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Las supersticiones se resisten al paso del tiempo en Marruecos

  • La función psicológica de las supersticiones es un comodín para evitar responsabilidades y justificar desgracias

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05/08/2013 a las 06:01
  • efe. rabat
Pocos lugares hay en el mundo donde las creencias en las fuerzas sobrenaturales, en los genios y en los maleficios tengan tanto arraigo como en Marruecos, de ahí que se haya desarrollado toda una "industria" para conjurar la mala suerte.

En Marruecos es muy común escuchar advertencias como: "Cuidado con echar agua hirviendo en el sumidero porque te arriesgas a quemar un genio que luego se vengará de ti, ya que eligen como morada los desagües".

"Si un niño rechina los dientes se presagia la muerte de algún ser cercano", o "Si alguien tiene la ocurrencia de silbar o de abrir un paraguas en una casa acarreará una desgracia", son otros de los muchos dichos populares que se escuchan con frecuencia en este país magrebí.

Afortunado o desafortunado será aquel que sienta un picazón en la palma de la mano porque puede significar que cobrará o gastará dinero próximamente. Y que tenga cuidado la joven que se dé un golpe con una escoba porque ya nunca podrá casarse.

Las supersticiosas promueven una "industria de hechicería" muy presente en los zocos del país, donde el cliente puede encontrar soluciones para todo tipo de dolencias sobrenaturales: desactivar un embrujo, echar un maleficio a un enemigo, conseguir suerte en la vida o hasta domar a un marido.

También es habitual combatir el maleficio con diferentes objetos disponibles en herboristerías (incienso, órganos de animales o hierbas), ritos sacrificiales o acudir a una vidente o a un fakih (curandero) especialistas en desembrujar.

Acciones involuntarias como el parpadeo del ojo izquierdo, o que escapan a todo control humano, como el aullido de un perro, también pueden provocar mal augurio; mientras que si el ojo que parpadea es el derecho significa que se recibirán buenas noticias.

Dentro de estas creencias se puede distinguir entre las que tienen doble fundamento y están basadas en las costumbres locales y la religión.

Por ejemplo, confiar en la existencia de los genios como seres creados por Dios o en el mal de ojo mencionado en el Corán como sinónimo de envidia: "Di: Me refugio en el Señor del alba (...) del mal del envidioso cuando envidia".

Otro tipo de supersticiones tienen únicamente su fundamento en las costumbres locales y son reprobadas por la versión ortodoxa del islam que rechaza cualquier creencia que no aparezca en el Corán.

Para el antropólogo marroquí Hasan Rachik, uno de los autores del libro "El islam a diario", que trata de las prácticas rituales en Marruecos, las creencias fundadas en el islam son las comunes entre los marroquíes independientemente de estar instruidos o no, o de que provengan de un medio rural o urbano.

Un sondeo publicado en el libro y realizado en 2006 sobre una muestra de 1.156 personas de diferentes partes de Marruecos señala que el 90,9 % de los encuestados creen en el mal de ojo, y el 85 % en los genios y en la magia negra.

En Marruecos esta extendida la convicción de la gente en los poderes del mal de ojo para causar a una persona fracasos escolares o profesionales, enfermedades e incluso la muerte.

Varios sociólogos resaltan la función psicológica de estas supersticiones como un comodín para evitar responsabilidades y justificar desgracias o pérdidas atribuyéndolas a factores externos e involuntarios.

Para protegerse contra los espíritus malignos o "la mirada maléfica" de una persona algunos optan por invocar a Dios o recitar versículos del Corán si sienten el peligro inminente de un genio, o si reciben una excesiva manifestación de admiración que no es seguida de la expresión "Bendito sea Dios".

Otros pueden recurrir a amuletos protectores, como la mano de Fátima, o a la discreción para disimular éxitos o asuntos de máxima importancia y así evitar que las envidias les destrocen.

Las supersticiones en Marruecos resisten al paso del tiempo, y todavía hay padres que no dejarán que una persona pase por encima del cuerpo de su hijo, ni siquiera jugando, porque existe la posibilidad de que deje de crecer y se convierta en enano.



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