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Buñol

Buñol se sumerge en caldo rojo en el 70 aniversario de la Tomatina

  • 150.000 kilos de tomates maduros se ha esparcido entre los 22.000 participantes

Tomatina de Buñol 25 Fotos

Tomatina de Buñol

Varios jóvenes, durante la Tomatina en la calle principal de la localidad valenciana de Buñol que celebra el 70 aniversario de su tradicional fiesta, en la que participan más de 22.000 personas de 96 nacionalidades diferentes y en la que se lanzarán 150 toneladas de tomate, una cifra récord

EFE/AFP
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Actualizada 26/08/2015 a las 14:51
  • EFE. VALENCIA
Un año más, como desde hace ya 70, el centro de la localidad valenciana de Buñol se tiñe de rojo este martes con el lanzamiento de cientos de toneladas de tomates, aunque esta vez bien se podría decir que se ha sumergido, ya que la cantidad de hortalizas ha sido la mayor de la historia.

En poco más de una hora (entre las 10.48 y las 11.53), una avalancha de más de 150.000 kilos de tomates maduros se ha esparcido entre los 22.000 participantes en esta singular refriega, en la que se rinde homenaje al gamberro primigenio, a la inocentada original que dio pie a esta singular fiesta, que hoy no conoce fronteras.

Son unos instantes de desfogue, una batalla sin vencedores ni vencidos y sin más armas que los tomates maduros que sirve una cooperativa de Castellón.

Para este singular gazpacho bastan unos pocos ingredientes: unas calles estrechas, siete camiones volquete cargados hasta los topes de tomate y las ganas de sentirse protagonista del exceso, de estar, por unos minutos, en el ojo del huracán.

Resulta complicado saber qué aturde antes o con mayor intensidad, si el griterío inicial, la imposibilidad de atender a los lanzamientos de agua y otros líquidos desde los balcones, las ensordecedoras bocinas de los volquetes que se acercan, el intenso olor de la pasta de tomate o un buen tomatazo en la cabeza.

Esta locura colectiva, que por instantes parece incontrolada, tiñe por completo calles, fachadas y balcones y, como si tuviese vida propia, va rebajando progresivamente la efervescencia inicial de lanzamientos y tomatazos, hasta transformarse en un magma rojizo en el que los participantes pueden calmar sus ánimos.

Estos momentos de desahogo final, de locura sobre charcas de tomate, son quizá los más deseados por las decenas de fotógrafos o cámaras de televisión, testigos de los instintos más animalescos de los enfervorizados "guerreros".

Con el tomate como material multiusos, hay quienes se esmeran por frotarlo en la piel de su compañero, otros aplican cuidadosas máscaras capilares y una minoría de intrépidos directamente nada en las charcas de caldo rojizo.

Y no acaba aquí el especial atractivo de la Tomatina, pues realmente cuando desaparecen los periodistas y fotógrafos se puede contemplar uno de los "espectáculos" más singulares de esta fiesta, que no es otro que la coordinada y milimétrica limpieza de las calles.

En una operación que recuerda a los barrenderos de la pista central de Roland Garros, decenas de vecinos dejan el centro de la localidad completamente limpio, sin rastro de la locura previa.

La tercera Tomatina de pago de la historia parece haber encontrado su fórmula ideal en cuanto a aforo y accesos, según ha explicado el alcalde Rafael Pérez tras la limitación a 20.000 personas en 2013 y la ampliación a 22.000 producida el año pasado.

Si en anteriores ediciones la Tomatina había servido de plató para el rodaje de películas o anuncios publicitarios, la anécdota este año ha sido el paso del coche equipado con videocámaras con el que Google ha inmortalizado la fiesta de este año.

El vehículo ha realizado dos pasadas por el centro del recorrido, una antes y otra en pleno fervor de la batalla, para colgar después las imágenes en su mundialmente famosa aplicación de mapas y geolocalización.

El segundo paso de este vehículo ha resultado complicado, cuanto menos, debido a la ausencia, como ocurre al paso de los camiones, de voluntarios que despejasen el paso.

Según el alcalde de Buñol, Rafael Pérez, este segundo paso del vehículo se ha producido antes de lo inicialmente planeado por los organizadores.

Así, decenas de participantes se han subido literalmente sobre el capó, parabrisas y techo del coche, resquebrajando el cristal e impidiendo ver al conductor durante varios tramos, lo que ha generado algunas situaciones de tensión.

Además de esta iniciativa, Google ha rendido hoy homenaje a esta fiesta de Interés Turístico Internacional (desde 2002) con una curiosa animación en las letras de su marca en la página del buscador de la firma.

Y es que la tecnología, en forma de aplicaciones específicas de geolocalización, venta de entradas por internet o videocámaras portátiles en alta definición ha cobrado el protagonismo que años atrás tenían los cascos-sandía, las pelucas o los disfraces.

La Tomatina del récord se ha saldado sin incidentes de importancia, más allá de algunos rasguños, cortes que en su mayoría no han requerido sutura, una lipotimia y una crisis de ansiedad, que se han atendido en los siete puestos sanitarios dispuestos por la organización.

Al margen de estos pequeños incidentes, fuera del recorrido de la Tomatina se ha atendido hoy a una mujer que se ha fracturado una pierna tras caer unos metros por un barranco, y a un joven que anoche sufrió una fractura de tibia y peroné.



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