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FUNDACIÓN VICENTE FERRER

Anna Ferrer, la mujer que hacía realidad los sueños de Vicente Ferrer

  • España condecoró a su marido con la Orden del Mérito Civil por la labor de la fundación

La viuda de Vicente Ferrer, Ana Ferrer (2ª izda.), acompañada del embajador de España en Nueva Delhi, Gustavo de Arístegui (izda.), su hijo Moncho Ferrer (2º dcha.), y el director general de la Fundación Vicente Ferrer, Jordi Folgado (dcha.)

Anna Ferrer, la realidad de los sueños de Vicente Ferrer

La viuda de Vicente Ferrer, Anna Ferrer (2ª izda.), acompañada del embajador de España en Nueva Delhi, Gustavo de Arístegui (izda.), su hijo Moncho Ferrer (2º dcha.), y el director general de la Fundación Vicente Ferrer, Jordi Folgado (dcha.)

EFE
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Actualizada 22/03/2014 a las 09:30
  • EFE. NUEVA DELHI )INDIA)
La muerte del mítico Vicente Ferrer sacó a la luz la figura de su viuda, Anna Ferrer, la encargada de materializar los "sueños imposibles" de su marido y cuya labor ha reconocido España al condecorarla con la "Orden del Mérito Civil".

"Para mí este premio es el reconocimiento de que tras la muerte de Vicente no ha cesado el trabajo de la Fundación y todo el equipo está muy motivado para continuar con sus sueños", dijo esta semana Anna (Gran Bretaña, 1947) antes de ser condecorada.

El acto se celebró en la embajada de España en Nueva Delhi, donde Anna -que dirige desde el fallecimiento de su esposo en 2009 la Fundación Vicente Ferrer (FVF)- permaneció escoltada en todo momento por su hijo Moncho y uno de los sobrinos de su marido, Jordi Folgado, actual director general de la fundación en Barcelona.

La condecoración supuso para Anna un momento de reflexión sobre su llegada cuando tenía 21 años a Anantapur, en el Estado meridional indio de Andhra Pradesh, y lo logrado en los 45 años que ha permanecido allí ayudando a los más desfavorecidos de 3.152 pueblos.

"La verdad es que es cierto lo que nos decía Vicente hace muchos años: la erradicación de la pobreza es posible, y yo he sido testigo de ello. Miles y miles de personas en estos 45 años han salido de la extrema pobreza y ahora tienen una vida digna", recordó.

La clave del éxito, según Anna, es que ella y su marido -con el que se casó en 1970- formaban "un equipo fantástico".

"Él era el que quería correr a muchos pueblos y ayudar a cientos de miles de personas, y yo era la que quería hacerlo todo muy bien. Por lo que juntos pudimos crear una muy buena base para la Fundación en Anantapur", afirmó.

O en otras palabras, como relató Anna en su libro 'Un pacto de amor' (Espasa, 2009), "Vicente siempre pedía el Sol, la Luna y las estrellas", mientras que ella era "la ejecutiva", la que trataba de "dar forma y poner en orden los sueños de ese ser maravilloso".

Pero a pesar de la muerte del gran soñador Vicente Ferrer, Anna avisa: "No hemos parado de soñar y no hemos parado tampoco a la hora de intentar realizar todos los sueños".

"Cuando murió Vicente estábamos trabajando en 2.000 pueblos y ahora estamos en 3.000, en nuevas zonas, ayudando a muchas personas, entre ellas a algunas que viven en las mismas condiciones que se vivía en Anantapur hace 30 años", explicó combativa.

Anna se emociona cuando habla de uno de los último grandes retos de la Fundación: ayudar a esos que viven como hace tres décadas, a la tribu de los "chenchus", quienes habitan "el interior del bosque y tienen una esperanza de vida de 45 años".

Pero sus objetivos inmediatos no se quedan ahí, y otra de sus principales luchas es poner fin "al problema de la violencia contra las mujeres en la India".

"En cada pueblo tenemos un comité que debe identificar a las mujeres que son maltratadas en casa y luego este se coordina con la Fundación para buscar soluciones. Tenemos, creo, una de las únicas casas de acogida para mujeres en una zona rural", explicó orgullosa.

En otros asuntos, como la condición marginal en la que se hallaban en la región de Anantapur los "intocables" -situados en el nivel más bajo del sistema de castas hindú-, se "ha progresado mucho".

"Hace 40 años vivían bajo el control de la casta alta, no tenían su propia voz ni podían tomar sus propias decisiones. Ahora son personas que tienen educación y tierra, son campesinos, tienen voz... Han progresado muchísimo", sentenció.

Pero además de esos grandes proyectos, que incluyen la construcción de hospitales, viviendas para más de 300.000 personas, escuelas y centros de apoyos para discapacitados, Anna no quiere dejar de ayudar "a la gente que está especialmente desesperada".

"Desde el año 69 hasta ahora la Fundación siempre ha pensado en ayudar a las personas que sufren, que están enfermas, que no tienen dinero o que han padecido una catástrofe", aseguró, a pesar de que algún pillo poco necesitado se les haya colado de vez en cuando.

"Es que Vicente y yo siempre hemos pensado que es mejor ayudar a alguien que realmente no lo merece, que equivocarnos y no ayudar a alguien que en realidad sí lo necesitaba", concluyó Anna, un resumen al espíritu de entrega que ha inundado su vida.



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