ELECCIONES 20N
La abstención, una incógnita
- El PP estima que la participación en el 20-N será alta y que a los votantes que les respaldaron en 2008 se unirán muchos del PSOE, que se esfuerza en su campaña por movilizar a su electorado
Actualizado el 07/11/2011 a las 06:00
La posibilidad de que más de una cuarta parte de los votantes se quede en casa el 20-N es vista por los partidos como un factor difícil de anticipar, aunque, de las principales fuerzas políticas, el PSOE es el que más teme a la abstención.
Si se da un repaso a las cifras de participación en los comicios celebrados durante la democracia, se verá que el porcentaje medio de abstención en las elecciones generales es del 26,08%.
Fue en octubre de 1982, en los comicios que dieron al PSOE su histórica mayoría absoluta, cuando en España se alcanzó el récord de participación en elecciones a Cortes Generales, el 79,97% del electorado. El umbral más bajo de participación data de marzo de 1979, con una cota del 68,04%.
En cualquier caso, estos porcentajes son propios de una democracia plenamente consolidada, según coinciden los sociólogos, para quienes resulta muy difícil vaticinar, a golpe de encuestas, cómo puede ser la participación del 20-N.
Ni siquiera la influencia del movimiento 15-M parece clara a la hora de aplicarla a la abstención, ya que, como recuerda el catedrático de Sociología Ricardo Montoro, en las municipales de mayo, cuando este fenómeno alcanzó su momento más álgido, de 35 millones convocados votaron casi 23 millones.
Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, se inclina más por una derivación del voto de los indignados a candidaturas concretas, dejando fuera a los dos grandes partidos.
Principal enemigo
¿Y los partidos? El PP no muestra temor alguno a la abstención, convencido de que la participación será alta y de que, entre los votantes del 20-N, estarán sus fieles, esto es, los diez millones que le respaldaron en 2008 y a los que se unirán otros muchos, incluso del PSOE (entre 1 y 1,2 millones de votantes, calculan).
Por el contrario, el PSOE sí ve en este fenómeno uno de sus principales enemigos, porque sospecha que, sean muchos o pocos los que se queden en casa, a buen seguro serán votantes suyos desencantados.
"Hay un sector de votantes del PSOE insatisfecho, que no acaba de ver claro cómo se produjo el recambio en el liderazgo del partido y que no ha entendido que nadie dimitiera tras el varapalo de las elecciones autonómicas y municipales", opina Vallespín.
Ello justificaría que la campaña socialista esté enfocada principalmente a tratar de movilizar a los suyos, aunque el mismo politólogo advierte de que la ve demasiado orientada a promocionar el liderazgo de Rubalcaba, más que a fomentar la marca PSOE.
Con todo, los expertos admiten que el parámetro de la abstención es uno de los que más se escapa en las encuestas preelectorales.