamientos. Un muchacho de Ohio, de 21 años, que huye de la vida... para poder reencontrarse con ella.

Prosigue el recorrido. Más imágenes, al entrar a Valcarlos. En esta ocasión, un espantapájaros con diez cabezas. Mejor dicho, con una cabeza, porque en primavera recuperará las otras nueve. Remolques que rozan tabiques y un testimonio reivindicativo, el del alcalde de Valcarlos, Fernando Alzón. Ya son diez inviernos avisando de la inseguridad que sufren los peregrinos en este tramo del camino. “¿Quién es el responsable?”, pregunta, con impotencia. “Llevamos diez años intentando que se desdoble la ruta por la parte de abajo (el que hoy discurre principalmente por la nacional), y nada. Durante este tiempo hemos reclamado al Gobierno que refuerce la seguridad. Hemos pedido que las señales sean más grandes y correctas. Y la sensación que nos queda es de dejadez. Y esta dejadez nos penaliza a nosotros, a Valcarlos”.

Una docena de peregrinos han atravesado esta mañana la localidad. “Se tiene que restringir el paso por la carretera y desdoblarlo”, insiste. Los camioneros que circulan en dirección Francia parecen asentir sus palabras. El riesgo es constante. Faltan 48 horas para que los 62 kilómetros de esta arteria que comunica Pamplona con Francia se cubra de nieve. Un metro, según las previsiones. Este es el retrato de una mañana en su cuneta invisible.

Eskirotz: las ocas que vigilan el camino

El caudal del Arga desciende con fuerza a la altura del puente románico de Iturgaiz. Aún no se distinguen peregrinos por la zona. Los primeros siete, que han partido de Zubiri, remontan por separado la pendiente que lleva a Eskirotz, a 800 metros de Ilarratz y a otros 4 kilómetros de Larrasoaña. El graznido de un par de ocas alertan de la proximidad de nuevos caminantes. Veladoras del terreno que custodian, se impulsan insertando sus picos rojizos entre la verja verde. “A veces las ocas son más efectivas que los perros”, expresan riendo Rafael y José, dos hermanos catalanes que abren este grupo. Ambos cuentan que han hecho el camino en otras ocasiones, pero que habían oído hablar de la “intimidad” de esta ruta en invierno. “Y queríamos probar”. A los hermanos les siguen un madrileño, Óscar, que cumple una promesa; un italiano, Denis, que busca “escapar” del estrés; un mexicano, Nicolás, impulsado por un motivo espiritual; y cierran el círculo dos coreanos, Yong Woo Kwon y Chan Ho. Para el primero, el camino es su último reto antes de incorporarse al servicio militar; el segundo, de confesión protestante, busca acercarse a la religión católica. Los exploradores se alejan sonrientes del muro de graznidos. Las dos ocas callan de inmediato.

Espinal: la peregrina que anduvo 15 km sin bota

Cubierta por un chubasquero amarillo, con los cristales de las gafas empañados y sucios por el barro, una peregrina coreana de 46 años, Yerim Han, pide ayuda a los pocos vecinos de Espinal que se dejan ver por la calle principal. El motivo de tal auxilio, su pie izquierdo. Perdió la suela de la bota. Las costuras se deshicieron como fideos cuando atravesaba los Pirineos, unos kilómetros antes de llegar a Roncesvalles. Desde entonces, camina con un par de calcetines finos (de verano). Uno de los lugareños, con una carretilla, orienta a la mujer en sentido contrario. “Tienes que volver sobres tus pasos y zigzaguear por un par de calles”, indica. “Creo que el único lugar donde puedan tener botas es en la ferretería”. Ella sonríe, agradecida y un poco asustada. Sin comprender, pero en ningún momento pierde la sonrisa. Y se inclina en señal de agradecimiento.

Al final, empujada por el verbo universal de los gestos, sigue la estela del dedo índice del vecino hasta dar con la tienda. Dentro, Maite, la dependienta, no lo consigue entender. Nunca antes había visto algo parecido. “¿Dos días caminando y sin una bota? ¡Tenías que haber llamado por teléfono a Emergencias!”, intenta explicarle, en inglés. La peregrina, como siempre, sonríe. ¿Realmente es consciente de lo ocurrido? No lo parece. Por suerte, la temperatura no ha bajado de los 8 grados. Maite localiza en una estantería un juego de botas de su talla (la 36). La coreana resopla. Sonríe. Reverencia.

Agorreta: la oveja que busca mendrugos de pan

Diez de la mañana. El vecino de Barañáin, Miguel Elcano Armendáriz, ayuda en el establo a sus dos hermanos ganaderos. Al detectar su presencia, uno de los animales se asoma. “Lo que quiere es un trozo de pan”, ríe. “¿Que cómo nos protegemos del invierno? ¡Si hay comida para las vacas y bien de leña, no hay problema!”.

Ibañeta: 'perdido', en la carretera

24 surcoreanos peregrinaron a Santiago en el 2004; más de 4.000 en el 2016. ¿Por qué...? A ambos países los separan 10.000 km y además profesan el budismo. Los libros tienen la respuesta. En el 2006 veía la luz en Corea el diario El viaje de una mujer, de la periodista Kim Nan Hee (sólo en coreano). La ruta jacobea se convertía así en un fenómeno. Por este motivo, animado por la lectura de este diario, un arquitecto de 31 años llamado Lee Daniel camina estos días con el objetivo de poder “encontrarse”.

Valcarlos: el espantapájaros de las 10 cabezas

Dice el herrero de Valcarlos, Juan Carlos Erviti, que en la huerta hay que divertirse y que tiene que ser reflejo de alegría. Fiel a esta máxima, aprovechando que le regalaron unos maniquíes de peluquería tras el cierre de una academia de peluquería, a Erviti se le ocurrió sembrar su huerta con las cabezas de las muñecas. Ya lleva ocho años. En invierno, el espantapájaros sólo luce un busto de mujer, pero con la primavera las cabezas regresan al entorno. Hasta las judías verdes tienen su propia cabeza. Lo cuenta riendo su hermana Lourdes, porque Juan Carlos no está en casa. La vecina aprovecha para mostrar el impacto que recibió de un remolque el alero de la entrada. Los camiones circulan muy próximos a las viviendas. A toda velocidad. Un joven estudiante estadounidense de 21 años, Addison, se lleva un buen susto. “Hago el Camino porque mi vida es muy aburrida”, expresa. “ Sólo quiero escapar de ella...”.


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