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Literatura

Diego Cortijo: "Explorar no es una cosa de locos"

  • El aventurero publica 'Explora', libro donde da consejos para adentrarse en lugares inhóspitos

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30/08/2015 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Explorador, fotógrafo, reportero y guía de viajes. Todo eso es Diego Cortijo, aunque él se define como «inquieto». Este miembro de la Sociedad Geográfica Española acaba de publicar ‘Explora. La aventuras y sorprendentes descubrimientos de un moderno explorador’ (Cydonia), una útil guía práctica para todos los que decidan emprender viaje a lugares tan remotos como la Amazonia, el Pacífico sur, Japón y sus islas o los desiertos africanos. Vallisoletano afincado en Madrid, confiesa que el libro está dirigido a «cualquier persona» y tiene como finalidad «invitar a la gente a conocer lo que hay fuera y a mostrar que eso que hay fuera no da tanto miedo». «Explorar no es una cosa de locos», remacha.

Para ello, este explorador pone como ejemplos sus experiencias por selvas y desiertos. «Forman parte de algunas investigaciones que he llevado personalmente, lugares que visitado en repetidas ocasiones y proyectos que, en algunos casos, como es el tema de Sudamérica me han llevado muchos años», explica el autor que trata de ofrecer al lector su experiencia «en primera persona sobre cosas muy interesantes que he podido investigar de primera mano sobre culturas muy diferentes y muy distantes en el globo».

La ciudad perdida de Pusharo, los geoglifos de Acre, Incacok, la isla de Pascua, Okinawa o las punturas rupestres de la meseta de Tassili, en Argelia, son algunos de los destinos que se desgrana en las páginas de ‘Explora’. Hay muchos otros lugares visitados por Cortijo, que atesora mucha información sobre Oriente Medio y que confiesa que hay lugares que ha visitado que le han dejado impactado, entre los que destaca la ciudad de Palmira, en Siria, «que me encantó y me marcó», un lugar ahora prohibido por la guerra. Lo mismo que ocurre en Tassili, actualmente cerrada por el Ejército argelino por la cercanía de las fronteras con Mali y Níger y a la que tiene «pendiente volver desde hace algunos años. Habrá que esperar a que la situación cambie».

Sin embargo, Cortijo confiesa que peligros para desplazarse por algunas zonas «siempre ha habido, pero el planeta tiene infinitos lugares donde uno perderse». Añade que «no es necesario ir a un lugar de conflicto para ser más aventurero de nadie». El explorador, que asegura que no ha tenido problemas de robos en sus viajes, manifiesta que donde más peligro ha sentido ha sido en la selva. «Allí he vivido situaciones complicadas, donde estás a merced de la naturaleza. Entre los ríos y en medio de una selva frondosa es donde te ves en situaciones delicadas», indica el aventurero.

AVENTURA Y CONFORT

Pero vivir una aventura no significa gastarse una fortuna en un viaje a los confines del planeta. «No hay que irse tan lejos para vivir la aventura», porque la aventura «es aquello que vives fuera de tu círculo de confort. Todos tenemos un círculo de confort más pequeño o más grande y la aventura es ir un poquito más allá del mismo. Eso es lo que invito a la gente en libro a descubrir».

En su maleta o mochila los objetos más importantes y que no puede faltar son «un cuaderno de campo para anotar las cosas importantes, mi cámara de fotos y poco más, porque la ropa al final no les haces ni caso». Actualmente está preparando continuar sus investigaciones en las selvas de Perú, donde está «detrás de un complejo arqueológico del que estamos ya muy cerquita».

Es allí, donde Diego Cortijo, poniendo dinero de su bolsillo y con la ayuda de algunos patrocinios, busca en el departamento de Madre de Dios, una extensión de 85.330 kilómetros cuadrados que hace frontera con Bolivia y Brasil, escondido entre la vegetación, los restos de Paititi, la ciudad perdida de los incas. Ese ‘Dorado’ se encuentra nada menos que a mil kilómetros al este de Cuzco, la antigua capital del imperio inca que perduró cien años entre los siglos XV y XVI, y de la que se han encontrado restos arqueológicos.



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