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La Gran Barrera de Coral lucha por recuperar su esplendor

  • Comprende 3.000 arrecifes y más de 1.000 islas, que se extienden a lo largo de 2.000 kilómetros

Fotografía facilitada por la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, de un pez payaso entre anémonas

Fotografía facilitada por la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, de un pez payaso entre anémonas

EFE
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Actualizada 24/09/2014 a las 14:21
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  • efe. Cairns (Australia)
La Gran Barrera de Coral, situada frente a la costa noreste de Australia, busca recuperar todo su esplendor en 2050 a través de un plan para limpiar las aguas de sus cuencas y erradicar la plaga de estrellas que se alimentan de sus corales. 

La recuperación de la Gran Barrera tardaría "en una situación ideal unos veinte años, pero creo que el plazo fijado por el plan hasta el 2050 es probablemente realista", dijo el director ejecutivo de la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, Russell Reichelt. 

Formada hace decenas de millones de años, cuando Australia se separó del supercontinente Gondwana y se desplazó al norte, la Gran Barrera comprende 3.000 arrecifes y más de 1.000 islas, que se extienden a lo largo de 2.000 kilómetros, y alberga 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 variedades de moluscos. 

La Gran Barrera fue declarada por la Unesco en 1981 como Patrimonio de la Humanidad, pero ahora esta organización evalúa si la incluye en 2015 en la lista de Patrimonio en Peligro por el impacto del desarrollo de la zona costera en el ecosistema, la calidad de las aguas y la salud de los corales. 

Esta amenaza ha motivado al Gobierno australiano a publicar recientemente el borrador de un plan de recuperación de la Gran Barrera hasta 2050. 

Pero para los ecologistas el documento es insuficiente, especialmente cuando se trata de atajar el problema de los vertidos causados por el dragado de puertos cercanos a la Gran Barrera. 

Según un reciente estudio en Australia, las actividades de dragado, que incrementa el nivel de los sedimentos que caen sobre los corales, interfiere en su habilidad para poder alimentarse y por ende, reduciendo su energía, y aumentan las frecuencia con que se manifiestan las enfermedades en estos organismos vivos. 

Russell Reichelt también consideró que se ha dado "una polémica muy emotiva" en torno al dragado, el desarrollo portuario y la gestión de un aumento del tráfico de barcos en esta zona que ha perdido la mitad de su cubierta coralina desde 1985. 

Según el Instituto de Ciencias Marinas, el 48% del deterioro de los corales se debe a las tormentas y los ciclones, el 42% por las estrellas coronas de espinas (Acanthaster planci) y un 10% al blanqueamiento producido por el calentamiento global. 

Reichelt destacó que las autoridades ya han descartado el desarrollo de nuevos puertos en la Gran Barrera y solamente trabajará en los ya existentes para impulsar la economía en la zona, que exporta a través de sus puertos productos por un valor anual de 35.383 millones de dólares (27.570 millones de euros). 

Pero a los ecologistas les preocupa de que el dragado sea vertido en las aguas de esta zona considerada como una de las siete maravillas naturales del mundo y que genera para el sector turismo unos 4.784 millones de dólares (3.721 millones de euros) cada año. 

Gran parte del dragado, junto a la contaminación de las cuentas por los fertilizantes y sedimentos provenientes de la agricultura, degradan la calidad de las aguas y afecta al ecosistema, además de provocar la proliferación de coronas de espinas. 

La plaga de devoradoras de corales, cuya hembra produce unos 60 millones de huevos al año y de adultas llegan a medir 40 centímetros, ha destruido más del 40 por ciento de los corales. 

Un equipo liderado por Steve Moon encabeza los esfuerzos por controlar la población de las coronas a través de un programa, que tiene fondos hasta junio de 2015, para inyectarles un veneno mediante un método en el que contribuyó el colombiano Jairo Rivera Posada. 

Moon comentó que se necesitan unos cuatro años más para poder reducir la población de coronas de espinas, para contribuir a la restitución de los sistemas coralinos de la Gran Barrera y además sugirió una mejor gestión de los proyectos de vertido del dragado. 

Por su lado, Reichelt consideró que sería un error incluir a la Gran Barrera en la lista de patrimonio en peligro ya que ésta conserva gran parte de su integridad y sus valores naturales y las autoridades hacen todo lo posible por conservarla. 



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