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LAS ENTREVISTAS DEL AÑO | Alfonso Arana, director de Proyecto Hombre

“Pretendíamos ser un proyecto temporal, pero hoy necesitamos el doble de terapeutas”

Las drogas y los jóvenes son una combinación dramática que ha llevado a más de 6.000 navarros al abrigo de Proyecto Hombre desde 1991

Alfonso Arana ha vivido los 25 años de Proyecto Hombre Navarra desde dentro. Primero como terapeuta y, desde 1999, como director.

Alfonso Arana ha vivido los 25 años de Proyecto Hombre Navarra desde dentro. Primero como terapeuta y, desde 1999, como director.

Actualizada 21/12/2016 a las 13:20
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LAS ENTREVISTAS DEL AÑO
Una selección de las principales entrevistas publicadas a lo largo de este año que se acaba en el suplemento La Semana de Diario de Navarra. Diálogos que aportan interés humano, nuevos enfoques a los grandes problemas y reflexiones sobre los  temas de actualidad de 2016.

La heroína se introdujo sigilosa hacia los años 1977 y 1978 en una Navarra que despertaba a las libertades y acabó atrapando entre sus garras a toda una generación de jóvenes en los ochenta. Por aquella época la Navarrería y otras calles cercanas del degradado Casco Viejo pamplonés se poblaban en los atardeceres de jóvenes que buscaban alguien con quien compartir jeringuilla y pico. Primero fue la reja invisible de la droga la que los fue atrapando y luego la sobredosis, el contagio del VIH y la hepatitis fueron segando las vidas de muchos. La sociedad no tomó conciencia de la magnitud del problema hasta mediados de los ochenta. Desde Cáritas, que en aquellos años estaba dirigida por Florentino Ezcurra, se realizó en 1986 el primer intento por establecer en Pamplona la experiencia italiana de Proyecto Hombre para sacar de las drogas a todos aquellos jóvenes. Pero no fue hasta 1990 cuando fraguó la iniciativa. Un escolapio entusiasta, Iñaki Alberdi, fue el encargado de impulsar el proyecto al que se sumaron otros religiosos de la diócesis, un grupo de expertos en pedagogía y psicología que procedían de la universidad y profesionales que habían trabajado en la cárcel y la Fundación Ilundáin. Alfonso Arana es uno de los terapeutas que compartió aquellos inicios y que hoy ejerce de director. Por los programas de Proyecto Hombre pasaron más de 600 personas en 2015. Además del centro residencial de Estella, que hoy se quiere trasladar a Zabaldika, hay centros ambulatorios en Pamplona y Tudela y un programa, ‘Suspertu’, para adolescentes.

¿Cómo recuerda el ambiente social en el que nació Proyecto Hombre Navarra?

En los años 80 hubo un ‘boom’ del consumo de heroína. Hay que pensar que así como hoy en día cuando hablamos del consumo de drogas éste se lleva a cabo en el tiempo libre y en espacios bastante normalizados, en aquella estaba más guetificado, por decirlo así, en ciertos grupos y lugares.

Seguro que a muchos de quienes vivieron aquellos años les viene a la memoria la imagen de Navarrería o la de la Media Luna y lo aventurado que podía ser para unos críos bajar a los fosos y jugar junto a jeringuillas y algún que otro camello...

Así es. Todo eso empezó a hervir un poco y a causar una gran preocupación social. En 1986 se dio el primer intento de crear Proyecto Hombre desde Cáritas Diocesana. Como en aquel momento no se acabó de conseguir que arrancara, Cáritas decidió montar un piso en San Sebastián para las personas que estaban sin apoyo familiar o para quienes coger la Roncalesa a diario era muy costoso. Fue en 1990 cuando ya se hizo un planteamiento a proyecto Hombre de Roma para crear una Fundación en Navarra. Caritas fue la que nos proporcionó los primeros locales en lo que eran las Oblatas y donde se estableció la acogida. Fue el 11 de febrero de 1991. A los cinco meses se abrieron en Estella unas instalaciones que se compraron al Verbo Divino para que allá se pudiera instalar el centro residencial. Previo a ello se disponía de unos locales en el Alto Beloso, en Villa Teresita, donde se estableció la reinserción social. Si al abrir la puerta el primer día teníamos 32 chavales, al acabar el primer año ya habían pasado 160.

¿Cuántos hombres y mujeres han acudido a Proyecto Hombre en busca de ayuda en estos veinticinco años?

Las personas atendidas han sido unas 6.500. Que se hayan metido a un programa terapéutico de cambio y de transformación, estaremos hablando de unas 4.500 o así. De estas, unas 1.600 lo han hecho en el programa de comunidad terapéutica; unas 1.700 en el centro de atención ambulatoria ‘Aldatu’ y unos 1.400 en el programa de adolescentes ‘Suspertu’.

¿Cuántos consiguen liberarse de sus adicciones y reciben el alta terapéutica?

Si hablamos de los programas de adultos se han producido unas 1.470 altas, aproximadamente el 40% de las personas a las que hemos atendido.

¿No son muchos los que no consiguen llegar al final del camino?

Nuestro proceso es de cambio personal. No es como fabricar coches. Hay un elemento fundamental que es la libertad de la persona para meterse en el proceso de cambio o no meterse. Aún así los resultados de quienes logran el alta terapéutica son bastante buenos. Hubo un estudio de seguimiento de estas personas y a los cinco años del alta un 87% de ellas permanecían con una buena calidad de vida.

Usted fue joven en los ochenta. ¿Le tocó en lo personal de cerca el tema de la droga?

Sí, crecí en el barrio de la Chantrea y en aquel momento teníamos la típica cuadrilla extensa, de veinte o treinta personas. De esas personas hubo algunas que cayeron en la heroína y también quien murió.

¿Cómo se incorporó Alfonso Arana a Proyecto Hombre?

Yo había trabajado durante cuatro años en la Fundación Ilundáin con jóvenes, muchos de ellos desescolarizados y con problemas con sustancias algunos de ellos. Desde la preocupación por aquellos chicos y tras un primer contacto con Proyecto Hombre por un acompañamiento que hice a un chico que acudía a San Sebastián, decidí dar el paso.

Unos padres que acudían con un hijo enganchado a la heroína era el perfil del usuario de Proyecto Hombre en los ochenta. ¿Quién llama hoy a su puerta?

Ha cambiado el perfil de las personas consumidoras y también la oferta de nuestros programas. El primer programa, efectivamente, estaba muy dirigido a atender a jóvenes consumidores de heroína. La edad media era de unos 28 años. En aquel momento el 90% venían por consumo de heroína, un 5% por consumo de alcohol y un 5% por consumo de estimulantes, sobre todo cocaína. Hoy, en cambio, el usuario medio tiene unos cuarenta años y acude sobre todo por problemas de consumo de cocaína y alcohol. Lo normal es que haya consumos de varias sustancias. La heroína supone ahora sólo el 8% y entre medio están las anfetaminas, con un 13%. Entre la población más joven el cannabis ha ido subiendo y supone el motivo por el que un 12% de los usuarios nos demanda tratamiento.

¿Cree que se ha trivializado socialmente el peligro de las drogas porque estas ya no matan como mataba antes la sobredosis de heroína y el VIH?

Sí, pienso que hay momentos en los que se tiende bajo una supuesta normalización del consumo a trivializar el problema.

Y de trivial, nada

Las personas que vienen hoy, como las que lo hacían en 1991, llegan con una situación personal de angustia y con necesidad de un tratamiento importante. Las personas que sufren un proceso adictivo están empobrecer su vida día a día. Normalmente van teniendo una serie de pérdidas en las relaciones familiares, sociales, laborales, etc... Tal es así que entre las personas que tienen una severidad mayor y necesitan un recurso residencial el 90% son desempleados. Otro porcentaje importante está sin red de apoyo familiar y otro, sin vivienda. Y sin empleo, sin apoyo familiar y sin apoyo social es difícil una inserción personal positiva en esta sociedad.

¿Qué razones empujan a una persona a caer en el consumo de drogas?

Causas concretas no podría decir. El consumo de drogas es una alternativa que las personas eligen, pero nadie elige ser dependiente de la sustancia. Lo que elige la gente son los efectos beneficiosos que le va a dar el consumo de la sustancia en el corto plazo sin tener en cuenta las pérdidas que el consumo le va a dar. Cuando el centro de una persona es la droga dejan de tener interés otras cosas como las relaciones, el trabajo o el cuidado de uno mismo. Lo que lleva a uno al consumo es elegir una puerta por la cual cree que recibe algo placentero en el corto plazo sin tener en cuenta las posibilidades de que más adelante eso se vuelva en contra suya. Uno cae en la trampa del ‘yo elijo, yo decido’, pero luego la sustancia va a tener la capacidad de generar la dependencia.

1.400 adolescentes han pasado en los últimos años por el programa ‘Suspertu’. ¿La adicción a la droga comienza en edades cada vez más tempranas?

En adultos sí que hablamos de problemas de dependencia, mientras que en el caso de los adolescentes sólo están empezando a hacer uso de sustancias. No nos gusta hablar, porque no lo son, de dependientes, sino de adolescentes que están experimentando. Incluso una tercera parte de ellos acuden no por consumo de sustancias, sino por otro tipo de factores de riesgo o de problemáticas familiares. Hacemos mucho hincapié en el tema educativo con ellos.

¿Cómo trabajan para evitar que la experimentación acabe en dependencia?

Acompañamos a estos chicos y chicas a lo largo del proceso de la adolescencia y también a sus padres y madres para que puedan desarrollar estrategias de comunicación, de supervisión y de manejo de esa etapa del hijo, para que tengan en definitiva más capacidad de gestionarla. Las últimas encuestas del Plan Nacional de Drogas en los institutos refieren que hay una ligera disminución entre los jóvenes respecto al uso del cannabis y de los estimulantes. Lo que sigue siendo preocupante es la borrachera entre los jóvenes.

¿En qué fallamos para que se vea casi como algo normal la borrachera de miles de chicos y chicas muy jóvenes cada fin de semana?

El uso de alcohol en menores está prohibido, pero más o menos tolerado. Lo que vemos en ellos es un espejo de la población adulta. ¿Cómo celebramos la sociedad adulta hitos como los cumpleaños, las fiestas, los Sanfermines...? Somos el espejo que ven los jóvenes. Si el mensaje que como adultos damos a los jóvenes es el consumo habitual y a veces abusivo del alcohol, ¿cómo decirles que no beban? Igual tenemos que reflexionar los adultos.

Un 12% de los usuarios de Proyecto Hombre tiene problemas con el cannabis. ¿Cree que existe un mensaje demasiado tolerante respecto a su consumo?

Es una de las sustancias que en los últimos años notamos que va subiendo en lo que se refiere a la demanda de tratamientos. Con el cannabis a veces se juega con distintos mensajes generando confusión. El otro día hubo un congreso mundial de psiquiatría en Bilbao y se puso énfasis en que el consumo de cannabis en población joven tiene unas consecuencias a nivel cerebral y de desarrollo madurativo de la persona importantes. Pero otras veces se habla también de los efectos medicinales que puede tener uno de los elementos que contiene el cannabis y se mezclan, como digo, mensajes diferentes.

Ciudadanos y Podemos llevaban en su programa la despenalización. ¿Está a favor?

Pienso que la situación actual no es muy positiva. Hay una ley que permite los consumos particulares, pero no permite el tráfico y la venta. Esto a los consumidores les puede generar cierta problemática. Pero como sociedad también debemos ponderar qué queremos hacer y cómo nos protegemos de los efectos adversos que puede generar el consumo de cannabis.

¿Hasta cuándo seguirá siendo necesario Proyecto Hombre?

Nosotros cuando empezamos pretendíamos ser un proyecto temporal , estar de 8 a 12 años y desaparecer porque ya no hiciera falta, porque tuviéramos una sociedad con mayores índices de salud. Han pasado 25 años y hemos pasado de 18 a 40 terapeutas.

 

El test

 

 

Un libro Etty Hillesum, un itinerario espiritual (Paul Lebeau).

Un personaje al que admire Gandhi.

Un lugar para descansar El cámping de Etxarri-Aranatz.

Un día de la semana El viernes.

Un país que le haya marcado El Salvador.

Un cantautor Serrat.

 

DNI

 

 

Alfonso Arana Marquina (Tafalla, 23 de agosto de 1963). Está casado y es padre de tres hijos. Estudió en Tafalla y en los institutos de María Ana Sanz e Irubide, y acabó COU en La Granja. Es técnico en inserción social de la Escuela de Educadores Sociales de Pamplona. Empezó a trabajar como terapeuta en la Escuela Granja de Ilundáin y se incorporó como terapeuta a Proyecto Hombre Navarra desde sus inicios, en 1991. Desde 1999 es también el director.

“Cuando empezamos, la edad media de los usuarios era 28 años y casi todos consumían heroína; hoy son personas de 40 años con consumos de cocaína y alcohol”

“El consumo de drogas es una alternativa que algunas personas eligen, pero nadie elige ser dependiente”

“Somos lo que somos; es mejor construir realidades que sueños”

 

 


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