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Investigación

El palacio de Doñana, un centro tecnológico del siglo XXI

  • El CSIC ha comenzado las obras para transformar el edificio, cuyos orígenes datan del XIV

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Actualizada 14/04/2015 a las 12:58
  • EFE. Doñana
El CSIC ha comenzado las obras para transformar el antiguo palacio de Doñana -sede de la Reserva biológica de Doñana desde 1964 pero cuyos orígenes arquitectónicos datan, al menos, del siglo XIV- en un moderno centro tecnológico adaptado a las necesidades científicas del siglo XXI.

Los restos más antiguos de este inmueble corresponden a los pilares de un torreón medieval que controlaba el paso de mercancías, y también de presidiarios, entre Moguer -en el corazón de Huelva- y Sanlúcar de Barrameda -en la desembocadura del Guadalquivir-, según explicó el responsable de esta reserva, Fernando Ibáñez.

Recordó que este palacio, cuya fisonomía de cortijo andaluz data del siglo XVI, fue durante generaciones pabellón de caza de las familias reales y de la aristocracia.

A mediados del siglo XX, albergó a las primeras expediciones científicas a Doñana, entre ellas, la capitaneada en 1957 por el naturalista José Antonio Valverde y destacados ornitólogos europeos, amparados por la familia bodeguera jerezana González Gordon, propietaria de los terrenos, que promovieron la creación de la reserva y del Parque nacional de Doñana.

Décadas después, el presidente Felipe González escogió este inmueble para sus vacaciones estivales, lo que le permitió estrenar electricidad y teléfono, recordó Ibáñez, y favoreció que la riqueza natural de Doñana fuese disfrutada -y divulgada internacionalmente- por personajes como Mijail Gorvachov, François Mitterrand o Helmut Kohl.

Los posteriores presidentes españoles que veranean en Doñana lo hacen en otro palacio, el de Marismillas, ubicado a decenas de kilómetros, cerca de la desembocadura del Guadalquivir.

Cientos de científicos de todos los continentes se han alojado en este palacio durante el medio siglo que lleva como estación de campo del CSIC para desarrollar sus trabajos, que han evolucionado del tradicional lápiz y cuaderno de campo a la tecnología inalámbrica, según destacó la vicedirectora técnica de la Estación biológica de Doñana, Guyonne Janss.

Señaló que los más de siete millones de euros de inversión del Ministerio de Economía y de los Fondos FEDER adaptarán esta reserva biológica, catalogada ya como Instalación científico-tecnológica singular (ICTS) del CSIC, porque cuenta con una red de sensores y dispositivos de transmisión de datos, en una moderna sede para científicos del siglo XXI.

Esta inversión incluye la Reserva biológica de Doñana en el proyecto 'LifeWatch', infraestructura tecnológica de referencia internacional para la protección, gestión y uso sostenible de la biodiversidad que forma parte de una de las diez de especial interés para la comunidad científica europea.

"Estamos montando una infraestructura de última generación para dar cobijo a la necesidad de mucha computación al mismo tiempo y adaptando este edificio, que tiene muchísimos años, a esa necesidad", aseveró.

Para Juan Carlos Sexto, coordinador de informática de la Estación biológica de Doñana, la inversión que se ejecuta ampliará la capacidad de la red tecnológica con la que ya cuenta como ICTS y la conectará a gran velocidad con la Universidad de Huelva y con las redes tecnológicas europeas.

Sexto explicó que cualquier dato tomado por uno de los centenares de sensores o equipos de seguimiento de especies desplegados por Doñana podrá ser conocido al instante por cualquier investigador internacional interesado en ellos, gracias al centro de proceso de datos que se instalará en este palacio, dotado de una capacidad de un millón de gigabites.

Héctor Garrido, responsable del banco de imágenes de la EBD y uno de los científicos del CSIC que aún vive en el corazón de Doñana, destacó que este palacio aúna setecientos años de relaciones entre el hombre y este ecosistema singular.

Garrido evocó la Doñana aristocrática, que acogió cacerías y banquetes de familias de la nobleza; la Doñana romántica, que en 1797 albergó el romance entre Goya y la duquesa de Alba; y la Doñana moderna, íntimamente ligada a la ciencia, que la salvó a mediados del siglo XX y que ahora la convierte en uno de los centros de mayor capacidad tecnológica de Europa.



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