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FESTIVAL MUSICAL

El MTV Beach en Madrid cierra con un derroche de bandas del pop rock

El cantante de la banda musical Miss Cafeína, Alberto Jiménez, durante su interpretación en la noche del cierre del MTV Beach en Madrid.

El MTV Beach en Madrid cierra con un derroche de bandas del pop rock

El cantante de la banda musical Miss Cafeína, Alberto Jiménez, durante su interpretación en la noche del cierre del MTV Beach en Madrid.

EFE
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Actualizada 04/09/2011 a las 08:53
  • EFE. MADRID
David Otero, componente de El Canto del Loco y apodado El Pescao para su carrera por libre, se zambulló en un mar de ovaciones en el cierre del festival MTV Beach la noche del sábado en Madrid, gracias un show bien medido, digno de una gira en solitario.

Nadando entre el pop rock melódico y el reggae, el madrileño ejecutó un repertorio con el que se metió en el bolsillo a los asistentes, a lo que ayudó en buena medida la gran producción que llevaba detrás, con paneles gigantes y cierta escenografía, que hizo palidecer a la puesta en escena del resto de bandas.

De abrir el grifo se encargaron los barceloneses No Way Out, que con su estilo entre el hard rock melódico a lo Blink 182 -salvando las distancias- y lo que se podría denominar como punk pop, lidiaron con el difícil público del MTV Beach, más pendiente de tomar un trago y estar de charla que de centrarse en la música.

Los esfuerzos de la banda por captar la atención de los asistentes dieron algunos frutos en temas como "Ven a celebrarlo", "Efectos secundarios" o "Colisión inminente", que formaron parte de un repertorio en el que incluso el grupo catalán se atrevió con un tema en inglés, rememorando sus inicios.

Con el público más o menos animado, entró en escena Miss Caffeina que, esta vez sí, gozó de una gran acogida, con ese pop rock de carácter indie que caracteriza a la banda y que incrementó notablemente el caudal de emoción y entrega de los espectadores.

Y es que Miss Caffeina es una de las sensaciones musicales del momento, lo que quedó patente con el buen recibimiento de temas como "Ley de gravitación universal", "Ley de imposibilidad del fenómeno", "Lisboa" o "Capitán".

En esta última canción, la gente se atrevió a seguir las letras y todas las indicaciones del líder de la banda, Alberto Jiménez, quien por momentos controló la voluntad de los presentes, en un magnífico directo que justifica el éxito de esta formación.

Asimismo, el grupo osó versionar el "Qué sabe nadie" de Raphael, con originalidad y soltura, y cerraron su recital con "Mi rutina preferida" y "Cabaret", tras cerca de cuarenta minutos de actuación.

Pero la presa se desbordó definitivamente con El Pescao, el artista más esperado de la noche, que con esa gran producción que le arropó, lo tuvo fácil para zambullirse en las aclamaciones de sus seguidores.

Vídeos ideados exclusivamente para cada tema dieron ambiente a un concierto donde su protagonista, siempre con el pop rock como vehículo principal, acarició el reggae, el folk -de forma muy diluida, eso sí- y se permitió algún arranque ska.

"Ramón", uno de los temas más cercanos al estilo que Otero cultivó en El Canto del Loco, inició el espectáculo, para después desmarcarse de su banda matriz con las pinceladas reggae de "La luna va y viene".

El ritmo aumentó con "Te pido perdón", en un show donde Otero mostró una clara veteranía en el arte de mover al público a su antojo, con sentencias bien estudiadas y peticiones de aplausos, gritos y saltos en los momentos más pertinentes.

El show prosiguió con el hit "Castillo de arena", muy celebrado por la masa, a la que Otero invitó a invocar a "la energía positiva" en un tema como "Cada día".

Con iconos del terror y la serie B como Thor Johnson y Vincent Price de fondo, e incluso imágenes de un filme tan casposo como "Mazinger: el robot de las estrellas", el artista interpretó "Historia de terror", cuyo desenlace beat y discotequero sacudió a los espectadores.

Después, el artista se ganó el favor del público saltando de la electrónica al reggae con la canción "El Pescao", un peculiar ejercicio no exento de cierta egolatría, con el que Otero ordenó bailar diferentes estilos de música a los asistentes.

La sorpresa de la noche llegó cuando el cantante cedió durante varios minutos su puesto al batería del grupo, en un curioso experimento, que, de nuevo con todos los músicos en su lugar correspondiente, continuó por "Me da lo mismo" y "La luz oscura del mar".

El fin de fiesta lo marcó "Buscando el sol", con un público ya enloquecido, que saltó sin parar entre chorros de confeti, manifestando la satisfacción general que dejó El Pescao con su recital de casi 80 minutos.



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