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Un centro para osos huérfanos les ayuda a vivir en naturaleza

  • Desde su creación, 70 cachorros de oso pardo han logrado reincorporarse al hábitat natural

Uno de los osos pardos del centro

Uno de los osos pardos del centro

archivo
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Actualizada 17/08/2014 a las 11:35
  • efe. bucarest
Entre 15 y 20 oseznos se quedan huérfanos cada año en Rumanía. Un tercio de ellos sobrevive gracias a un centro en el que se les cuida sin domesticarlos, para que no pierdan sus instintos y puedan regresar luego a la vida silvestre.

El Centro de Recuperación de Osos Huérfanos de Europa fue creado hace once años por la organización ecologista WWF en la provincia transilvana de Harghita.

Desde entonces, 70 cachorros de oso pardo han logrado, no sólo sobrevivir, sino reincorporarse al hábitat natural sin haber quedado "contaminados" por su contacto con los humanos.

El camino para llegar a este resultado no ha sido nada fácil y ha estado salpicado de fracasos.

Panda fue uno de ellos. Este cachorro fue de los primeros en llegar al centro pero para él fue tarde, ya que había pasado demasiado tiempo buscando comida entre la basura de núcleos urbanos como para aprender a buscarse la vida en solitario en el monte.

Ahora, es uno de los dos únicos adultos del santuario y ejerce como una especie de tutor de los cachorros.

Para evitar esa 'contaminación' y que los osos crezcan sin ningún contacto con los humanos, el centro de recuperación está situado en una remota zona montañosa dentro de un área de 20 hectáreas en la que está prohibida la entrada de personas.

"Hay que alejarlos de las zonas urbanas, donde pueden escarbar en la basura y encontrar comida fácilmente", explica Leonardo Bereczky, coordinador del centro.

Este experto en osos indica que ese aislamiento es tan importante para que tenga éxito la reinserción en la naturaleza, que ni siquiera se permiten las visitas guiadas al centro.

De hecho, Leonardo es la única persona que accede a la reserva para depositar comida, evitando siempre entrar en contacto con los animales.

Los osos crecen entre una red de madrigueras interconectadas en un espacio salvaje donde se cumplen las condiciones necesarias para desarrollar sus instintos naturales.

Aunque los oseznos están permanentemente vigilados y reciben atención, todo se hace de forma sutil para que los animales no pierdan sus instintos naturales.

"La comida se coloca en un lugar donde el oso deberá encontrarla por él mismo, de modo que descubra solo las fuentes de alimentación que le permitirán ser independiente", relata Bereczky.

Hasta que los animales no están listos para valerse por su cuenta en el bosque, siguen recluidos en el centro de osos huérfanos.

Normalmente los cachorros llegan cuando tienen entre tres o cuatro meses y quedan bajo supervisión en el santuario hasta que cumplen un máximo de dos años.

Con unos 6.000 ejemplares, la población de osos de Rumanía supone más de un tercio de la de toda Europa y es la segunda mayor del continente, por detrás de Rusia.

En el pasado fueron muchos más. Desde 1989, la deforestación y la caza han reducido la colonia de osos de Rumanía en unos 3.000 ejemplares.

"La pérdida de corredores ecológicos y el mayor número de personas que se desplaza a las florestas han provocado su disminución", señala el director de WWF Rumanía, Magor Csibi.

Dos son las principales causas de que los cachorros se queden huérfanos.
Por un lado, la caza furtiva que se practica aún en muchas zonas del país. Por otro, la presencia de humanos en los bosques.

Entre febrero y abril, cuando aún hay nieve, los osos hibernan en lugares recónditos, lejos de la actividad humana. Si son molestados, las madres huyen de la madriguera y dejan atrás a los cachorros.

"Muchas veces, las hembras se asustan con el ruido de las motosierras. No pueden echarse a la espalda a las crías y entonces las tienen que abandonar", cuenta Csibi.

Trece cachorros nuevos de entre tres y cuatro meses se han reincorporado recientemente al programa, al mismo tiempo que diez osos que pasaron todo el invierno en el centro quedarán en libertad dentro de poco, cuando termine el verano, cuando la abundancia de fruta garantiza que los osos tengan alimento.



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