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Adictos a Benedicto

  • El calor y la llovizna no arredraron a los peregrinos. Miles de personas se echaron ayer a la calle para vitorear la llegada de Benedicto XVI a Madrid

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Adictos a Benedicto

Bomberos esparcen agua sobre los peregrinos para mitigar el calor en la Plaza de Cibeles. EFE

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Actualizada 19/08/2011 a las 01:04
  • ANTONIO PANIAGUA . COLPISA. MADRID

EL calor y la llovizna no arredraron a los peregrinos. Miles de personas se echaron ayer a la calle para vitorear la llegada de Benedicto XVI a Madrid. Lanzamientos de globos, confeti y serpentinas adornaron el recorrido del papamóvil por las calles de la ciudad. Con una mezcla de fervor y entusiasmo, la juventud católica de un sinfín de nacionalidades jaleó al papa durante el trayecto que hizo desde el aeropuerto de Barajas hasta la Nunciatura, donde se alojará durante los días que permanezca en España.

La ciudad se despertó engalanada para la ocasión. A lo largo de toda la calle Alcalá y el paseo de Recoleto y del Prado, flores blancas y amarillas (surfinias y tagetes), con los colores del Vaticano, dieron la bienvenida al obispo de Roma.

Madrid amaneció nublado. Los chubascos que cayeron no disuadieron a las multitudes que se arracimaron tras las vallas de seguridad para dar la bienvenida a Joseph Ratzinger. Tras ser recibido por los reyes y el presidente del Gobierno, el pontífice, acompañado por su secretario personal, Georg Gaenswein, y el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco, abandonó el aeródromo en el interior del coche pontificio, un Mercedes Benz ML 430.

Siete horas de espera

Eran muchas las personas que se habían apostado en lugares estratégicos para ver de cerca al pontífice. "Llevo siete horas de espera, pero aquí estamos representando a Chile", contaba Andrea, una voluntaria a quien el cansancio no menoscabó su entusiasmo.

"Somos adictos a Benedicto, "Sí, sí, sí, el papa ya está aquí" y "Esta es la juventud del papa" fueron algunos de los lemas coreados por los fieles al paso de la comitiva pontificia. "Esto demuestra que la juventud católica está muy viva", aducía el seminarista Jesús Godoy, un venezolano de 27 años. Godoy está convencido de que eventos como la Jornada Mundial de la Juventud sirven para robustecer la fe de los creyentes. Encaramados a las vallas, sobre pasarelas y puentes , los jóvenes aclamaron al sucesor de Pedro.

El rosario misionero

Como el papa ha solicitado expresamente que su efigie no sea objeto de mercaderías, las tiendas oficiales de la JMJ se abstienen de vender recuerdos con la imagen de Ratzinger, salvo la moneda conmemorativa. Por lo demás el merchandising del viaje pontificio es copioso. Se pueden adquirir camisetas, mochilas, gorras, imanes, entre otros objetos, con profusión de colores vivos. "El rosario misionero es quizás el artículo con más éxito", informa Ana Mercedes Muñoz, quien regenta una tienda. En El Corte Inglés y negocios de souvenirs del centro de la capital el trasiego de peregrinos es inagotable. "No damos abasto", dice una dependienta de la calle Montera. A los voluntarios se les ha instruido para que traten de disuadir a los vendedores de productos piratas. Los parabienes por la visita de Joseph Ratzinger tienen también un cariz no solo espiritual. Luis, un camarero de un bar de Avenida de América, por donde transitó el vehículo del papa, no ocultaba su alegría por la afluencia de clientes. "Llevamos unos días en que no paramos de trabajar. Es algo raro para ser un mes de agosto", dice.




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