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Esperanza Aguirre acorrala a Mariano Rajoy al dimitir por la corrupción

  • En el PP crece el clamor de renovación urgente y fuentes del partido alertan de que los escándalos ponen en riesgo su proyecto común

La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, presentando su dimisión.

Esperanza Aguirre acorrala a Mariano Rajoy al dimitir por la corrupción

La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, presentando su dimisión.

EFE
15/02/2016 a las 06:00
  • colpisa. madrid
"Morir matando". El mensaje, con escasas variaciones, se multiplicaba y se cruzaba hoy en los terminales de los dirigentes y miembros del PP una vez conocida la noticia de la dimisión de Esperanza Aguirre. Unos, atónitos; otros, aliviados e incluso, algunos, admirados, coincidían en que nada en esa comparecencia convocada de manera urgente y sin apenas previo aviso había sonado "casual". La ‘lideresa’ acababa de pronunciar su penúltimo adiós como asunción de su "responsabilidad política" ante los casos de corrupción en el partido y había señalado indirectamente el camino a seguir a su eterno rival, Mariano Rajoy.

A las 14:22 de la tarde, Aguirre se dirigió a la prensa en la sede madrileña de los populares, con semblante serio y sin perder la templanza; incluso pidió a los fotógrafos un poquito de distancia para que no le sacaran "todas las arrugas". El anuncio fue inmediato: "Hemos conocido una serie de noticias de indiscutible trascendencia relacionadas con el PP de Madrid, y la gravedad de las informaciones, aunque no estén demostradas, me lleva a presentar mi dimisión como presidenta".

Mientras el murmullo se extendía por la sala, los populares comenzaron a compartir sus impresiones en privado. "¡Por fin asume responsabilidades!", apuntaba un alto cargo, preocupado por el afloramiento de escándalos y "avergonzado" por lo vivido la semana pasada. Aguirre tomó la decisión apenas dos días después de que el jueves la Guardia Civil procediera al registro de la sede regional en la calle Génova en el marco de una investigación por presunta financiación ilegal. Pero también, según explicó, tras reflexionar sobre los posibles delitos que uno de sus hombres de confianza, Francisco Granados, en prisión por la trama Púnica, pudo cometer mientras fue secretario general del PP de Madrid. "Algo grave debe de haber".

"Eso es lo que me lleva a asumir mi responsabilidad in eligendo, por elegir a este señor, e in vigilando, porque debería haber vigilado mejor", argumentó la hasta ahora presidenta de los populares madrileños que defiende el "gesto" ante la "indignación" de los militantes. Aguirre no quiere dar nada por hecho. Cada sospecha de ilegalidad, anticipa, deberá ser confirmada; cada noticia, calibrada; y prepara el terreno para que no se asuma todo como "absolutamente cierto". Pero, y aunque han tenido que pasar años para llegar a la dimisión, este domingo quiso hacer gala de saber distinguir entre no haberse llevado nunca "un duro" y reconocer que ella es la responsable política de lo ocurrido.

Es la diferencia entre "el tesorero" que pudo cometer una irregularidad, y la presidenta que no se ocupó de controlar lo suficiente. Inevitablemente la reflexión llevo a algunos populares a recordar un nombre, el de Luis Bárcenas, y a concluir: "¡Vaya papelón para Rajoy!". No hay en el PP estos días quien ponga en duda la honestidad del jefe del Ejecutivo, pero arrecian las voces que reclaman que dé un paso atrás ante la proliferación de escándalos y tras años de reacción dubitativa por parte de la cúpula.

El movimiento de Aguirre, que nadie ve inocente, sobre todo porque ya no se iba a presentar a su reelección en el próximo congreso, ha conseguido poner el foco sobre el líder de los populares. "El señor Rajoy debe seguir su camino", respondió la expresidenta tras recordar que él mejor que nadie sabe lo que tiene que hacer cuando está juego la formación del nuevo Gobierno. Y añadió, como advertencia, que "este no es el tiempo de los partidismos ni de los personalismos, sino que es el tiempo de los sacrificios y de las cesiones".

Cifuentes, sucesora

Pero la suya es una cesión parcial. Aguirre continuará en el Ayuntamiento de la capital, como portavoz de los populares mientras, según fuentes del PP, lo "más probable" es que una gestora administre el día a día del partido regional hasta su renovación. Esa es la decisión que tendrá que adoptar mañana Rajoy en el comité de dirección, a sabiendas de que el debate sucesorio de Aguirre será una nueva batalla en la que la cúpula apuesta por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que tendría que posponer, sin embargo, la aspiración que alberga, según algunas voces populares, de tomar las riendas del PP nacional.

El presidente ha paralizado hasta el momento los congresos en los que se actualizarán las estructuras regionales de la formación. Todo está en suspenso hasta que el sudoku tras el 20-D se resuelva. Es este tiempo de espera lo que preocupa profundamente a los dirigentes populares en los territorios, que subrayan que ya sólo queda la "bala" de la renovación en la recámara.

Algunas fuentes temen el desgaste del día a día por el surgimiento de nuevos escándalos de corrupción y alertan de que se está llegando a poner en riesgo el proyecto común del PP. Son los mismos que han asistido con inquietud al anuncio de que la organización se plantea su refundación en Valencia para darle un cariz más regionalista y frenar la sangría de votos tras las operaciones policiales. "Lo que nos hace grandes es que defendemos lo mismo en cada rincón de España", argumentan alarmados.

La regeneración "urgente y profunda" que demandan está, en cualquier caso, sólo en manos de Rajoy, a quien algunas de las bases integradas en la Red Floridablanca exigían hoy la dimisión. En el partido hay quien avisa de que si el PP no reacciona, Ciudadanos lo hará por ellos. Desde luego, Albert Rivera se colgó en Twitter la medalla por la salida de la líder madrileña y lanzó un aviso para navegantes: "Dimisión de Aguirre. Seguimos".

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