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Cándido Méndez: "El mundo puede vivir sin mí perfectamente"

  • Tras 22 años al frente de UGT como secretario general, Méndez prepara su regreso a la vida privada y defiende la importancia de los salarios y el papel de los sindicatos en la economía

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, durante su intervención en la de la II Asamblea Confederal Consultiva del sindicato

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, durante su intervención en la de la II Asamblea Confederal Consultiva del sindicato.

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, durante su intervención en la de la II Asamblea Confederal Consultiva del sindicato

EFE
21/02/2016 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
El octavo secretario general de UGT en sus 128 años de historia llegó en 1994 al sindicato con una prioridad absoluta: sacarle de la crisis creada por la Promotora Social de Viviendas (PSV), un empeño que le costaría 15 años. Cándido Méndez deja el cargo tras un largo liderazgo, cuando la central socialista, según explica, debe afrontar grandes cambios con menos recursos y trabajar con una mayor transparencia. En su repaso de más de dos décadas intensas, sostiene la necesidad del cambio político, evalúa a los cuatro presidentes de Gobierno que ha conocido (González, Aznar, Zapatero y Rajoy) y defiende la correcta actuación de las centrales durante la crisis. Son insustituibles, subraya. Ahora, a punto de recuperar su vida privada, enfatiza: "el mundo puede vivir sin mí perfectamente".

¿Entre el país que encontró en 1994 y el actual, tras ocho años de durísima crisis, con cuál se queda?

Me quedo con este. Nunca he tenido nostalgia del pasado. Este país es mejor y esta Europa también lo es, pese a que está absorta en un problema de seguridad.

En la última crisis, de la mano del neoliberalismo, los derechos laborales y sindicales han sido recortados. ¿Cree que la economía funcionará mejor con la actual regulación?

La sociedad, indiscutiblemente, no va a funcionar mejor, porque se basa en una lógica de convivencia, cuyo eje es el reparto equilibrado de la riqueza. Pero es que la economía está basada en el consumo, que a su vez está relacionado con las condiciones de trabajo y el salario. Con la lógica neoliberal ni la economía ni el consumo funcionan adecuadamente.

Pero de esta crisis sí ha salido un principio puesto en duda por esa doctrina, que subir los salarios es muy sano para la economía...

Es muy importante que la patronal española reconozca que subir el Salario Mínimo no es un delito de lesa Hacienda Pública; al contrario, acicatea el consumo y va en beneficio de la actividad. Al respecto, está penetrando en España algo que el presidente Obama tiene muy claro. Me refiero a cuando dice que la mayoría de los ciudadanos de Norteamérica viven de su nómina y no de la evolución de los mercados financieros. Esto quiere decir que se ha ido avanzado en la importancia que deben tener los salarios. Reivindico la nómina como elemento de redistribución de la riqueza. 

Usted es de credo socialista. ¿Cómo ve desde la perspectiva sindical las medidas de ajuste de Zapatero en la fase final de su mandato, al borde de la intervención?

Como secretario general de UGT tuve que responder con una huelga general contra aquellos ajustes, que vivimos como una experiencia muy amarga. Y si bien la huelga estaba justificada, también creo que debo hacer algunos reconocimientos. El primero, que aquella decisión del Gobierno se adoptó dos años después de iniciada la legislatura, tras desarrollar el programa electoral los dos primeros años. Y resalto esto porque quiero diferenciar lo que ocurrió con el PP, que a sabiendas de la grave situación que había en este país elaboró un programa electoral que hizo pedazos nada más tomar posesión. No son situaciones equiparables, aunque la reacción sindical de huelga general fue la misma con ambos gobiernos.

¿Repetiría ahora aquella reacción sindical? ¿Tenían alternativas?

Pero es que nosotros hicimos también otras cosas. Como firmar el acuerdo de pensiones con patronal y Gobierno en 2011 para preservar un factor de redistribución y estabilidad social formidable, como se ha demostrado durante la recesión, ya que permitió sobrevivir a cientos de miles de familias con las pensiones de los mayores. Más tarde hemos podido comprobar lo que ha hecho Tsipras en Grecia. Por eso, aunque ha habido errores, estoy convencido de que hicimos lo que debíamos, incluida la contención de salarios, que ahora ya van mejorando. En Grecia, con más de 20 huelgas generales, no han ido a mejor. Otra lección es la desaparición de la creencia de que la política lo podía arreglar todo. Tiene límites y se está demostrando que el diálogo social puede ser fundamental para mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras.

La corrupción dentro de su central ha sido uno de los momentos más amargos para Cándido Méndez. ¿Cómo puede evitarse en el futuro?

Esa fue una situación muy dura, con incidencia en los últimos tres años. En UGT no ha habido nadie, pero nadie, que haya mantenido el cargo estando imputado. Otras organizaciones no han hecho eso. Y ha habido en mi caso una ofensiva mediática descomunal en función de la magnitud de lo ocurrido. La parte más dolorosa ha sido, no obstante, la de José Angel Fernández Villa, líder carismático del SOMA asturiano. Una de las lecciones que he aprendido es que los personajes carismáticos no son ninguna garantía en sí mismos, y que no se puede tener confianza ciega en nadie.

¿Volverán las centrales a recuperar el poder de antes de la crisis, cuando eran buscadas por los presidentes de Gobierno para reunirse con ellas?

La ofensiva contra los sindicatos viene de lejos. Pero la realidad ha sido muy tozuda y ahí siguen. Se nos ha dejado en un papel secundario, se nos acusado de ser parte de la casta.... Y no es así, los trabajadores nos siguen reconociendo y hay un escenario donde son insustituibles: el convenio colectivo. Y el convenio es el ámbito donde se produce la distribución primaria de la riqueza. Eso se percibe cada día más. Ahora, el PP nos ha llamado para negociar el plan de empleo juvenil -en 2012 nos recibió primero Merkel que Rajoy-, y también reconoce nuestro papel el candidato a la investidura o Podemos.

¿Se atrevería a dar algún tipo de consejo a su sucesor, sea quien fuere?

Por mi experiencia, debe venir dotado de una buena dosis de humildad. No voy a hablar de candidatos, pero sí quiero aclarar algo. En su día dije que el nuevo líder debería tener de 45 a 55 años y experiencia, entre otras cosas. Yo combinaba capacidad y experiencia, pero en referencia a toda una cohorte generacional, no a personas, como algunos interpretaron. Quise ser justo con mi organización, ya que no son solo los sexagenarios los que tienen capacidad y experiencia; y no solo hombres, sino también mujeres. Y así mismo, los hay por debajo de 45 años -probablemente con menos experiencia, pero con capacidad-.

¿Qué opción prefiere en las actuales negociaciones para la investidura de presidente del Gobierno, una transversal o una de izquierdas?

Ante todo, he destacar que hay 15 millones de ciudadanos que han votado cambio, e incluyo a Ciudadanos en ello. Son más del doble de los que han votado al PP. Por ello, creo que hay que ir a un Gobierno de cambio. La experiencia de otros países nos indica que en este tipo de situaciones hay que ir paso a paso. Primero, la investidura, para luego gobernar con unos y con otros. Dado que hay que hablar de reformas, un Gobierno transversal del cambio proporcionaría más estabilidad. Y tras todo esto, hay que contar con las requisitorias de Europa, y al respecto la experiencia de Tsipras es muy interesante porque una cosa es decir y otra es gobernar.

¿Hay vida para un sindicalista después de la jubilación? ¿Qué planes tiene?

No sé lo que voy a hacer. Desde luego, estaré a disposición de la nueva ejecutiva, pero sobre todo quiero recuperar mi vida privada. He vivido 22 años sobreexpuesto. Llegué con el problema de la PSV y aquella situación de exposición pública no ha cejado. Necesito tomar distancia, recuperar mi privacidad. Creo que el mundo puede vivir sin mí perfectamente.

¿Y escribir unas memorias?

Sí; pero de otro tipo. No pienso en unas memorias sesudas del sindicato, sino de lo que ha acompañado estar en el cargo, ligadas a la vida. Cómo me han recibido, o cómo he percibido el cambio del tiempo en cosas como la forma de trabajar. Y es que, además, yo soy ágrafo. Soy, sobre todo, de cultura oral, y me cuesta mucho trabajo poner por escrito un artículo; me aterra un papel en blanco.

¿Cómo han sido las relaciones estos 22 años con su antecesor, el emblemático Nicolás Redondo? ¿Intentó influir en las decisiones que tomaba?

A veces sí tuvo algún conato, cosa que es muy humana. Pero un día me dijo: "Si tu ves que yo pretendo seguir incidiendo, por favor, tírame por la ventana". En cualquier caso he tenido y conservo una relación muy cordial... Bueno, esa palabra no llega a reflejar el nivel de relaciones que mantengo con Nico, al que respeto y acepto.

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