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Pactos de Gobierno

O Sánchez o elecciones

  • El secretario general de los socialistas marca por primera vez la agenda política nacional, ha reafirmado su liderazgo en el partido, ha acallado a los críticos

Actualizada 06/02/2016 a las 22:08
  • colpisa. madrid
O Pedro Sánchez se convierte en el próximo presidente del Gobierno o habrá nuevas elecciones legislativas. No se atisba otra alternativa porque Mariano Rajoy, el otro posible candidato, sigue enrocado en que no va a presentarse a un debate de investidura en el Congreso sin garantías de ganar la votación, y hoy no las tiene ni parece que las vaya a tener mañana.

El líder socialista tiene todo que ganar y muy poco que perder con el audaz paso de aceptar el encargo del Rey con solo 90 diputados. Nunca un aspirante a jefe del Ejecutivo ha contado con menos apoyos parlamentarios. Él mismo reconoce que está en una situación muy difícil porque su apuesta es un acuerdo del PSOE con Ciudadanos y Podemos. Algo así como soplar y sorber a la vez porque son antitéticos, uno veta al otro, y el otro veta al uno. El encono entre ambos es tan acérrimo que Pablo Iglesias no quiere negociar nada con Sánchez hasta que deje de hablar con Albert Rivera. En esto de los vetos, la nueva política en nada se distingue de la vieja. El líder de Ciudadanos ofrece una salida, implicar al PP en el acuerdo. Una solución razonable para Rivera porque el grueso de sus votantes procede de la cantera popular. Pablo Iglesias plantea otra, la alianza de toda la izquierda con, al menos, la abstención de los independentistas.

También coherente con el ideario de Podemos. Pero ninguna entra en la aritmética que piensa Sánchez, aunque en ambos casos los números salen. El líder del PSOE, embridado por el Comité Federal de su partido, parece dar prioridad de entrada al acuerdo con Rivera, el discurso de moderación en los últimos días y el perfil mesurado de su equipo negociador así lo sugieren. El portazo de Iglesias a las negociaciones con Sánchez a menos de que rompa con Ciudadanos abona, además, ese entendimiento aunque entre la militancia socialista la preferencia sea otra. El problema es que ese acuerdo, siempre que se alcance, es insuficiente si el PP o Podemos no lo apoyan o se abstienen en la votación, una opción que los dos rechazan.

En el hipotético caso de que Ciudadanos, 40 escaños, apoye al PSOE, algo que aún no ha dicho que hará, sumarían 130 diputados a favor de la investidura de Sánchez. Un apoyo insuficiente si los populares o los parlamentarios de Iglesias no votan en blanco, e incluso en este segundo caso haría falta la abstención de ocho más. Rivera se ha empeñado en conquistar el corazón de Rajoy para que el PP con sus 123 diputados no frustre el acuerdo. Pero el presidente del Gobierno ha sido rotundo en su negativa. Sin miedo Fuentes cercanas al secretario general temen que ante esta tesitura "le ciegue la ambición de ser presidente" y se decante por la opción de Iglesias, siempre que este modere sus demandas y cambie de actitud. "No tengo miedo" a gobernar con Podemos, ha dicho Sánchez, que nunca ha hecho ascos a un acuerdo amplio de la izquierda para desagrado de buena parte de los barones y dirigentes veteranos de su partido. "Está decidido a tragarse cualquier sapo", afirman los críticos dentro de su partido que no se creen aquello de que no está dispuesto a gobernar "a cualquier precio".

La alianza entre los socialistas y Podemos llegaría a los 159 escaños siempre que los aliados autonómicos del partido morado no se desmarquen. Pero en ese caso, Ciudadanos ya ha dicho que votaría en contra, y el PP por supuesto. Sánchez necesitaría además los votos a favor de los seis del PNV, de los dos de IU, el de Coalición Canaria, y las abstenciones de los 17 independentistas catalanes y los dos de Bildu. Todo un encaje de bolillos.

Aunque tampoco parecía fácil en 1996 que José María Aznar pudiera fraguar un acuerdo con los nacionalistas catalanes y vascos, y lo hizo en dos meses. El hecho cierto es que tras la primera ronda de conversaciones, y pese al "esto empieza bien" del candidato, el acuerdo está todavía a una distancia sideral. Sánchez ha pasado de hacer las cuentas de la lechera a toparse con la realidad. Tanto Iglesias como Rivera le han puesto en la disyuntiva de escoger pareja entre ambos sin margen para los tríos. Mariano Rajoy, desde la barrera, le ha dicho a su vez que no cuente con el PP para nada. Sánchez tiene que hacer un cesto sin mimbres. Pero él no lo ve así, y tras la reunión de hoy con el PNV se mostró convencido de que "hay mimbres" para construir "una alianza progresista de cambio". Desde fuera no se ven por ahora.


El escenario que se ha dibujado tras los contactos iniciales juega a favor de los planes del todavía presidente del Gobierno en funciones, que desde el primer momento tras las elecciones apostó por la repetición de los comicios legislativos. Rajoy, según fuentes del PP, no tiene intención de ofrecerse como candidato al Rey para la investidura si el secretario general del PSOE se estrella en su intento de construir una alianza para gobernar. Los populares siguen sin encontrar ningún socio más allá del respaldo pasivo de Ciudadanos, y tampoco se han movido para hallarlo. Habrá investidura Si Sánchez no corona con éxito su misión y Rajoy no acepta ser el candidato, las elecciones serán inevitables. Es, en estos momentos, la alternativa más factible, así lo ven en el PP y lo acepta a regañadientes la mayoría en el PSOE. Sánchez y su círculo más cercano, en cambio, rezuman optimismo por razones que solo él conoce. "Déjeme por lo menos soñar e intentar si puedo formar Gobierno", dijo esta misma semana.

Investidura, desde luego, va a haber porque el secretario general del PSOE se presentará aunque no tenga los votos para superarla. No será un desdoro para su trayectoria política porque Sánchez con solo año y medio largo en el cargo no conoce más que calamidades y miserias internas. En ese debate será el protagonista, deberá medirse con todos sus interlocutores, incluido Rajoy si decide ser el portavoz del PP, y tendrá la oportunidad de mostrar su verdadera talla política.

El líder de los socialistas ha pasado de ir camino del cadalso político tras las elecciones a encaramarse a la mejor de las posiciones. Marca la agenda política, ocupa el centro del tablero parlamentario, marca los tiempos, es el protagonista. "Ahora por fin se nos oye. Hasta ahora si se nos oía, era ruido; ahora tenemos un relato y una estrategia clara", comenta aliviado un dirigente próximo a Sánchez. La más beligerante con el secretario general, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, está ahora decidida a "ayudar, ser respetuosa y dejar que mis compañeros trabajen". El presidente de Castilla-la Mancha, Emiliano García-Page, otrora también crítico, ve ahora a Sánchez "con cara de presidente". Mientras sea el candidato a la investidura nadie va a alzar la voz en el PSOE contra su líder. Incluso si fracasa en la tarea parece difícil que alguien le discuta el liderazgo y la candidatura para las elecciones que tendrán que convocarse. Y si no es así, "la vida sigue", dijo hace unos días, pero habló con la boca pequeña de quien se sabe fuerte.

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