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REFORMA CONSTITUCIONAL

La difícil cohabitación en el PSOE

  • Tanto el fondo de la reforma como el rechazo al referéndum ponen en un aprieto al discurso de Rubalcaba

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La difícil cohabitación en el PSOE

Alfredo Pérez Rubalcaba, hoy candidato electoral del PSOE y entonces ministro del Interior, en diciembre del pasado año, junto al presidente Zapatero en La Moncloa. ARCHIVO

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Actualizada 28/08/2011 a las 00:05
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  • RAMÓN GORRIARÁN . COLPISA. MADRID

La propuesta de constitucionalizar el techo del déficit público provocó las primeras fricciones, y serias, entre el Gobierno y el PSOE, entre José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba.

El jefe del Ejecutivo planteó por sorpresa el martes en el Congreso una reforma de la Carta Magna pactada con Mariano Rajoy en unos términos que la hacían indigerible para los socialistas. Los planes del Gobierno y los del candidato y el partido colisionaron de frente por primera vez.

Era una posibilidad que estaba ahí, pero era poco probable, pensaban los socialistas, que se produjera en un asunto de la envergadura de una reforma de la Constitución, un tema casi tabú en los 33 años de vigencia de la misma. La revuelta en el partido gubernamental adquirió ribetes de ingobernabilidad y el modelo de bicefalia entre presidente del Gobierno y líder del PSOE se rompía en mil pedazos.

Es un conflicto de intereses de difícil de resolución porque el presidente del Gobierno atiende a unas razones que el partido no siempre entiende.

Zapatero, en la conversación que mantuvo con Rubalcaba unas horas antes de soltar su anuncio bomba en el Parlamento, explicó al candidato que no tenía más remedio que tragar el sapo planteado por el PP de incorporar a la Constitución un tope al déficit público, un sacrilegio laico para un socialdemócrata.

Lo menos malo

Argumentó que otras medidas para tranquilizar a los mercados tras las serias turbulencias con la deuda en la primera semana de agosto eran aún peores.

Y, sobre todo, que lo tenía pactado con Rajoy. Rubalcaba, dicen los suyos, ignoraba todo; algo difícil de creer porque las malas lenguas atribuyen al candidato resortes informativos hasta en el infierno y porque es poco creíble que Zapatero se embarcara en esta operación a espaldas del ya líder del PSOE.

El presidente del Gobierno dio el paso por la misma razón, u obsesión, que ha tomado otras medidas impopulares: evitar a toda costa un rescate de España. Debió pensar qué le hace una raya más al tigre cuando el objetivo es impedir la debacle. Además, había presiones de los grandes de la UE, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, y es muy posible, como sospecha el PP, que también una carta con la firma del presidente del Banco Central Europeo para constitucionalizar el techo del déficit, una decisión que hipotecará las políticas sociales de los gobiernos que vengan.

Zapatero tiene asumida la máxima del líder comunista chino Deng Xiaoping: "Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones". Y no hace distingos entre el color ideológico de las medidas para salir del agujero de la crisis.

Cuesta creer que el candidato no estuviera informado de la operación aunque dijera que hasta el lunes no dio su visto bueno.

"Si estaba en la inopia, malo, pero si estaba en la cocina de todo y ahora se hace de nuevas, peor", comentó un diputado socialista el día que Zapatero hizo el anuncio.

Brecha abierta

Pero el daño está hecho, dicen en el PSOE. La reforma constitucional pactada con los populares ha abierto un boquete de muy complicada reparación en la estrategia del candidato, empeñado en construir un discurso de izquierda que saque del desencanto a miles de votantes socialistas.

Los guiños al 15M, las palabras severas a la banca o la vuelta a las esencias del puño y la rosa quedaron devaluados, al decir de numerosos dirigentes del partido, con la aceptación de una reforma constitucional que lastra cualquier discurso progresista.

Además, la negativa a someter la modificación a referéndum convierte en nada las apelaciones de Rubalcaba a una mayor participación ciudadana en la vida política.

"No es que el partido esté dividido, es que el PSOE está contra Zapatero», apuntó estos días un diputado gubernamental.

"¿Quién dice que es de izquierdas endeudarse?"

Pérez Rubalcaba defendió ayer "unas finanzas estables y una deuda pagable" para que el país tenga autonomía política, y quiso dejar claro que incurrir en el déficit público no es de izquierdas.

En un encuentro con colectivos sociales y vecinales de Fuenlabrada (Madrid), Rubalcaba subrayó que cuando un país debe mucho "pierde su autonomía política" porque está en manos de aquellos a quien debe dinero.

El candidato socialista subrayó que nunca había pensado que la diferencia entre la derecha y la izquierda se dirima entre quien se endeuda más, y aseguró que la derecha y la izquierda se distingue por cómo se gastan el dinero y "por la justicia social" que la izquierda trata de imprimir a a sus acciones.

"¿Quién ha dicho que sea de izquierdas endeudarse?", se preguntó Rubalcaba, para remarcar que "lo que es de izquierdas es dirimir los objetivos de gasto en función de los sectores más débiles y recaudar ingresos tratando que paguen más quienes más tienen y ordenar los gastos para que estos lleguen a quienes más lo necesitan".



  • Isidro
    (28/08/11 09:37)
    #1

    Las piedras que va colocando Zapatero en el camino a Rubalcaba, que nadie piense que esta vez son errores. Son más bien torpezas. ¿ Qién como ? Nadie como yo. Macahis.

    Responder


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