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Obituario

Lina Morgan, la comedianta más querida de España

  • La artista falleció este jueves a los 78 años tras reinar en los escenarios, el cine y la televisión

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21/08/2015 a las 06:00
  • Colpisa. Bilbao
Si existe el landismo debería haber algún término para definir el trabajo de Lina Morgan, cuyo nombre bautizó un género cómico denostado por la crítica pero adorado por un público ya mayor que la ha echado de menos estos últimos años. Los millones de espectadores que veneraban a la actriz en el cine, el teatro y la televisión esperaban sus muecas y el sempiterno cruce de piernas. Iban a ver 'una de Lina Morgan'.

La cómica, nacida en 1937 en un piso de alquiler de la madrileña calle de San Pedro, en el barrio de La Latina, falleció este jueves a los 78 años en su domicilio junto al Retiro. La capilla ardiente congregó en el Teatro de La Latina a amigos y políticos. Un teatro propiedad de la intérprete hasta que, hace cinco años, lo vendió a cambio de siete millones y medio de euros, un despacho y un palco de por vida.

"Yo en realidad siempre he querido ser Lina Morgan", confesaba este jueves Concha Velasco, que estudió en la misma academia de baile de la calle Arenal que su amiga.

El crítico Eduardo Haro Tecglen la definió como un dibujo animado de Disney, Cantiflas se declaró su admirador y el expresidente Aznar confesó envidiar su poder de convocatoria.

Lina Morgan fue la cómica más querida de España y un enigma en su vida privada. Rechazó ofertas del Lido de París y de teatros de México y Argentina. Dijo no a Almodóvar y Berlanga. Gracia Querejeta recordaba que le ofreció un papel porque siempre pensó que escondía una gran actriz dramática. Fue una empresaria teatral que se arruinó y se hizo rica. Supo ser más popular que nadie sin mercadear jamás con su intimidad. "Soy una señora muy normal", contaba en 1998. "El día que me eche novio, si es que me lo echo, os avisaré, porque ya sé que es lo único que os interesa".

Hija de un sastre y una ama de casa, María de los Ángeles López Segovia trabajó de niña ayudando a coser capotes. Fue una niña de la posguerra feliz. No pasó hambre, aunque la entrada al cine se la pagaba con los cartones y botellas que recogía con su hermano y después vendía. El día que vio en el cine Pompeya 'Luces de la ciudad' experimentó una epifanía. Desde entonces, siempre tuvo en mente a Charlot. "Me dije a mí misma que yo también podía triunfar y hacer reír".

A los 11 años empezó a estudiar baile clásico español y, a los 13, un representante se fijó en ella para una compañía infantil, Los Chavalillos de España. Con 16 formaba parte de las revistas 'Colsada' como bailarina de reparto. Prosperó en el escalafón a pesar de su metro sesenta y un físico sin voluptuosidades: vicetiple, tiple, figurita, cuarta vedette... Las armas de Lina Morgan fueron su rostro pizpireto con ojillos chispeantes y una vis cómica que el cine pronto explotó. A fuerza de simpatía pasó de ser la última chica del coro a 'antivedette'. Su biógrafo, Jesús García Orts, cuenta que Matías Colsada no la dejaba trabajar "porque se comía a la tercera, a la segunda y hasta a la primera estrella".

UN PIROPO DE DALÍ 

Su nombre artístico siguió la lógica del mundo del espectáculo. 'Lina' porque era corto y fácil de recordar; el 'Morgan' provenía tanto del pirata homónimo como de la Banca Morgan, que sonaba cosmopolita y sofisticado. Su paleta patosa y gestera, sin suerte con los hombres en el amor, se convirtió en un estereotipo del humor español. "Una mujer inculta capaz de resolver situaciones complicadas gracias a su intuición y a un gracejo de corte caricaturesco y estereotipado", define el 'Diccionario de cine español' de la Academia. La actriz prefería quedarse con el piropo que una vez le dedicó Salvador Dalí: "Me dijo que en el escenario era como una pelota de tenis: iba a la derecha y todas las cabezas me seguían; a la izquierda, lo mismo. 'Es casi más espectacular ver al público que a ti. Y eso solo lo consiguen personas muy especiales'".

Juanito Navarro, Tony Leblanc, Miguel Gila y Manolo Paso fueron sus compañeros sobre las tablas. Cantaba y bailaba divinamente, pero su gran baza era hacer reír. En el cine comenzó con roles secundarios -'El pobre García', 'Vampiresas 1930', 'Julieta engaña a Romeo'- hasta que en 1967 'Las que tienen que servir' ya alertó de que aquel torbellino era el que conseguía las mayores carcajadas. En 1970, 'Soltera y madre en la vida' (más de 2 millones de espectadores) y 'La tonta del bote' la convierten en la reina de la taquilla. Sainetes con moralina que permiten su absoluto lucimiento y que años después siguen dando picos de audiencia en 'Cine de barrio'. "Está claro que a algunos críticos les cuesta reconocer que lo hago bien", se consolaba una estrella que pensaba que "hacer reír al pueblo es una forma de culturizarlo". Ella siempre hizo caso al público. "La gente es muy lista y la puedes engañar un año o dos, pero luego, a la larga, lo bueno siempre triunfa".

Lina Morgan no se encontraba a gusto en los tiempos del destape y en 1975, año de la muerte de Franco, se despidió de la pantalla grande con 'Un día con Sergio'. No volvería hasta veinte años después con 'Hermana, ¿pero qué has hecho?'. En los ochenta compra el Teatro La Latina a su antiguo jefe, el empresario Matías Colsada, por 127 millones de las antiguas pesetas. Los miles de espectadores que llegan en autocar de toda España logran que las comedias que representa salten a la televisión: 'Vaya par de gemelas', 'Celeste no es un color', 'El último tranvía'... En los noventa fue uno de los fichajes estrella de Antena 3 con la serie 'Compuesta y sin novio'. El último episodio de 'Hostal Royal Manzanares', ya en Televisión Española, reunió frente al televisor a más de 7 millones de espectadores.

A pesar de que se la relacionó en su día con el actor Juanito Navarro e incluso con el extravagante realizador Jesús Franco, jamás se casó y no tuvo hijos. Según confesó, intentó adoptar un niño pero se lo denegaron al no estar casada. Solo reconoció un idilio casi adolescente con el actor Manolo Zarzo. Golpeada por la enfermedad y por la muerte de su hermano y compañero en los negocios, José Luis, sus últimos dos años los pasó entre hospitales desde que la ingresaron por una neumonía. Hasta la Casa Real envió un telegrama para mostrar su apoyo.

Los rumores han adornado la personalidad de Lina Morgan de vicios y virtudes. Tan pronto se la dibujaba como una durísima negocianta (Jesús Cimarro tuvo que invitarla a cincuenta cenas con champán para que le vendiera su teatro), como se alababa un sentido del trabajo que la llevaba a bailar sangrando tras haber pisado un clavo del escenario. De la generosidad de la propietaria de la primera colección de joyas de España saben bien la ONG del Padre Ángel y Mensajeros de la paz. O la Iglesia de Jesús el Pobre, justo detrás de su casa natal en La Latina, cuya restauración -se dice- pagó de su bolsillo.



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