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El yerno ideal que salió rana

  • La gestión de Urdangarín al frente del Instituto Nóos -que fue en su día investigada por la Casa del Rey- ha sido el punto de inflexión de una relación con la Familia Real que había sido perfecta

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Iñaki Urdangarín tendrá que prestar declaración como imputado. EFE

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Actualizada 30/12/2011 a las 01:04
  • RAMÓN GORRIARÁN . COLPISA. MADRID

ALGO olía a podrido en los negocios de Iñaki Urdangarín. Era un comentario recurrente desde hace más de cinco años. Incluso algún diario informó allá por 2006 sin pena ni gloria de presuntas irregularidades en los tratos comerciales del duque de Palma. Hizo falta que llegará el juez José Castro y sus investigaciones sobre el velódromo mallorquín Palma Arena para que se destapase la caja de los chanchullos, aún presuntos pero con un efecto demoledor.

Era el yerno ideal. Su padre, un banquero del PNV que llegó a presidir la Caja Vital de Álava y su madre, una belga de ascendencia noble. Era un deportista con 56 títulos en el equipo de balonmano del Barça y dos medallas de bronce en los Juegos de Atlanta y Sidney, formado con estudios de economía, educado, buen marido y buen padre de sus cuatro hijos.

Hasta en el apartado estético pasaba el examen con nota pues con su 1,96 de estatura no desentonaba en las fotos de una familia de altura.

Caía simpático a la gente, mucho más que su cuñado Jaime de Marichalar, con su imagen taciturna de caballero fugado de un cuadro de El Greco, y que su cuñada Letizia Ortiz. Vamos, que lo tenía todo para triunfar en la Familia Real y entre la ciudadanía.

Pero fue dejar en 2000 las canchas de balonmano y acabar con 33 años sus estudios de Administración y Dirección de Empresas en Esade, y perder el rumbo.

Quiso compatibilizar trabajos para empresas con actividades deportivas con su participación en el Comité Olímpico Español, en el que llegó a ser vicepresidente primero. Ese, sin la actividad empresarial, era el camino que deseaba la Zarzuela para el marido de la infanta Cristina.

Pero el duque de Palma no pensaba así. En 2003, se incorpora al Instituto Nóos -inteligencia o esfera en griego- y al año siguiente se convierte en su presidente. Para entonces ya estaba asociado con su profesor en Esade Diego Torres.

Juntos tejieron una maraña de empresas de intermediación e inmobiliarias que, de acuerdo en las investigaciones, bajo la apariencia de entidades sin fines de lucro hacía pingües negocios al abrigo de la vitola real del duque.

Algo debió sospechar el Rey sobre los negocios de su yerno porque en la primavera de 2006 envió a su asesor José Manuel Romero Moreno a Barcelona para que pusiera freno a aquellas actividades.

Urdangarín, en apariencia, se desvinculó de Nóos, pero nunca rompió amarras y mantuvo intacto su entramado empresarial. No se sabe cómo, pero se intuye, en 2006 es fichado por Telefónica y nombrado consejero de su división internacional.

Noviazgo y boda

Tres años después, los Urdangarín Borbón se fueron a Washington, donde el cabeza de familia es consejero de la compañía para Estados Unidos y Latinoamérica.

Los Duques de Palma se conocieron en 1996, cuando la infanta Cristina fue a saludar a la selección española de balonmano en los Juegos Olímpicos de Atlanta, y se casaron un año más tarde en Barcelona.

Allí -en el palacete de Pedralbes, cuya adquisición fue controvertida en su día- han residido hasta hace cinco años, cuando se trasladaron junto a sus cuatro hijos a Estados Unidos. Urdangarín está a punto de cumplir 44 años -el próximo 15 de enero- y es de Zumárraga, en la provincia de Guipúzcoa, aunque creció en Barcelona.

Pese a la distancia oceánica, en Washington nunca desatendió sus negocios privados y ya fuera como directivo de las empresas o bien a través de testaferros continuó con sus tratos mercantiles. Hasta que en julio pasado el juez tomó la investigación.




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