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Una maltratada, pendiente de entrar en prisión por incumplir el régimen de visitas de su hija

  • La mujer insiste en que solo cumple la voluntad de la niña, de 15 años y que no quiere ver a su padre

Una maltratada, a prisión por incumplir el régimen de visitas de su hija

Una maltratada, a prisión por incumplir el régimen de visitas de su hija

María Salmerón declara que espera una decisión de última hora del juez para no ingresar en prisión.

efe
Actualizada 05/02/2016 a las 08:36
  • colpisa. madrid
Hay embrollos jurídicos, errores y luego situaciones kafkianas como la de la sevillana María Salmerón, de 50 años. Mujer víctima de la violencia machista y premiada por el Gobierno el pasado 25 de noviembre por tener el arrojo de contar públicamente su historia de palizas, celos y desamor, este viernes se cumple el último plazo dado para ingresar de forma voluntaria en prisión con una condena a siete meses de cárcel por incumplir el régimen de visitas de su hija, que no quiere ver al maltratador. Su abogado confía en que por un defecto de forma, una errata, en el requerimiento de ingreso en prisión el encarcelamiento se demore mientras llega un indulto que el ministro en funciones Rafael Catalá se comprometió a estudiar el pasado mes de marzo.

La pesadilla que sufre esta auxiliar de Enfermería desde comienzos de 2000 vivió una nueva etapa el pasado 25 de enero, cuando su abogado recibió el requerimiento para ejecutar "voluntariamente" la condena a siete meses de cárcel por impedir a su hija que visitara a su padre. El letrado explicaba ayer que no ha llegado siquiera a recurrir el auto al haber encontrado una errata, ya que " señala que un delito como el que se le imputa a ella tiene una pena de tres meses a tres años de prisión, cuando en realidad es de tres meses a un año". Así, ha pedido una aclaración para, a continuación presentar recursos ante el juzgado y la Audiencia, una estrategia con la que trata de arañar días al calendario esperando que llegue el deseado indulto -solicitado para otra condena por los mismos motivos--.

Aunque no han trascendido los argumentos, la propia Salmerón reconoce que se le acumulan varias sentencias condenatorias por obstaculizar las visitas del progenitor, y que tampoco ha podido pagar las indemnizaciones fijadas a su marido, que alcanzarían los 60.000 euros. El asunto se ha colado incluso en la ronda de negociaciones para formar gobierno: el secretario general del PSOE Pedro Sánchez exigió ayer que esta medida de gracia se produzca cuanto antes, y su secretaria de Igualdad Carmen Montón recordó que Catalá "se comprometió" a ello en relación a una condena de seis meses de cárcel dictada en 2009. "El Consejo de Ministros tienen la oportunidad de evitar que María entre en prisión por haber protegido a su hija", aseveró.

Pese a las sentencias firmes que se le acumulan en contra, Salmerón no tiene dudas de su proceder. "Lo único que he hecho ha sido respetar la decisión de mi hija de no querer ver a su padre". Y es que en cuanto la pequeña cumplió 14 años, lo tuvo claro. No quería ver al progenitor. Su caso se ha convertido en el emblema de las mujeres maltratadas que además tienen un pie en prisión por proteger a sus hijos de un padre violento. Su historia se remonta a 1998, cuando conoció a su marido en un bar de copas.

Aunque celos y las humillaciones se metieron rápido en la relación de la pareja, en el año 2000 se casaron. En un documental María relató cómo esos dos años se convirtieron en un largo historial de palizas, vejaciones y agresiones sexuales, por lo que decidió separarse en 2001. Le concedieron la guardia y custodia del bebé, y un régimen de visitas para el progenitor que éste, según denuncia ella, se empeñó en complicar para poder denunciarla, porque había recurrido la custodia. Fue entonces cuando María planteó la denuncia por malos tratos.

Hasta 2008 no llegó la condena a su expareja a 21 meses de prisión, que nunca ha cumplido pese a las denuncias posteriores por insultos y agresiones, y una orden de alejamiento. El fallo hizo hincapié en la situación de "sometimiento y temor" que sufría María por la actitud "despótica y humillante" que su expareja mostraba de forma constante. Mientras, la niña iba creciendo y haciéndose consciente de lo que ocurría, por lo que se negó a acudir al punto de encuentro establecido para las visitas, lo que le valió a María varias denuncias por incumplimiento e incluso la retirada de la custodia de la menor durante diez meses, que pudo recuperar finalmente. Pero en todo este tiempo no ha podido rehacer su vida o estar tranquila.

Relata que cada semana tiene alguna citación judicial por parte de su expareja, y que sufre el embargo de parte de su nómina para hacer frente a las multas y el pago de las indemnizaciones por las denuncias presentadas por su exmarido, el mismo que deberá asumir la tutela de la adolescente si su madre entra en prisión.

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