La retirada de Blanco facilita un proceso de renovación en el partido
- El vicesecretario de organización del PSOE ve "coherente y normal" alejarse de la primera línea política
Publicado el 26/11/2011 a las 00:05
"Me he presentado a las elecciones y tengo que responder a los compromisos adquiridos con los ciudadanos que me votaron".
Esa es la defensa del ministro de Fomento en funciones, y aún vicesecretario general del PSOE, frente a quienes insinúan que su decisión de no acompañar su paso atrás en la batalla interna del partido con una renuncia al escaño se debe, exclusivamente, a que no desea perder su condición de aforado en vísperas de que la Fiscalía del Tribunal Supremo dilucide si abre causa contra él por el caso Campeón.
El que ha sido durante 11 años número dos de los socialistas, y hombre fuerte del partido, ofreció ayer una rápida e inusual rueda de prensa como portavoz del Gobierno, llena de respuestas esquivas no sólo en lo que respecta a sus decisiones personales, sino también a las del Ejecutivo.
"Coherente y normal"
Aseguró no conocer "los extremos" del indulto al consejero delegado del Banco Santander, Alfredo Sáez, aprobado minutos antes por el Consejo de Ministros; fue incapaz de decir nada del encuentro entre Ramón Jáuregui y Soraya Sáez de Santamaría para el traspaso de poderes e incluso dijo que no sabía si era cierto que vaya a haber una reunión entre Zapatero y Rajoy antes del 9 de diciembre, como habían confirmado fuentes de la Moncloa.
En realidad, fue de su anuncio de retirada de la "primera línea política", lanzado en TVE a apenas 36 horas del comité federal que pondrá fecha al 38 Congreso del PSOE, de lo que más dijo. Y tampoco. Tan sólo afirmó sentirse extrañado de que la noticia haya causado sorpresa cuando es, dijo, lo más "coherente y normal" teniendo en cuenta que Zapatero, de quien ha sido en la última década hombre de máxima confianza, se marchará en febrero.
El gesto de Blanco, que no todos en el partido dan por inamovible, contribuye en todo caso al deseo del todavía secretario general de eliminar sombras de duda sobre la limpieza del proceso de renovación interna abierto tras el batacazo electoral del pasado domingo. Al menos en apariencia.
El político gallego fue uno de los principales artífices de la operación puesta en marcha hace más de un año para colocar a Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato a la Presidencia del Gobierno en vista del tremendo desgaste que, según detectaban las encuestas, acusaba Zapatero -quien también tomó parte activa en la estrategia-.
Los a priori partidarios de Carme Chacón, los contrarios a Rubalcaba y los temerosos de que la vieja guardia dé ahora un golpe de mano para hacerse con las riendas del PSOE , en general, recibieron con alivio la determinación de Zapatero de no abandonar el cargo , pese a las presiones, para erigirse en garante de la "democracia" interna. Sobre todo, después del fiasco de las primarias con un único candidato.
En ese sector crítico son muchos los que, sin embargo, aún ven con recelo a Blanco por más que él se desvinculara después de la campaña de Rubalcaba y por primera vez en su mandato recayera en otras manos la dirección de la estrategia socialista para las generales. En la formación hay quien afirma, incluso, que su relación con el exvicepresidente primero ya no es "tan buena" como antes.
No votará por nadie
"Le digo a quien vaya a ser secretario general "si tenías algún problema conmigo, ya no lo tienes"", dijo en clave interna durante su entrevista en televisión el jueves por la noche. También aseguró que no será delegado en el 38 Congreso, así que no tendrá que votar por nadie. Pero aún así, en su entorno cercano no descartan que en los próximos meses, hasta la cita de Sevilla, juegue sus cartas.
Al no dirigir esta última campaña alegó, como ahora, que su carrera estaba vinculada a Zapatero, pero fuentes muy cercanas al ministro hicieron una acotación significativa: "si un nuevo proyecto le ilusionara se podría volverse a enganchar".
En Galicia, especialmente, su paso atrás ha sido recibido con alfileres. "No hay que darle excesiva importancia; puede no ser irreversible", argumentó Pachi Vázquez, líder de los socialistas gallegos.