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DATO DE LA SEMANA

¿Cómo serán los clubes de jubilados del futuro?

Son espacios para el ocio y el entretenimiento pero si tenemos en cuenta que la idiosincrasia de estos centros va de la mano de las condiciones socioeconómicas de sus socios, ¿en qué términos podemos hablar de cara al futuro?

¿Cómo serán los centros de jubilados del futuro?

¿Cómo serán los centros de jubilados del futuro?

Mar Lorenzo
Actualizada 18/01/2017 a las 15:44
  • ÍÑIGO SOTA

Jugar a las cartas o tomar un café en compañía. Ir a «echar la partida» y poco más. Sobre la naturaleza de los clubes de jubilados, como en cualquier asunto, también existen prejuicios. En la actualidad, la organización y actividades que encierran sus paredes distan mucho del simple lugar de esparcimiento de aspecto similar a una gran sala de estar tan arraigado en el imaginario colectivo. Como indica Gemma Botín, responsable del área social de Fundación Caja Navarra: «Proponemos actividades, sobre todo, que van encaminadas a la prevención de la dependencia, relacionadas con la memoria, el ejercicio físico y, también, otro tipo de actividades de ocio como bailes, fiestas ocasionales, campeonatos de cartas, canto, voluntariado, excursiones e incluso viajes de vacaciones». «Se imparten charlas sobre prevención de caídas, asesoramiento legal sobre estafas o cómo comportarse ante actitudes sospechosas», añade Irantzu Vázquez, responsable del área cultural y educación de la misma entidad.


En los años 80, estos centros nacieron en España como un espacio de socialización, para que la gente jubilada se relacionara en una época en la que las opciones de ocio eran limitadas. Ahora, es muchísimo más que eso. Los clubes cuentan con una participación muy activa por parte de los mayores, que los eligen para envejecer activamente.
El ocio y la salud son ahora los dos pilares básicos de estos centros. En el segundo caso, porque ahora «los mayores son más conscientes de que necesitan mantenerse en forma, se alimentan mejor y, así, acaban interesándose por actividades como baile, sesiones de yoga o gimnasia en el agua», indica Vázquez. Lo que parece claro es que estas propuestas «van a contribuir, a medio-largo plazo, a retrasar el momento de entrada en una residencia, por ejemplo», de ahí el papel tan relevante que juegan los clubes.


La evolución de los datos demográficos va a marcar, sin duda, el terreno de juego de estos centros, como explica el gerente de Solera Asistencial, Borja Macaya: «La pirámide poblacional tiende al aumento del número de mayores. Creo que no va a ser necesario que haya sitios especiales sino que se va a tender a generar más servicios preparados para las personas en general. El ocio va a estar más en la calle por la importancia del segmento de tercera edad y la previsión, y no tanto en lugares aislados».

En la Navarra de 2030 habrá más ancianos que jóvenes. Además, la población infantil habrá perdido un peso fundamental debido al descenso de la natalidad de forma generalizada, según las proyecciones de población que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha realizado basándose en la población actual y sus tendencias. Dentro de 15 años, los niños y jóvenes -de 0 a 18 años- supondrán un 17% de la población navarra, cuando actualmente este grupo supone una cuarta parte de la población. Además, las personas de entre 85 y más de 100 años duplicarán su importancia en el total de la población.

 

 

¿Por qué no diversificar los servicios para mayores si, por ejemplo, no hay centros especializados para personas de otras edades? «Los hijos del ‘baby boom’ saturamos los mercados y no creo que cuando tengamos 70 años necesitemos un espacio propio porque seguiremos siendo muchos. Tenemos otras costumbres. Mi abuelo trabajaba en el campo de sol a sol, ¿cómo iba a hacer deporte con mi edad, como lo hago yo? Todo va a cambiar. No va ser ni mejor ni peor, solo diferente», añade Macaya.


De lo que nadie duda es de que las nuevas generaciones de mayores van a demandar otro ocio porque están acostumbrados a un nivel mayor de formación académica, les gusta viajar, leer libros, hacer deporte… Los mayores de hoy se dedicaron, sobre todo, a trabajar durante la mayor parte del día. En este sentido, hay un cambio generacional y se traducirá en el futuro, al ritmo del cambio.
«El ocio va a ser más transversal en la sociedad y una persona no va a tener que ir a un sitio específico sino que va a encontrar actividades de su interés en muchos ámbitos de la sociedad. En el año 2050, se prevé que haya un 60 % más de personas mayores de 65 años, así está el reto», concluye Macaya.


A la vista de lo que han sido y son los clubes de jubilados y esas primeras notas de futuro de quienes se encargan de organizarlos y gestionarlos día a día, resulta igualmente valioso el ejercicio de imaginar cómo se organizarán y qué podremos encontrar en ellos (en el caso de que sigan existiendo como tal, claro está).

Mar Lorenzo

Ilustración de Mar Lorenzo

«Vivir es apasionante»

Cuando se le pregunta qué significa ser mayor, no duda un solo segundo en responder: «Ser mayor es vivir, y vivir es apasionante». Camino Oslé es, además de vicepresidenta de la Sociedad Navarra de Geriatría, una mujer comprometida con la sociedad, en general, y las personas mayores, en particular. Y una «vividora» en el sentido más positivo del término.


¿Cómo serán los clubes de jubilados del futuro? Ante una pregunta de semejante envergadura, Camino se muestra honesta y prudente: «Es una pregunta muy atrevida y muy difícil de responder. La única certeza que tenemos, a día de hoy, es que existe verdadera inquietud entre las juntas directivas y presidentes de los clubes de jubilados, sobre todo de Pamplona y comarca, porque no se aprecia un incremento considerable de asistentes. Ellos mismos, desde dentro, se cuestionan qué está pasando para que la tendencia esté un poco estancada. La cara amable de la moneda es que esto puede ayudar a que se busquen soluciones de aquí a medio-corto plazo para revivir el espíritu de estos centros».


Los clubes de jubilados son organizaciones que han cubierto y cubren un papel de primer orden como lugares de esparcimiento pero también de encuentro y aprendizaje. «El club es un buen centro de socialización, aunque es difícil que no haya lugares de encuentro que no sean de socialización. Para muchas personas, es y ha sido un lugar interesantísimo para el desarrollo de su vida, sobre todo cuando hay momentos de cambio: cuando te jubilas, te has quedado viudo o viuda o te has mudado y has dejado, de alguna manera, un mundo social determinado atrás, es fácil hacer amistad con personas afines si te inscribes en un club. Todos estos lugares crean amigos, trascienden su función de entretenimiento», afirma Oslé.

Clubes urbanos y rurales

Una cuestión importante a la hora de valorar cómo serán los clubes del futuro es la diferencia entre clubes urbanos y rurales. En una ciudad como Pamplona, estos clubes ofrecen una serie de servicios que se pueden compaginar con muchas opciones de ocio (cine, teatro, exposiciones…), pero no sucede lo mismo en las localidades pequeñas, donde la oferta resulta mucho más limitada. La idiosincrasia de las personas mayores del futuro, por tanto, seguirá marcando un patrón.
A la hora de valorar este punto de vista, Oslé comenta: «La pregunta del millón sería qué tipo de envejecimiento vendrá: cómo van a ser las futuras personas mayores y, por tanto, qué tipo de organización van a reclamar. No se pueden hacer predicciones, sería un atrevimiento, pero hay que hacer un esfuerzo por conocer a esas personas e ir amoldándonos a sus inquietudes». En este sentido, al hablar de tendencias de futuro, Oslé incide en la idea del nivel cultural, «que ha mejorado. Las personas mayores de hoy en día no tuvieron grandes oportunidades de formarse cuando eran jóvenes y se han dedicado a trabajar durante muchos años, pero las futuras personas mayores van a alcanzar niveles de educación superior y serán mucho más cultas». Ahí podría estar una de las claves: ¿deberá hacerse más hincapié en actividades culturales, quizá, para seguir alimentando las ansias de conocimiento que se tienen a día de hoy?


El otro ingrediente importante, según su opinión, es el nivel económico de los futuros jubilados: «Es una cuestión preocupante debido al paréntesis que ha supuesto esta crisis. Los futuros jubilados están cotizando muy poco y el nivel de pensiones será, previsiblemente, mucho más bajo», explica. Hablar de estos dos niveles no responde a una mera elección de variables: «Economía y cultura siempre van unidos porque, si ambas condiciones son favorables, la persona mayor tiene más posibilidades de diversificar su tiempo de ocio y no dedicarse solo a ir al club».


De cara al futuro, la ex vicedecana de la Universidad Pública de Navarra cree que sería una pena perder este tipo de espacios porque «no es fácil disponer de un lugar de encuentro con sala de juegos, televisión, calefacción, infraestructuras diversas, lavabos, bar… Es un bien que debiera ser rentable y exprimido». Con el tiempo, añade, la preocupación vital de sus juntas directivas va a ser el tipo de actividad que los usuarios reclamen: ¿por qué una persona, a partir de los sesenta, decide no acudir a un club? «Quizá porque cada vez hay más alternativas», declara. Y está claro que otro factor clave será el cuantitativo, como apunta Josetxo Beriáin, catedrático de Sociología de la misma universidad: «El colectivo de ancianos entre los setenta y los noventa años dentro de 20 será más importante probablemente que el de los jóvenes, por su incremento de tamaño y por su influencia social. Lo específico de la nueva situación es que el colectivo crecerá exponencialmente y tendrá más poder económico y mayor influencia social».

Si se prevé que haya mayor cantidad de personas mayores y muchas más alternativas de ocio, habrá mucho trabajo por delante para poder llegar a todos ellos.

El factor tecnológico

¿En qué se traducirá, a la hora de hablar de ocio y clubes de jubilados, ese espíritu digital que hoy tienen los jubilados del mañana? «Yo creo que no hemos perdido, ni perderemos, el tú a tú. Para los que somos personas mayores hoy, la tecnología es un ser extraño que hemos tenido que aprender a conocer. Si no se ha tenido por obligación, por trabajo, por ejemplo, es difícil dominarlo, pero somos muchos los que nos hemos preocupado por aprender. A pesar de todo, no hemos perdido ese tú a tú. El club del futuro seguirá siendo un lugar de encuentro y de conocimiento. La tecnología se implicará a través de actividades y opciones de ocio, pero será un complemento, yo creo. La tecnología será para bien, nunca marcará un hito negativo dentro de estos centros», declara Oslé.

Ilustración de Mar Lorenzo

Antes, el debate se postergaba hasta el límite y permitía pasar una tarde agradable entre opiniones cruzadas y desmentidos, pero ahora, que podemos recurrir a internet al instante, esa posibilidad ha desaparecido. parece lógico pensar que el club de jubilados del futuro puede librar una importante batalla con la tecnología en este sentido. Camino Oslé, no obstante, prefiere incidir en la parte positiva: «Al ser humano siempre le han asustado los cambios, pero, aunque el progreso no siempre ha sido para bien (quiero pensar que casi siempre sí), no sé qué tipo de cosas nos moverán entonces y con qué medios contaremos. Lo importante es la cultura: los mayores serán más cultos y, por tanto, eso ampliará las posibilidades».

Beriáin, por su parte, disiente en cierto sentido: «Se podría decir que el uso del ordenador, teléfonos, televisión y tabletas- generará más interacción mediada en las lecturas de periódicos, consultas, etc. Los que ahora estamos en la cincuentena estamos todos alfabetizados informáticamente y, al disminuir la movilidad física, se incrementará la movilidad en la red, al tener más tiempo "libre". No obstante, esto no implica una disminución de encuentros, de interacción, entre pares de la misma edad, al contrario, mi generación, la del baby boom, incrementará la población en residencias de la tercera edad, en donde los otros conformarán una familia sustitutiva, nuevos amigos/as, en donde coexistirán diversos estilos de vida, en función de la instrucción y la extracción de clase. Si nuestra generación ha pasado en masa por una cierta formación -profesional o universitaria-, ese grupo de personas creará pautas probablemente más activo-creativas entre los ancianos/as que las actuales que son más pasivo-contemplativas».


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