LAS FUENTES MONUMENTALES DE PAMPLONA (5)
Fuente de la plaza de Recoletas
Actualizado el 14/08/2011 a las 01:24
La iglesia, que es una muestra muy representativa del barroco conventual español del siglo XVII, es obra del notable arquitecto Juan Gómez de Mora, autor de la iglesia de la Encarnación de Madrid, que es considerada por los entendidos en arte como el prototipo de ese estilo.
La fuente monumental que ocupa el centro de la plaza, aún siendo siglo y medio posterior, forma con ella un conjunto bello y armónico. El escritor Ángel María Pascual, en una de sus Glosas a la ciudad, publicada el 28 de febrero de 1946, escribía: "La iglesia conventual, con sus tres arcadas de fuerte rejería y sus ventanas cuadradas, podría servir de fondo a un auto sacramental. mientras, el obelisco de la fuente llora una oscura tristeza neoclásica, como un sepulcro del primer romanticismo. Los cuatro caños cantan la ilustrada epístola: "Déjame Arnesto, déjame que llore"
Proyectada para otra plaza
Inicialmente, esta fuente fue proyectada para la plaza de la Fruta, que era el nombre con que se conocía a la Plaza Consistorial hasta 1866. Como se puede apreciar en las láminas que el pintor y académico madrileño Luis Paret entregó al Ayuntamiento en abril de 1788 con la traza de las cinco fuentes que proyectaba construir la ciudad, la novena y última de dichas láminas contiene el diseño de esta fuente-obelisco, y el rótulo que lleva al pie dice expresamente "que demuestra la vista y alzado de la fuente que se ha de erigir en la Plaza de la Fruta".
Sin embargo, cuando Ventura Rodríguez, de acuerdo con el Ayuntamiento y su junta de policía, estableció los parajes de la ciudad "en que deben colocarse las fuentes públicas para el abasto de su vecindario", anotó uno de ellos "delante del paseo de la Taconera, hacia las Recoletas". Y fue en este segundo lugar donde al final se acabó construyendo, aunque no exactamente donde hoy la vemos, sino a un extremo de la referida plaza, que vendría a coincidir más o menos con el paso de peatones que la comunica con los jardines de la Taconera, junto a la barandilla que separa la plaza de la bajada a la estación por el Portal Nuevo. Y se hizo así por dos razones: primero, porque la plaza no era todavía propia de la ciudad, sino de las monjas, y segundo porque por entonces las casas de la Calle Mayor llegaban hasta enfrente de la esquina de la torre de San Lorenzo, cerrando la plaza por ese lado. Una anotación que añadió posteriormente el secretario Joaquín López al pie del plano original al que antes hemos hecho referencia, dejó constancia documental de que la fuente representada en la traza fue ejecutada junto a San Lorenzo.
Falló en su inauguración
Esta fuente, lo mismo que las otras cuatro diseñadas por Paret en 1788, no se construyó hasta diez años después, una vez obtenida la autorización de Carlos IV -previo informe del Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército- para introducir en la ciudad la cañería principal del agua de Subiza, mediante un puentecillo y una perforación que se hizo en el baluarte de la Reina.
Ya he dicho en alguno de los artículos anteriores que aunque la traída se inauguró el 29 de junio de 1790, el agua no llegó a salir por los caños de las fuentes hasta agosto de 1798. Y es que aunque la licencia real se recibió a finales de 1797, se tardó casi un año en hacer los ramales o cañerías secundarias, que conducían el agua hasta cada una de las fuentes.
No estará de más recordar que, si bien es cierto que los grifos se abrieron por primera vez al anochecer del 24 de agosto de 1798, la operación falló ese día en dos de las fuentes, que fueron precisamente ésta y la de la plazuela del Consejo. Los fontaneros se emplearon a fondo toda la noche para conseguir que al día siguiente, 25 de agosto, día de San Luis, onomástica de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, ambas fuentes estuvieran corrientes y pudieran ser utilizadas por el vecindario. No se entendía bien que hubiera fallos, siendo así que -hay cosas que no cambian con el tiempo- el costo de aquella importante y pionera mejora urbana ascendió al doble de lo que en un principio se había calculado.
Descripción de la fuente
El Catálogo Monumental de Navarraincluye de la fuente que hoy nos ocupa la siguiente descripción: "La fuente, de forma troncopiramidal, a manera de un obelisco, asienta en un basamento cúbico y remata en un jarrón. La decoración de guirnaldas que rodea el escudo de la ciudad es propia de la estética neoclásica".
Por su parte, María Larumbe, en su tesis doctoral sobre el Academicismo y la arquitectura del siglo XIX en Navarra, dice que a su juicio es esta la más grandiosa de las cinco que diseñó Luis Paret. Las pirámides truncadas -escribe acertadamente la citada autora- eran elementos muy del gusto de la Academia de San Fernando, donde se repetían en numerosos proyectos, fundamentalmente de carácter conmemorativo, siendo muy frecuentes en los cenotafios de la primera mitad del siglo XIX.
Un popular personaje de la Pamplona de hacia 1870, el pregonero municipal Perico Alejandría, que en los muchos ratos libres que le permitía su profesión se dedicaba a escribir versos que seguramente nunca pasarán a los libros de literatura, dedicó a esta fuente esta ramplona cuarteta:
La fuente de San Lorenzo
tiene en su cima un florero
Si en mayo no tiene flores
menos las tendrá en enero
Cambio de ubicación
Casi un siglo después de su construcción, en octubre de 1884, el Ayuntamiento acordó trasladar la fuente al centro de la plaza, que es donde hoy la vemos y desde luego nos parece que es la ubicación más apropiada. Hay que decir que, para ello, la corporación tuvo que solicitar previamente el oportuno permiso a la priora y comunidad de las Agustinas recoletas, cuyo monasterio era hasta agosto de 1974 titular de la propiedad del citado espacio urbano.
El Dr. Arazuri publicó en su primer libro Pamplona antaño una bonita fotografía de Roldán, fechada en 1879 o 1880, que constituye uno de los testimonios gráficos más interesantes que existen para la historia de la ciudad. En ella se puede ver con toda claridad la fuente que hoy nos ocupa, cuando aún estaba en su primitivo emplazamiento, junto a la antigua y hoy desaparecida torre medieval de San Lorenzo, que para esa fecha había perdido ya la mitad de la altura que tenía hasta 1852.
En el mismo libro se incluye una segunda fotografía, aproximadamente de la misma fecha, obtenida por Manuel Negrillos, que representa la fuente de más cerca y con más detalle, con el cuadrado adoquinado que la rodeaba, las farolas de gas que había en dos de sus ángulos y un grupo de mujeres a las que se ve llenando las herradas que se empleaban para llevar el agua a las casas, incluso una de ellas aparece llevando la herrada con el burute sobre la cabeza. Esta segunda foto se utilizó más tarde como contraportada del programa de fiestas de 1898.