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EDUCACIÓN

Aprender lengua en clase de matemáticas

  • Así funciona el método pedagógico del colegio Santa María La Blanca, uno de los más punteros de España
  • El centro fomenta que sus alumnos decidan su propio ritmo de trabajo y que los profesores no den clases magistrales

22/02/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
Sus alumnos corren en un patio de puro cemento. Tiene pasillos forrados de murales pintados a mano y niños que acuden en parejas a ver a la enfermera. Parece un colegio normal, pero es uno de los cuatro centros más punteros de España según el libro 'Viaje a la escuela del siglo XXI', editado por la Fundación Telefónica, que señala a los 50 más innovadores del mundo. En sus aulas los estudiantes gestionan su propio aprendizaje y el profesor ya no da clases magistrales; ahora acompaña en el proceso al ritmo de cada uno. El concertado Santa María La Blanca, en Madrid, nació hace ocho años convencido de que el modelo clásico de enseñanza se había quedado viejo. Los cambios que muchos expertos reclaman desde hace años, ellos las han puesto en marcha.

"Fue una apuesta por el sentido común", asegura Isabel Solana, la directora de innovación de la Fundación Lezama, de la que depende el colegio. El proyecto surgió cuando uno de los nuevos barrios de Madrid, Montercarmelo, empezó a llenarse de vecinos. Desde entonces no han parado de crecer. Ahora, asegura, tienen unos 1.800 alumnos y se preparan para dotarlo de 500 plazas más.

Su método supone dar la vuelta al método tradicional de enseñanza pero mantenerse dentro de los márgenes que marcan las leyes de educación. Al empezar el curso, a cada niño se le hace un diagnóstico sobre su nivel, su motivación y sus capacidades respecto a cada una de las asignaturas que va a cursar y se le asigna un nivel. El 1 para alumnos con necesidades educativas especiales, el 2 para los que les cuesta más, el 3 para los que van bien y el 4 para estudiantes de altas capacidades. Uno puede estar en nivel 2 de lengua, en el 4 de matemáticas y en el 3 de plástica simultáneamente.

Cada departamento elabora cada curso guías didácticas de sus asignaturas, adaptadas a estos niveles. Con explicaciones, ejercicios y material de consulta acorde y accesible desde un ordenador. Nada de un único libro de texto y el mismo ritmo para todos. "Y cada alumno se compromete con su propio plan de trabajo", aclara Solana. Son los estudiantes, explica, los que organizan el tiempo que dedican a cada materia. "Igual estan estudiando historia en clase de matemáticas, y está bien así", dice Solana. Cuando tienen dudas las consultan con el profesor -o un compañero-. Y cuando consideran que ya dominan los contenidos de uno de los bloques en los que se dividen las materias, piden examinarse. Para aprobar la asignatura, tienen que completarlos todos antes de final de curso.

PREPARAR PARA EL FUTURO

"Se les exige según sus capacidades y eso hace que trabajen mejor y desarrollen su autonomía y la responsabilidad", afirma Carlos Amador, el director del centro. Aunque la separación en niveles les planteó dudas al principio, los alumnos la prefieren. "Fue fascinante ver que se lo toman como algo positivo que les va a permitir sacar la asignatura", aclara Solana. "A menudo, cuando tienen una duda le preguntan al compañero que saben que controla más, lo que a su vez genera un ambiente de colaboración muy sano en clase".

La idea del colegio es del cura Luis Lezama, creador de varios restaurantes y escuelas de cocina para jóvenes con problemas de integración por todo el mundo. "La educación de la memoria es un fracaso", asegura. "Los niños de hoy reciben tantos estímulos que tienen la memoria colmatada. Hacer que memoricen cosas que no les interesan no funciona". Gracias a las nuevas tecnologías casi cualquier información es de fácil acceso, razona, y es más eficaz enseñar a los jóvenes a acceder a ella y a comprenderla. Que aprendan los contenidos que pide la ley, pero además desarrollen otras habilidades. "Lo que queremos es preparar a los chavales para un futuro que no sabemos qué les va a deparar", sentencia Solana. Su método pedagógico ya ha llamado la atención dentro y fuera de España. "Nos visitan mucho", cuenta Lezama. E implantarlo, reconoce, fue todo un reto aunque la situación económica de las familias del barrio facilitase el salto. "Pedir que compren un portatil a sus hijos y que respondan todos no se puede plantear en todas partes", dice. Explicar los cambios en clase fue fácil con los niños, y más difícil con profesores y familias. A sus docentes les dan cursos de 50 horas para enseñarles a funcionar bajo este nuevo rol de acompañantes, y les exigen formación continua y evalúen sus métodos y materiales cada año. A muchos padres nuevos, afirma, aún les cuesta entenderlo. "Se relajan solo cuando ven que sus hijos están bien atendidos", cuenta Solana.

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