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LITERATURA

La catástrofe aérea de "La mujer muerta" que conmovió a España

  • Edwin Wilkens ha recreado el suceso en 'El último vuelo'

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Actualizada 27/01/2016 a las 16:44
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  • EFE. Madrid
El 4 de diciembre de 1958 un avión se estrelló en la sierra de Segovia. Entre los 21 muertos estaba la azafata que encontraron recostada en una peña, Maribel Sastre, "una rompedora" cuya historia da pie a 'El último vuelo', la recreación novelada que ha hecho Edwin Wilkens de aquella catástrofe aérea.

Tras dos días de intensa búsqueda sin ningún resultado, Luciano Otero, un pastor de la sierra de Guadarrama, encontró recostado en una peña el cuerpo sin vida de la joven, que debió arrastrarse hasta allí tras el accidente y morir congelada, un suceso que conmovió a España.

El accidente del avión ocurrió, como aventura Winkels, quizá porque el Languedoc EC-ANR de Aviaco -al que los pilotos habían rebautizado como "no rulo"- no estaba preparado para soportar heladas y aquella noche las condiciones meteorológicas eran especialmente adversas.

Tanto era así que el piloto había colgado una nota avisando a los pasajeros que el vuelo no iba a ser fácil y que podían "elegir" si subían o no al aparato.

A 40 kilómetros de Madrid, el avión, con la radio averiada, no consiguió superar la sierra y se estrelló con la ladera del pico Pasapán, "la rodilla" de lo que se conoce como "La Mujer Muerta".

La "llamativa" escultura de una chica ataviada con su "gorrito" de azafata en una tumba en el barcelonés cementerio de Montjuic fue la "inspiración" de Wilkens (1962) para escribir, en 2006, un reportaje sobre el accidente del cuatrimotor que cubría el trayecto Vigo-Madrid.

La muchacha del busto era Sastre, una joven azafata de 18 años que pereció junto al resto del pasaje y a la que el autor de la novela define en una entrevista como una "rompedora" que deseaba "escapar volando" de esa España donde las mujeres tenían "pocas oportunidades", tanto que solo había 40 en todo el país que se dedicaran a esa profesión.

Años después, al holandés, que vive en España desde 1988, se le ocurrió que podría volver a trabajar sobre aquella historia que había "tocado" de nuevo a los lectores, como lo hiciera en los años 50.

Pese a tratarse de una historia real, Wilkens decidió plantear el texto como una novela porque, aunque "prácticamente todos los personajes son reales", la "ficción" es, a su juicio, la "única" forma de acercarse a las "historias de las familias y el sueño de la azafata".

"El accidente -al que en la historia de la aviación comercial española solo le había precedido otro, en Casteldefells (Barcelona), con 20 fallecidos- es un instrumento para contar, por un lado, la vida de las mujeres en la España de aquellos años y, por otro, mi visión sobre cómo afrontar y superar la muerte de un ser querido", ha explicado el periodista, que reside en Barcelona desde 1988.

Una de las tres historias que componen 'El último vuelo' (Ediciones B) es la de Sastre, que narra en primera persona cómo vivió la joven el día de la tragedia y que obligó al autor a meterse "en la piel de una chica de 18 años".

Otra de ellas, contada a través de las vivencias de los padres de las pequeñas, es la de la dos niñas de 9 y 10 años, también fallecidas.

"Contacté con una hermana suya que quiso contarme todo y su testimonio hizo que dedicase parte del libro a la historia de esa familia, a la angustia y a la superación del dolor", explica Wilkens.

La tercera parte está narrada en tercera persona y cubre los últimos 15 años, protagonizada por la madre de la azafata, "la señora Ana", que siempre se opuso a la vocación de su hija pero que también estaba convencida de que había muerto "convirtiendo sus sueños en realidad".

Otro de los personajes "de peso" en la novela es el piloto del vuelo siniestrado, con cuya hija también habló el holandés y de quien descubrió algo que le llamó "mucho la atención": era un hombre que volaba "para Franco" cuando "tanto él como su familia" eran "antifranquistas".

A Wilkens le ha ayudado en la redacción de la novela su pasado como periodista, profesión que abandonó hace cuatro años para dedicarse exclusivamente a la literatura.

"Me considero escritor pero no uno que pueda escribir sobre sus propios demonios sino uno al que su espíritu de periodista le hace querer contar historias de otros que se basan en la realidad", ha dicho.



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