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Depositan en una cafetera moka las cenizas de su creador

  • El empresario Renato Bialetti ha querido que sus cenizas reposen en el objeto al que debía su fortuna

Una cafetera moka.

Una cafetera moka.

Una cafetera moka.

18/02/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
Dar el último adiós cada vez se parece más a encarnar el último grito. El empresario Renato Bialetti, que labró su éxito gracias a que su padre inventó la cafetera moka, ha querido que sus cenizas reposen en el objeto al que debía su fortuna. Definitivamente el ataúd está en desuso.

Bialetti, en un intento de que sus restos evoquen los posos de café, hará su último viaje en una cafetera para 24 tazas. Todo un símbolo del café para todos.

El conocido como rey de la cafetera se lo debe todo a un objeto que es una pieza de arte en sí misma. Su criatura se expone en el Moma de Nueva York y en la Triennale de Milán como un exponente del diseño de vanguardia.

El empresario en cuestión dio su último suspiro el jueves de la semana pasada en Ascona (Suiza). Antes había impartido instrucciones precisas a sus hijos para que sus cenizas reposaran en la mejor urna funeraria que Bialetti podía imaginar, ese artefacto que vendió en medio mundo y que sirve para elaborar café a base de vapor de agua hirviendo. Con ello democratizó el ritual de servir café.

Junto a la Vespa, la cafetera moka es quizá el producto más refinado del diseño italiano. Cumpliendo el deseo de su padre, los Bialetti se presentaron en la iglesia de Casale Corte Cerro, el pueblo natal del empresario, en la región de Piamonte, con las cenizas del patriarca dentro de la cafetera.

Recibir la bendición dentro de semejante trasto es el delirio con el que cualquier seguidor del surrealismo hubiera soñado. La estampa del cura entonando una oración delante de un contenedor de cafeína fue todo un homenaje al humor negro y al desatino grotesco.

En la moka donde se encerraron sus vestigios figuraba la célebre caricatura de un hombre con bigote, una genial idea de marketing alumbrada en los años 50 y que fue concebida por Paul Campani, dibujante de cómics. Fue esa caricatura la que le hizo famoso, pues a partir de entonces fue conocido por muchos como 'el pequeño hombre del bigote'. El dibujo es una recreación chistosa de Bialetti, quien contó con la ayuda del magnate Aristóteles Onassis para lanzar al mercado internacional su popular cafetera.

Hoy se estima que hay repartidas por el mundo 300 millones de este tipo de cafeteras. En un momento en que las máquinas de hacer café por medio de cápsulas amenazan con derrocar el reinado de la moka, el artilugio de los Bialetti resiste el paso del tiempo. No es casual que su forma octogonal sea un signo de distinción frente a las malas imitaciones. Con todo, el producto que ayudó a popularizar Renato Bialetti está acostumbrado a la competencia. Ya a principios del siglo pasado protagonizó un duelo encarnizado con la máquina para hacer café expreso, creada por Luigi Bezzera. En Italia los amantes del café se dividen entre bezzeristas y bialettistas. Lo malo del asunto es que en 1986 Bialetti vendió su imperio. Tras algunas vicisitudes, las moka se fabrican ahora en Rumanía. En una de ellas yace el empresario del bigote.

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